La condena contra el ex jefe de gabinete de Dick Cheney pone en aprietos a Bush y al Partido Republicano.
EL MARTES DE LA SEMANA PASADA no fue un gran día para George W. Bush. Esa mañana, el presidente de Estados Unidos se enteró de que una corte de Washington acababa de condenar a Lewis Scooter Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, por haber cometido los delitos de perjurio, obstrucción a la Justicia y falso testimonio. Semejante sentencia era un golpe letal a un Gobierno que va de salida y que está altamente desprestigiado.
El fallo contra Libby tiene que ver con un famoso caso que se remonta a 2003. Ese año, durante su discurso del Estado de la Unión, Bush afirmó que, según informes de inteligencia británicos,
Saddam Hussein había tratado de comprarle uranio a Níger para montar un programa de armas nucleares. Para confirmar la versión, y sobre todo para conseguir un argumento que le permitiera invadir a Iraq, el Presidente envió como embajador a Níger a Joseph Wilson.
Pero le salió el tiro por la culata. En lugar de respaldar el informe británico y la versión de Bush, Wilson publicó una columna en The New York Times en la que aseguró que durante su estancia en Níger jamás encontró pruebas de lo que decían Londres y la Casa Blanca. "Están exagerando la amenaza iraquí", concluyó.
Lo curioso del tema es que el 14 de julio de 2003, el columnista de derecha Robert Novak anunció en The Washington Post que la esposa de Wilson, Valerie Plame, era agente de la CIA.
Era una venganza del Gobierno con Wilson, entre otras porque revelar la identidad de un agente de la CIA es delito federal en Estados Unidos. Iniciada luego una investigación, los fiscales interrogaron a Libby, quien dijo que había conocido la verdad sobre el trabajo Valerie Plame por boca de dos periodistas: Matthew Cooper de Time y Tim Russert de NBC News. El lío es que no sólo ambos negaron la versión sino que otros involucrados señalaron que fue Libby quien les contó de la identidad de Plame.
La pena para Libby se conocerá el 5 de junio. Los expertos calculan que puede ser condenado a dos años de cárcel y a una multa de hasta un millón de dólares, aunque sus abogados indicaron que apelarán el fallo. Más allá de todo eso, Cheney ha quedado más expuesto a las críticas, y la oposición demócrata, representada por el senador Harry Reid, le ha pedido a Bush que "no perdone a Libby por esta conducta criminal". Si lo hace, los republicanos habrán perdido puntos valiosos si quieren continuar en el poder después de las elecciones del año entrante.