PETRONA MESA ESTABA sentada en la sala cuando las olas reventaron con furia contra las paredes de la casa. "De inmediato entendí que el mar me quería fuera de su territorio", dice. Fue el 15 de marzo de 2006, el mar de leva despertó a Santander de la Cruz, un corregimiento costero del municipio de Moñitos, Córdoba. Embravecido, el mar se llevó 13 casas. El cementerio corrió la misma suerte y debió ser trasladado con sus muertos a tres kilómetros de la playa, en lo más alto del pueblo. De sus 850 habitantes, 34 quedaron en la miseria.
No era la primera vez que el mar invadía el pueblo, pero sí la primera vez en ocho años, desde cuando el oleaje empezó a erosionar el acantilado, que dejaba a familias sin techo. Tuvieron que armar sus casas lejos de la orilla. "Nunca me imaginé estar tan lejos de la playa", dice José Rocha, quien vivió 39 años cerca del mar y hoy 500 metros lo separan de él.
Casos como el de Santander de la Cruz son comunes a lo largo de la Costa Caribe. Según un estudio reciente del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, Invemar, 106 poblaciones de los 25 municipios costeros presentan graves problemas de erosión por la invasión del mar. Los daños van desde casas, calles y playas inundadas y desaparecidas, hasta retroceso de acantilados, poblaciones desplazadas y sedimentación de las bocas de los ríos que dificultan la navegación. De los 512 kilómetros con problemas de erosión, solo 86 zonas tienen obras de protección.
La erosión costera se relaciona con factores naturales como el desgaste de las capas geológicas, el golpeteo de las olas contra la base de los acantilados y las tormentas tropicales que causan mar de leva, pero la mano del hombre ha causado los daños más graves. La gente desconoce las necesidades del mar para llegar y retirarse de la costa normalmente. "La construcción indiscriminada de casas y edificios muy cerca de la orilla, incluso dentro de los 50 metros prohibidos por la Dirección General Marítima, produce cambios en los movimientos de la brisa, de las olas y de la arena y eso intensifica la erosión", dice la geóloga Blanca Posada, coautora de la investigación.
De la misma manera, la extracción de arena y piedras de las playas y riberas de los ríos ocasiona gran pérdida de material que sirve de sedimento para la formación de playas, y la tala incontrolada de mangle contribuye a este proceso, porque elimina la resistencia de las raíces contra la fuerza de las olas y su capacidad para retener sedimentos.
En peligro
El riesgo de desaparecer que corren estos pueblos es grande, pues los municipios carecen de los recursos necesarios para hacerle frente. "Resulta imposible cuando el presupuesto es corto y hay que atender problemas de salud y educación", dice el alcalde de Moñitos, José Hernández.
La viceministra de Medio Ambiente, Claudia Mora, es consciente de que la "operación de salvamento" no solo es costosa y demorada, sino que la solución no es la misma para toda la costa porque cada playa experimenta un proceso erosivo particular según las condiciones del terreno. Sostiene, sin embargo, que hay mecanismos para obtener los recursos siempre y cuando las alcaldías, gobernaciones, corporaciones regionales, Gobierno y el sector hotelero cooperen y estén dispuestas a meterse la mano al bolsillo.
Solo dos poblaciones, Costa Verde en el Magdalena y Punta Arboletes en Antioquia, están siendo intervenidas. De resto, los habitantes de las zonas en riesgo se sienten abandonados por el Estado. El Alcalde de Moñitos se queja por la falta de ayuda del Gobierno: "En Bogotá están convencidos de que los problemas que tienen allá son los mismos que tiene todo el país", dice.
No existen programas de monitoreo para conocer la dinámica costera y por eso las estructuras de contención que se construyen resultan ineficaces y más dañinas que la acción del mar. Por ejemplo, en Puerto Escondido, Córdoba, la construcción de un espolón no pudo mitigar el golpeteo de las olas contra los acantilados y causó su derrumbe. Errores como este se multiplican por la falsa creencia de que esa es la única solución, cuando rompeolas, muelles y muros de contención pueden ser mejores soluciones en muchos casos.
También es posible aprovechar los recurso naturales para no hacer obras invasivas que son soluciones temporales. "El relleno de playas, la conservación y siembra de mangles, además de la protección de la base de los acantilados son alternativas de solución -asegura Posada-. Pero la gente no le pone mucho cuidado". Y no le pone cuidado porque carece de información y porque no ha sido educada para proteger el medio ambiente. Aparte de atención directa, hacen falta campañas para que la gente aprenda a cuidar su entorno, porque muchas de sus acciones, sin saberlo, resultan dañinas e irreversibles.
71% DE LAS ESTRUCTURAS de contención construidas en las playas colombianas, para evitar desastres naturales, son espolones o malecones.