Abril 20 de 2007

Lunes de terror

La masacre en Virginia Tech revive el debate sobre si debería o no prohibirse la venta de armas en Estados Unidos.

Pocas veces la sociedad estadounidense había sufrido un sacudón como el de la semana pasada. La muerte de 32 personas en el amplio campus de la Universidad de Virginia Tech, a manos del surcoreano Cho Seung-hui, no sólo sembró el terror en todo el país, sino que revivió el debate sobre si debe permitirse o no el acceso de los ciudadanos a las armas.

La tragedia se produjo el lunes 16 de abril pasadas las 7:00 a.m. Cho se dirigió al West Ambler Johnston Hall, una edificación de dormitorios estudiantiles, y cuando tuvo en frente a Emily Hilscher, una joven de 19 años, la asesinó. Hizo lo mismo cuando se cruzó con Ryan Clark, miembro de la banda de la Universidad.

Con dos muertos encima, desapareció. La policía encargada de custodiar el centro educativo descubrió los cadáveres y se dio a la tarea de buscar al novio de Emily, porque sospechaban que se trataba un crimen pasional. Encontraron al muchacho, lo sometieron a un duro interrogatorio, pero él insistió en que era inocente, que había dejado a su novia sana y salva la noche anterior.

Entre tanto, Cho se preparaba para lo peor. Armado con dos pistolas automáticas, una Glock de nueve milímetros y una Walther calibre .22, atravesó la plazoleta central del campus y se dirigió al Norris Hall, donde hay salones de clase, cerró las puertas con cadenas y fue asesinando uno a uno a varios estudiantes y profesores. "Estaba muy serio y con el rostro en calma", dijo Trey Perkins, un estudiante que sobrevivió gracias a que su profesor, Liviu Librescu, un sobreviviente de la II Guerra Mundial, bloqueó con su cuerpo la puerta del salón mientras los alumnos huían por la ventana. Librescu no logró salir con vida. Al poco tiempo, la policía se hizo presente. El joven asesino se pegó un tiro.

Luego empezaron a conocerse detalles de la personalidad de Cho. "Era solitario y muy callado", señaló Karan Grewal, uno de sus cinco compañeros de apartamento. Había escrito cuentos macabros que aterrorizaron a estudiantes de la clase de Literatura, lo que llevó a la profesora a recomendarle ayuda profesional. También se descubrió que en 2005, dos muchachas estudiantes se quejaron de que Cho las acosaba sexualmente, razón por la cual una corte de distrito dictaminó que el joven estaba mentalmente perturbado y que era "potencialmente peligroso".

Además del horror de la masacre, fue escalofriante ver el video que el propio Cho envió a la NBC en Nueva York, en el lapso comprendido entre las dos matanzas. Se le ve con el pelo corto, armado y desafiante, diciendo cosas como "ustedes me obligaron a hacer esto" y atacando  a "jóvenes adinerados". Cho era hijo de una familia de clase media, dueña de una lavandería. Estaba desquiciado.

El trastorno mental es sólo uno de los ingredientes que llevaron a Cho al asesinato de 32 personas y a su suicido. Otro de ellos tiene que ver con el fácil acceso que tuvo a las dos pistolas con las que llevó a cabo su macabro plan. Las compró sin problema en un almacén cercana a la Universidad el 9 de febrero y el 16 de marzo, porque la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, garantiza a los ciudadanos el derecho a portar y conseguir armas.

No obstante múltiples iniciativas para derogarla, ha podido más el lobby de la National Rifle Association, NRA, que ha financiado campañas de varios congresistas. En Estados Unidos hay más de 240 millones de pistolas, una cantidad superior al número de personas adultas y, según las estadísticas, desde los años 60 han muerto más estadounidenses en su propio país por armas de fuego, que en guerras en el exterior. En 2005, por ejemplo, hubo 15.000 homicidios y más de 16.000 suicidios.

Sin el fácil acceso a las armas, no habría tantos muertos, aseguran los expertos. Sin embargo, masacres como la de Chao no han conmovido a los políticos, como lo denunció The New York Times en su editorial del jueves pasado. Ni siquiera los demócratas se han atrevido a proponer la prohibición de la venta de armas porque temen perder votos y echarse encima a la poderosa NRA. Parecen preferir los votos que disminuir el riesgo de muerte por el fácil acceso a las armas. Una verdadera atrocidad.

Otras masacres

La masacre de Virginia Tech es la peor de la historia reciente de Estados Unidos y una más de una larga serie. Hasta ahora, la más conocida era la de Columbine, un colegio de bachillerato en Littleton, Colorado, donde en abril de 1999, aniversario de la muerte de Hitler, fueron asesinados 12 estudiantes por dos adolescentes de 17 y 16 años. La matanza le sirvió a Michael Moore para hacer un documental que le dio la vuelta al mundo.

Otra de las peores ocurrió en octubre de 1991 en Pillen, Texas, cuando un hombre entró prácticamente en carro a una cafetería, mató a 23 personas y se suicidó.

En agosto de 1966, un hombres asesinó a 15 personas en el campus de la Universidad de Texas. Había sido, hasta la masacre en Viginia Tech, la más sangrienta ocurrida en un centro educativo. 
 

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