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Un ejemplo claro es de la meseta de Bucaramanga. La CAR de Santander no cobra a las concesiones de caudales menores de 10 litros por segundo, que son todos. Otro es el de San Andrés, donde la explotación de aguas subterráneas usadas por el sector hotelero sobrepasa los 67.000 metros cúbicos al mes y por ello solo pagan 370.000 pesos, cuando el mantenimiento de una sola cuenca supera los 30,5 millones de pesos. "Es un exabrupto -señala el ambientalista Jairo Hernández-. No hay derecho a que unos pocos saquen provecho de unos caudales que son de todos los colombianos y que fuera de eso paguen valores ínfimos que impiden su recuperación".
Para rematar, el informe señala que hay avivatos que se aprovechan de lo genérico del término "usos domésticos" y por eso hay hoteles, condominios, fábricas de alimentos y hasta lavaderos de carros que explotan aguas subterráneas como si fueran de uso doméstico, cuando por su razón social deberían tener licencia y pagar por ello.
El agua puede agotarse y preocupa que las autoridades ambientales no hayan tomado medidas drásticas para proteger y controlar las reservas, que empiezan a mostrar saldo negativo. Más lamentable aun es la falta de una política para el manejo integral del agua que garantice su sostenibilidad. Que no se sorprendan los colombianos, tan indiferentes al cuidado y protección de los recursos naturales, que en pocos años deban pagar por un litro de agua dos veces más de lo que pagan por uno de gasolina.