Carmelo Pérez nunca más tendrá que meterse la mano al bolsillo para poder tomarse un vaso de agua. "Me tocaba reservar 4 mil pesos diarios para comprar un botellón porque el agua de aquí no se puede consumir", dice este cartagenero que desde hace 31 años vive en San Andrés. Como él, otras 450 personas se benefician hoy de un proyecto de recolección de aguas lluvias que busca suplir la necesidad de agua potable en la isla. El sistema, que apenas se encuentra en su fase inicial, se instaló en tres barrios y la idea es que a futuro se fusione con el sistema de reutilización de aguas residuales que ya funciona en otras cuatro zonas.
La propuesta surge como salvavidas para los sanandresanos en caso de que el calentamiento global provoque una escasez de agua dentro de 50 años y la idea es que todo el departamento ponga en funcionamiento el sistema: recoger aguas lluvias y almacenarlas en pozos subterráneos para usarlas cuando se necesite y así no agotar la fuente natural con la que actualmente cuenta el archipiélago.
El proyecto de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Coralina, ya está en marcha. Estas familias tienen hoy el primer acueducto ecológico de Colombia, que se activa cada vez que llueve y después de un proceso químico el líquido se puede utilizar para el consumo humano en una zona en la que la cobertura de los servicios de alcantarillado y acueducto apenas satisface al 30 por ciento de la población.
Por eso, con capital aportado por Coralina y la mano de obra de la comunidad se instalaron tres sistemas de recolección de aguas lluvias en Fig Tree, Ciudad Paraíso y Tom Hooker; y cuatro de tratamiento descentralizado de aguas residuales en Sally Taylor, Ground Road, Ciudad Paraíso y Bottom House, todos ellos administrados por las juntas de acción comunal de cada barrio. "Como el agua está procesada, la valoramos mucho y solo la usamos para tomar y cocinar", dice Hortensia Gordon, líder de Fig Tree, uno de los barrios que ya goza del servicio de agua potable las 24 horas del día.
La adecuación de cada vivienda tuvo un costo de 5 millones de pesos y a aquellas que fueron acondicionadas para almacenar agua se les instalaron tuberías que transportan el líquido desde el techo de la casa hasta un tanque subterráneo que tiene capacidad para almacenar 10.000 litros. A su vez, el agua sobrante es depositada en una cisterna comunitaria, con capacidad para 50.000 litros, que sirve como reserva cuando la temporada de lluvias termina.
En Ciudad Paraíso, además de este sistema, se puso en marcha el proyecto de tratamiento de aguas residuales para el desarrollo de actividades como la jardinería, la infiltración en zonas verdes y la recarga del acuífero (fuente primaria de agua de la isla) en 25 casas. El sistema está compuesto por un tanque séptico de 8.000 litros donde se deposita el agua contaminada, que luego es transportada a la tierra cultivada a través de zanjas que permiten que haya un riego constante, mientras que un sistema interconectado de tubos conduce el resto para el relleno del acuífero.
Cada proyecto por sí solo ha mejorado la calidad de vida de las 115 familias que Coralina seleccionó para llevar a cabo la prueba piloto de estos dos sistemas. Sin embargo, los beneficios van más allá del mejoramiento de las condiciones sanitarias y en próximos años los efectos favorables se verán en la mejora del medio ambiente con la reducción de la carga contaminante del ecosistema.
Elizabeth Taylor, directora de la Corporación Coralina, dijo que ya no es una buena alternativa la excavación de pozos para sacar el agua dulce que se almacena bajo el subsuelo porque, a pesar de ser por mucho tiempo la principal fuente de abastecimiento de San Andrés (el 82 por ciento), la calidad de estas aguas no es la mejor y solo el 1,0 por ciento es potable.
Según un informe de esta Corporación, el uso de la mano de obra de la propia comunidad redujo los costos de construcción y sirvió, además, como estrategia pedagógica para crear conciencia sobre la importancia del buen uso del agua ante el peligro de escasez que habrá a futuro como consecuencia del cambio climático. Así, San Andrés es el primer departamento de Colombia en realizar un proyecto de abastecimiento de agua autosostenible para hacerle frente a esta amenaza que ya se encuentra casi que a la vuelta de la esquina.