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El martes de la semana pasada, los chilenos se fueron a dormir estremecidos luego de escuchar la denuncia. La había hecho ese mismo día el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle al asegurar que su padre, que también se llamaba Eduardo y que también fue presidente, no murió por una septicemia sino como consecuencia de un asesinato.
El anuncio de Frei Ruiz-Tagle, que ocupó la presidencia entre 1994 y 2000, fue impactante. Aludiendo a su padre, afirmó: "Él lo dijo en los años 50: 'La verdad tiene su hora'. La hora de la verdad de Eduardo Frei Montalva ha llegado, y es una verdad cruda y brutal. Eduardo Frei fue asesinado".
Aunque no hay nombres y apellidos de los presuntos culpables, la familia Frei lo dejó claro en la querella que presentó poco después, donde sindica a ciertos elementos vinculados a los servicios de inteligencia que funcionaban cuando se produjo el fallecimiento de Frei Montalva, el 22 de enero de 1982.
¿Qué significa eso? Que quienes se cobraron la vida de Frei Montalva, que ocupó la presidencia entre 1964 y 1970, no fueron otros que algunos agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, la temible DINA que torturó y desapareció a miles de personas durante el régimen militar de Augusto Pinochet.
La versión puede tener fundamento. Si bien Frei Montalva llegó a justificar el golpe dado en 1973 por Pinochet contra el jefe del Estado constitucional Salvador Allende con la tesis de que había evitado el caos y precipitaría el pronto regreso a la democracia, en 1980 el ex presidente se convirtió en un serio crítico del dictador.