Lunes de terror

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Pocas veces la sociedad estadounidense había sufrido un sacudón como el de la semana pasada. La muerte de 32 personas en el amplio campus de la Universidad de Virginia Tech, a manos del surcoreano Cho Seung-hui, no sólo sembró el terror en todo el país, sino que revivió el debate sobre si debe permitirse o no el acceso de los ciudadanos a las armas.

La tragedia se produjo el lunes 16 de abril pasadas las 7:00 a.m. Cho se dirigió al West Ambler Johnston Hall, una edificación de dormitorios estudiantiles, y cuando tuvo en frente a Emily Hilscher, una joven de 19 años, la asesinó. Hizo lo mismo cuando se cruzó con Ryan Clark, miembro de la banda de la Universidad.

Con dos muertos encima, desapareció. La policía encargada de custodiar el centro educativo descubrió los cadáveres y se dio a la tarea de buscar al novio de Emily, porque sospechaban que se trataba un crimen pasional. Encontraron al muchacho, lo sometieron a un duro interrogatorio, pero él insistió en que era inocente, que había dejado a su novia sana y salva la noche anterior.

Entre tanto, Cho se preparaba para lo peor. Armado con dos pistolas automáticas, una Glock de nueve milímetros y una Walther calibre .22, atravesó la plazoleta central del campus y se dirigió al Norris Hall, donde hay salones de clase, cerró las puertas con cadenas y fue asesinando uno a uno a varios estudiantes y profesores. "Estaba muy serio y con el rostro en calma", dijo Trey Perkins, un estudiante que sobrevivió gracias a que su profesor, Liviu Librescu, un sobreviviente de la II Guerra Mundial, bloqueó con su cuerpo la puerta del salón mientras los alumnos huían por la ventana. Librescu no logró salir con vida. Al poco tiempo, la policía se hizo presente. El joven asesino se pegó un tiro.

Luego empezaron a conocerse detalles de la personalidad de Cho. "Era solitario y muy callado", señaló Karan Grewal, uno de sus cinco compañeros de apartamento. Había escrito cuentos macabros que aterrorizaron a estudiantes de la clase de Literatura, lo que llevó a la profesora a recomendarle ayuda profesional. También se descubrió que en 2005, dos muchachas estudiantes se quejaron de que Cho las acosaba sexualmente, razón por la cual una corte de distrito dictaminó que el joven estaba mentalmente perturbado y que era "potencialmente peligroso".

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