Julio 13 de 2007

Debate caliente

La intención del Gobierno de avalar una especie de Plan Colombia tiene a México sumido en una dura polémica.

ES CURIOSO, pero el lugar del mundo donde más se está hablando sobre el Plan Colombia no es la oficina del presidente Álvaro Uribe en la Casa de Nariño ni el despacho en el Capitolio en Washington del poderoso senador demócrata Patrick Leahy, de quien depende la suerte de la iniciativa y que ha suspendido la entrega a Bogotá de 55 millones de dólares mientras se aclaran los supuestos vínculos del general Mario Montoya con los paramilitares. El lugar donde más se habla sobre el Plan Colombia por estos días, quién lo creyera, es México.

Y es que en ese país se ha desatado una monumental polémica por un programa antidroga lanzado en junio por el gobierno del presidente conservador Felipe Calderón, mediante el cual se le ha pedido a Estados Unidos el desembolso de 1.000 millones de dólares según el diario mexicano El Universal. "Es una copia del Plan Colombia", argumentan los críticos del presidente. Y sus subalternos, para defender a Calderón, dicen que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Pero los reproches no cesan. La prensa anda repleta de titulares y de columnas en las que se pone en entredicho la iniciativa creada en 1999 por los entonces presidentes de Estados Unidos y Colombia, Bill Clinton y Andrés Pastrana.

El primer capítulo de todo este embrollo se produjo el 9 de junio, cuando la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, que equivale a la Cancillería, expidió un comunicado de prensa con un título largísimo según el cual "la cooperación internacional es necesaria para combatir eficazmente la delincuencia organizada transnacional". El texto empezaba dejando claro que Calderón "está enfrentando con toda la fuerza del Estado a los narcos". De ahí las fuertes ofensivas del ejército a comienzos de año.

Pero más adelante el comunicado contenía frases y teorías que son viejas conocidas para los colombianos. Por ejemplo: "Estados Unidos, en opinión de México, está obligado a asumir una mayor responsabilidad en la tarea de reducir el consumo y combatir a la delincuencia que actúa en su territorio".

El documento también le reclama a cada país que "asuma su parte" y que "actúe en consecuencia en este problema que es común y que sólo puede combatirse con acciones conjuntas", especialmente cuando se calcula que el mercado de las drogas en Estados Unidos mueve casi 90.000 millones de dólares al año. Si esa no es la tesis de la responsabilidad compartida, inventada en tiempos de Pastrana y que el vicepresidente Francisco Santos tanto machaca en sus viajes al exterior, ¿qué es entonces?

Veinticuatro horas después de que el comunicado viera la luz, El Universal afirmó que la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, admitió en Washington que Estados Unidos "está favorablemente inclinado" a acoger las propuestas de cooperación formuladas por México, y confesó que la situación de ese país es "distinta a la colombiana". Al mismo tiempo, Silvestre Reyes, un congresista demócrata por el estado de Texas que preside el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, ratificó lo que se sospechaba: "Respecto a repetir un Plan Colombia con México, sí nos han pedido asistencia a ese nivel".

Con tantas cartas sobre la mesa, la prensa empezó a desenterrar la historia. El diario mexicano La Jornada contó cómo las primeras puntadas de la iniciativa las dieron el procurador general Eduardo Medina Mora y el zar antidrogas estadounidense John Walters en una reunión que sostuvieron en Washington el 27 de abril. Y el periódico Milenio reconfirmó todo en una entrevista con el embajador de México ante la Casa Blanca, el elocuente Arturo Sarukhán, cuando dijo que "aunque no hemos hablado de un Plan Colombia, el gobierno calderonista sí inició negociaciones con el vecino país del norte para elevar la cooperación contra el crimen organizado". No es raro. La lucha contra las drogas ha sido una de las banderas de Calderón desde su posesión en diciembre.

Pero la prensa mexicana no ha tragado entero. Los editoriales miran de reojo los resultados del programa de Pastrana y Clinton, y algunos rotativos, como El Financiero, han reproducido informes como el de Argenpress titulado Triste fracaso del Plan Colombia, que señala que al cabo de todo este tiempo el balance en el país es el siguiente: "Casi 10.000 colombianos víctimas de desapariciones forzadas, masacres y asesinatos selectivos, déficit de vivienda de 2,5 millones y más de seis millones de colombianos sin posibilidad de acceso a la salud". Además, han puesto en duda la efectividad de las fumigaciones.

Aún falta saber cuál será el destino  del programa en el que Calderón piensa embarcarse. Pero no le será fácil sacar adelante la propuesta. Primero, porque México cuida con celo su política interna, y porque a los mexicanos no les gusta que se les metan al rancho, menos aún los ciudadanos del Tío Sam. Segundo, porque la oposición del Partido Revolucionario Democrático (PRD) lo tiene entre ojos. Y tercero porque, si bien el Plan Colombia ha tenido fallas, algunos editorialistas mexicanos ignoran que la parte buena fue la derrota de los grandes carteles de la droga en su intención de tomarse el poder.

LA DEFENSA DE OSORIO

El embajador colombiano Luis Camilo Osorio no se ha quedado en silencio ante la avalancha de críticas que le ha llovido en México al Plan Colombia. "La cooperación militar se hace con base en el respeto mutuo de soberanía y del ejercicio de cada quién en el poder, simplemente con la posibilidad de reforzar los equipos técnicos", dijo a mediados de junio.

Pero además expresó que "no hay que tenerle miedo" a la cooperación militar con Estados Unidos, según informó El Universal, y tampoco "a la intervención del ejército de cada país en la lucha contra el narcotráfico". El ex fiscal Osorio habló al anunciar la presencia en México, para celebrar la fiesta de la Independencia de Colombia, de los ministros de Defensa y Justicia, Juan Manuel Santos y Carlos Holguín Sardi.

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