Víctimas del conflicto hacen memoria de sus tragedias al ritmo de alabaos, vallenato y champeta

Noel Palacios 'Javimán' canta rap, champeta y 'reggae' para hacer memoria sobre la tragedia de Bojayá, a la que sobrevivió en 2002. Foto: Andrea Moreno / Cambio

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Vea video con Javiman, el cantante de Bojayá.

"Eran las seis de la mañana compadre/ cuando sucedió un caso muy grave/Sonó un fusil ¡ju!, sonó una AK/ sonó una metralla y respondieron los 'paras'/. Se pasaron a Bojayá y allá fue la cosa seria/ se fue tejiendo el plomero y la gente asustada/. Tuvieron una idea de irse para la iglesia/ porque allá estaban seguros/ que allá nada les pasaba/ como era un lugar de Dios/ El Señor los amparaba!", cantan Los Racham un grupo integrado por 12 jóvenes víctimas de la tragedia de Bojayá.

En una mezcla de champeta y rap recuerdan lo que ocurrió ese 2 de mayo de 2002, cuando las Farc lanzaron una pipeta de gas contra la iglesia del pueblo, un atentado que dejó 119 muertos: "Cuando menos lo esperaban/ las Farc lanzaron una pipeta/ Cayó derecho en la iglesia/ y acabó con muchas vidas. / Como a los tres segundos de ya haber estallado/ muchos de nuestros parientes habían quedado destrozados/ ¡Yiris! ¡Y ahora viene la parte más conmovedora de esta canción!/ La gente corría de terror/ los niños lloraban de qué (preguntan) / de ver cómo a su pueblo lo acababan".

Noel Palacios, sobreviviente de la tragedia y fundador de Los Racham hoy canta como solista y se hace llamar 'Javiman'. El joven dice que compuso la canción para, según sus propias palabras, "sacar la rabia del corazón". No es la única composición que nació del dolor de las víctimas. Hay más de 100 entre alabaos, champetas, reggae y rap, y sus compositores son Domingo Valencia, el poeta del pueblo; el cantautor vallenato Domingo Chalá y algunos jóvenes 'raperos'. Escuche la canción de Bojayá. 

La del poeta Valencia dice: "Hoy me siento a recordar/ con tristeza y con nostalgia/ que la vida nos truncaron/ con violencias y amenazas/ Al marchar en desbandada/ miedo y angustia sentimos/ y también la indignación por los amigos perdidos/ Los disparos de mortero, los cilindros y granadas/ fueron llenando de sangre/ estas selvas chocoanas/ La sinrazón de las armas/ la ambición e indiferencia/ destruyeron nuestro nido". Y Chalá, que ha  escrito más de 70,  canta una que dice: "Lo que hicieron con mi pueblo por Dios no tiene sentido/ matar tantos inocentes sin haber ningún motivo/ yo te suplico ¡ay Dios mío!/ por qué nos das este castigo/ mi pueblo no se merece que mueran viejos y niños".

La tragedia de Bojayá es, por ahora, la que ha producido el mayor número de canciones compuestas por las víctimas. La  comunidad las ha adoptado como himnos que mantienen viva la memoria. "El de Bojayá es el caso más notorio porque para una cultura tan fuertemente oral como la afro, la memoria tiene una expresión musical muy significativa ¿explica Marta Nubia Abello, del Grupo Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación¿. Buena parte de esa memoria se expresa en la musicalidad asociada a los rituales como los alabaos en los que encontramos alusiones a las pérdidas".

Memoria viva

También hay canciones sobre las masacres en Urabá de los años ochenta y noventa, de la masacre de El Salado, de los conflictos de la Comuna 13 de Medellín, de secuestrados y liberados...  "La música aporta mucho a la memoria histórica ¿dice Ana María Ochoa, directora del Centro de Etnomusicología de la Universidad de Columbia, en Nueva York¿. En las guerras de Yugoslavia, África y en los conflictos de países centroamericanos, ha sido usada para hacer memoria o para azuzar la guerra. En México, por ejemplo, los corridos relatan la revolución".

En Colombia, los investigadores han encontrando que la música es la expresión más pura del conflicto, de lo que sienten las víctimas. "Cuando queremos identificar daños o impactos del conflicto, los encontramos en esa música ¿asegura Abello¿. Es una expresión oral básica para reconstruir memoria, tiene un valor similar al que pueden tener un taller o una conversación y la estamos recopilando".

En unas regiones, las canciones son narraciones detalladas de los hechos. La intención es que todo el mundo sepa qué ocurrió. "Le tengo una historia/ muy difícil de contar/ presten atención que ya vamos a iniciar/ Cuando en Urabá la violencia reinaba/ el canto de las balas en mi mente retumbaba. /Un día a mi casa la violencia llegó/ y con nuestro padre ella se quedó/ llegaron los momentos de angustia y temor/...", dice la canción de Sebastián Mercado, de 15 años, que hoy vive desplazado en San Pedro de Urabá, y que confiesa que hasta ahora empieza a entender lo que ocurrió.  "Se lo cuento a la gente en esta canción de rap que titulé Mi historia", dice. - Escuche la canción de Urabá. 

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