Enero 27 de 2007

La hora de la verdad

Veinticinco años después de la muerte de su padre, el ex presidente Eduardo Frei denuncia que fue asesinado.

El martes de la semana pasada, los chilenos se fueron a dormir estremecidos luego de escuchar la denuncia. La había hecho ese mismo día el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle al asegurar que su padre, que también se llamaba Eduardo y que también fue presidente, no murió por una septicemia sino como consecuencia de un asesinato.

El anuncio de Frei Ruiz-Tagle, que ocupó la presidencia entre 1994 y 2000, fue impactante. Aludiendo a su padre, afirmó: "Él lo dijo en los años 50: 'La verdad tiene su hora'. La hora de la verdad de Eduardo Frei Montalva ha llegado, y es una verdad cruda y brutal. Eduardo Frei fue asesinado".

Aunque no hay nombres y apellidos de los presuntos culpables, la familia Frei lo dejó claro en la querella que presentó poco después, donde sindica a ciertos elementos vinculados a los servicios de inteligencia que funcionaban cuando se produjo el fallecimiento de Frei Montalva, el 22 de enero de 1982.

¿Qué significa eso? Que quienes se cobraron la vida de Frei Montalva, que ocupó la presidencia entre 1964 y 1970, no fueron otros que algunos agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, la temible DINA que torturó y desapareció a miles de personas durante el régimen militar de Augusto Pinochet.

La versión puede tener fundamento. Si bien Frei Montalva llegó a justificar el golpe dado en 1973 por Pinochet contra el jefe del Estado constitucional Salvador Allende con la tesis de que había evitado el caos y precipitaría el pronto regreso a la democracia, en 1980 el ex presidente se convirtió en un serio crítico del dictador.

El que la familia Frei haya puesto la denuncia 25 años después de la muerte se debe a que un informe científico de la Universidad de Gante señala que en el cadáver hay rastros de gas mostaza, un arma que empezó a usarse en la Primera Guerra Mundial. Eso excluiría la tesis de que Frei murió de una infección tras una operación por problemas gástricos.

La sospecha de que el régimen militar fue el culpable viene de tiempo atrás. "Tenemos dudas por la muerte de mi padre", dijo la senadora Carmen Frei hace cinco años, que seguramente tomaba como base la historia de Eugenio Berrío, experto en armas químicas que trabajó para la DINA.

La historia se remontaba a 1991, cuando los jueces llamaron a declarar a un grupo de agentes de inteligencia a propósito del asesinato en Washington del ex canciller Orlando Letelier. En ese momento Berrío se marchó calladamente a Uruguay. Volvió a saberse de él cuatro años después, cuando su cuerpo sin vida fue hallado en una playa de ese país.

El caso parece una novela de misterio, como las de Sherlock Holmes. Con la gran diferencia de que fue un drama de la vida real.

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