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HUGO CHÁVEZ SIGUE haciendo enemigos. Ya no es sólo el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a quien llamó "diablo" en las Naciones Unidas y a quien califica de "Mr. Danger" ("Señor Peligro") cada vez que puede. Tampoco es Vicente Fox, ex presidente mexicano, con quien se batió en varios duelos verbales. Ahora la emprendió contra un premio Nobel de la Paz: el presidente de Costa Rica, Óscar Arias.
La disputa empezó el 1 de febrero y -hay que decirlo- fue Arias el que tiró la primera piedra. Por aquellos días, la Asamblea Nacional de Venezuela, controlada en un 100% por congresistas partidarios de Chávez, acababa de aprobar una serie de poderes especiales mediante los cuales el Jefe del Estado podía gobernar por decreto durante año y medio. "Eso es una negación de la democracia", afirmó Arias en una entrevista radial. En esto no estaba solo. Incluso un editorial de The New York Times alertó sobre el peligro de una medida de tales características.
La declaración de Arias le cayó fatal a Chávez que, como era lógico, arremetió contra el presidente costarricense acusándolo de ser un títere de la Casa Blanca. "Algunos hablan para que los aplaudan en Washington y para que los inviten a un rancho en Texas", afirmó en alusión a la casa de recreo que Bush tiene en la localidad de Crawford.
La reacción no se hizo esperar. "Costa Rica rechaza, por improcedentes, las declaraciones hechas por el presidente Chávez. Somos un país que se vanagloria de una política exterior independiente", respondió el ministro tico de Relaciones Exteriores, Bruno Stagno.
Más que bulla
Pero el asunto no se quedó de ese tamaño. Pocos días más tarde, Venezuela dio una noticia inquietante para Costa Rica: el cierre de Alunasa, una compañía de aluminio, filial de la Corporación Venezolana de Guayana, que funciona en Esparza, en el Pacífico Central costarricense, 100 kilómetros al occidente de San José, la capital, y donde trabajan 400 personas que le dan sustento a un total de 2.500.