Debate caliente

El plan antidroga de Calderón contempla una ayuda norteamericana de 1.000 millones de dólares. Foto: AP

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ES CURIOSO, pero el lugar del mundo donde más se está hablando sobre el Plan Colombia no es la oficina del presidente Álvaro Uribe en la Casa de Nariño ni el despacho en el Capitolio en Washington del poderoso senador demócrata Patrick Leahy, de quien depende la suerte de la iniciativa y que ha suspendido la entrega a Bogotá de 55 millones de dólares mientras se aclaran los supuestos vínculos del general Mario Montoya con los paramilitares. El lugar donde más se habla sobre el Plan Colombia por estos días, quién lo creyera, es México.

Y es que en ese país se ha desatado una monumental polémica por un programa antidroga lanzado en junio por el gobierno del presidente conservador Felipe Calderón, mediante el cual se le ha pedido a Estados Unidos el desembolso de 1.000 millones de dólares según el diario mexicano El Universal. "Es una copia del Plan Colombia", argumentan los críticos del presidente. Y sus subalternos, para defender a Calderón, dicen que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Pero los reproches no cesan. La prensa anda repleta de titulares y de columnas en las que se pone en entredicho la iniciativa creada en 1999 por los entonces presidentes de Estados Unidos y Colombia, Bill Clinton y Andrés Pastrana.

El primer capítulo de todo este embrollo se produjo el 9 de junio, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, que equivale a la Cancillería, expidió un comunicado de prensa con un título largísimo según el cual "la cooperación internacional es necesaria para combatir eficazmente la delincuencia organizada transnacional". El texto empezaba dejando claro que Calderón "está enfrentando con toda la fuerza del Estado a los narcos". De ahí las fuertes ofensivas del ejército a comienzos de año.

Pero más adelante el comunicado contenía frases y teorías que son viejas conocidas para los colombianos. Por ejemplo: "Estados Unidos, en opinión de México, está obligado a asumir una mayor responsabilidad en la tarea de reducir el consumo y combatir a la delincuencia que actúa en su territorio".

El documento también le reclama a cada país que "asuma su parte" y que "actúe en consecuencia en este problema que es común y que sólo puede combatirse con acciones conjuntas", especialmente cuando se calcula que el mercado de las drogas en Estados Unidos mueve casi 90.000 millones de dólares al año. Si esa no es la tesis de la responsabilidad compartida, inventada en tiempos de Pastrana y que el vicepresidente Francisco Santos tanto machaca en sus viajes al exterior, ¿qué es entonces?

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