Febrero 9 de 2007

A la carga

Un obispo rebelde, admirador de Hugo Chávez, va camino de convertirse en el nuevo presidente del Paraguay.

DIOS LOS CRÍA y ellos se juntan. La expresión viene como anillo al dedo a la identidad política que une a Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. Porque el caso no es que los presidentes de Venezuela y Bolivia, Ecuador y Nicaragua tengan puntos de vista semejante. El tema es que si hoy  los mosqueteros son cuatro, el año entrante puede que sean cinco si los ciudadanos de Paraguay votan por el hombre que encabeza los sondeos: el ex obispo de 55 años Fernando Lugo.

Lugo lanzó su candidatura la pasada Navidad. "Pido al pueblo que ejerza con coraje su condición de soberano y que se sume sin temor a esta gran cruzada para limpiar a la República de esta maleza perversa que la condenó a esta lamentable situación de abandono", dijo entonces tras anunciar su retiro de la Iglesia Católica. Sus palabras fueron acogidas con entusiasmo. La gente lo adora. No en vano reunió 55.000 personas el año pasado en una manifestación contra los corruptos. Eso, en un país de 6,4 millones de habitantes, pesa mucho.

Fernando Lugo fundó un movimiento llamado Teko Joja, que en lengua guaraní quiere decir "igualdad y justicia", pero ha convocado a buena parte de los grupos de oposición como el partido liberal y Patria Querida. Para nadie es un secreto que si gana las elecciones de abril de 2008 impulsará una reforma agraria. Como obispo de la ciudad de San Pedro, en el norte del país, luchó hombro con hombro junto a los campesinos.

Semejante cosa no es del agrado de los empresarios y los terratenientes. Según le dijo a la BBC Alberto Soljansic, presidente de la Asociación Rural, Lugo fomentó en San Pedro muchas invasiones de tierras. Otros líderes gremiales afirman que la campaña de Lugo sería financiada por Hugo Chávez.

La candidatura de Lugo le sentó mal a la Iglesia Católica. El Vaticano le recordó que como obispo no puede hacer política, y el papa Benedicto XVI lo suspendió hace 10 días de sus funciones. Pero a Lugo no le importó. Al fin y al cabo, 200.000 personas han apoyado por escrito su candidatura y tiene claro que, como las leyes paraguayas prohíben que un sacerdote ocupe la presidencia, no le queda otro camino que renunciar a su fuero.  

 

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