LA GUERRA EN IRAQ se ha convertido en una tragedia griega. El lunes de la semana pasada se cumplieron cuatro años de conflicto, y todo sigue igual, o aun peor. Lo más grave es que nadie sabe cuál es la solución. El aumento del número de soldados que quiere el presidente de Estados Unidos, George W. Bush no parece ser la salida, pero tampoco una retirada como la que sugiere en Washington la oposición demócrata.
Las estadísticas juegan en contra de Bush y, tal como afirmó la periodista y escritora Karen DeYoung en The Washington Post, "han sustituido, como forma de medir el éxito, al territorio conquistado". Según ella, los años se han encargado de mostrar que el entonces secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, estaba equivocado cuando dijo que los números son sólo eso y sirven para ocultar la verdad.
Y es que la estadística es terrible. Hasta el 19 de este mes, cuando la guerra entró en su quinto año, el ejército estadounidense informó que en Iraq habían muerto 3.197 de sus soldados. Pero, ¿cuántos civiles habían perdido la vida hasta entonces? Nadie lo sabe. Hay quienes hablan de 50.000 y hay otros, como la revista científica británica The Lancet, que asegura que hasta octubre del año pasado unas 600.000 personas habían encontrado la muerte en Iraq.
Aunque es muy pronto para hacer un balance sobre la guerra, es posible sacar al menos un par de conclusiones. La primera es que aunque la decisión de deponer a Saddam Hussein pudo haber sido correcta, la manera de llevarla a cabo fue un error. Estados Unidos debió haber contado con el respaldo de sus aliados europeos y con la autorización de las Naciones Unidas. No haberlo hecho le ha costado mucho.
La segunda conclusión es que la incursión de Estados Unidos en Iraq, lejos de ayudar a la paz, tiene al Oriente Medio ardiendo en llamas. No solamente no se ha resuelto el conflicto árabe-israelí, sino que los potenciales terroristas suicidas han aumentado en cantidad por culpa de las equivocaciones de Bush y Rumsfeld. El lío es que ahora, metido hasta las cejas en Iraq, Estados Unidos no puede salir corriendo. Si lo hace, propiciaría una guerra civil y, como dijo el editorial del Post, "empeoraría una mala situación". La alternativa es reducir paulatinamente sus fuerzas y lograr, a base de diplomacia, que las distintas facciones iraquíes lleguen a un acuerdo sobre cómo dejar de matarse.