Con canciones, himnos, lamentos, hacen duelo los sobrevivientes de las más inmundas masacres colombianas. Letras rimadas de gente que muchas veces apenas sabe leer, vienen en aumento en las zonas de mayor conflicto armado, como un recurso literario, quién lo pensara, para enfrentar el dolor y la insensatez de los violentos.
En todas ellas se muestra impotencia ante un enemigo que mata, sin alguna explicación, y que enseguida se larga sin más, luego de hacer su "juego", como les grita una canción a los asesinos de sus familiares. Hay indignación, desconfianza, desespero... Estos cantores evocan a sus seres queridos que fueron acribillados y, a su vez, sienten que pueden ser la próxima víctima. "Muerte y desplazamiento obligado" repiten como estribillo.
Las ciudades, lejanas ellas, brillan como alguna esperanza, pero también les han contado que allá tampoco logran establecerse. Han perdido su hogar. Añoran profesores para sus hijos, vecinos, amigos. Su mundo afectivo se lo ha tragado la violencia y no saben ni por qué, ni cómo ni hasta cuándo. Eso es lo que se ha inventado la comunidad doliente, cantar letras que se inventan y aprenden a repetir. Y esa es la literatura, fiel y hermosa compañera, ante tanta crueldad que padecen. Se canta para sobrevivir y para decirnos a los demás que ahí están.
Por ARMANDO SILVA
Semiólogo