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El Preludio de la Suite Número 1 para chelo, de Bach, interpretado magistralmente por Mstislav Rostropovich, inspiró a los jóvenes que el 9 de noviembre de 1989 derribaron el muro de Berlín. El chelista ruso, que sabía que Bach había compuesto esa obra en la fase de transición entre el Barroco y el comienzo de la época dorada de la Ilustración, quería transmitir con ella un mensaje de cambio, el advenimiento del "nuevo mundo" que surgiría con el fin de la Guerra Fría.
La ciudad estaba de fiesta. Habían caído las barreras que dividieron la gran nación alemana. Los alemanes del Este se lanzaban en masa hacia el "mundo libre".
La reunificación que anunciaba la caída del muro parecía también el preludio de un nuevo orden mundial. Y fue en este ambiente en el que surgieron tres grandes mitos que habrían de derrumbarse con el paso del tiempo y tras pasar la prueba ácida de la Historia. El primer mito, el fin del comunismo. El segundo, que con el fin del comunismo y la victoria de Washington en la Guerra Fría, el mundo marcharía hacia una paz estable y duradera. El tercero, que el capitalismo resolvería los problemas que el comunismo no había podido solucionar.
La paz, un espejismo
Si se tratara de ponerle un marco musical a los conflictos posteriores a la caída del muro, Rostropovich podría haber escogido La danza del fuego, del español Manuel de Falla. El fin de la Guerra Fría no sería, como lo planteó Francis Fukuyama en el libro El fin de la Historia y el último hombre (1992), el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas. El paso de un mundo bipolar a uno unipolar introdujo un cambio en la situación de alta confrontación y baja inestabilidad, pero permitió el surgimiento de conflictos bélicos regionales y una interferencia cada vez mayor del Consejo de Seguridad de la ONU. Es decir, no eliminó los pretextos de Estados Unidos para sustentar militarmente su condición de potencia hegemónica y de policía del mundo.
Por ejemplo, en 1991, durante la llamada Guerra del Golfo (16 de enero a 27 de febrero del 91), Estados Unidos reunió 28 naciones aliadas y obtuvo permiso de la ONU para sacar las tropas iraquíes de Kuwait si no se retiraban antes del 15 de enero de 1991. El resultado fue la rendición incondicional de Iraq. En Europa, entre 1991 y 2001, ya sin el poder coercitivo y el ascendiente del Partido Comunista Soviético, la antigua Yugoslavia fue escenario de una serie de conflictos que afectaron a sus cinco ex repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia-Montenegro y Macedonia. Slobodan Milosevic, presidente serbio y vicepresidente del antiguo Partido Comunista de Yugoslavia, quiso imponerse en la región y por cuenta de ello estallaron una serie de conflictos, alimentados por factores étnicos, políticos, económicos, culturales y religiosos. El saldo: 500.000 muertos y gran parte de la ex Yugoslavia sumida en la pobreza, el caos institucional y la inestabilidad. Fueron los primeros conflictos posteriores a la Guerra Fría que llevaron al juzgamiento de los genocidas por violaciones al Derecho Internacional Humanitario.
En África, la comunidad internacional fue incapaz de prevenir guerras civiles que dejaron millones de víctimas, y en Oriente Medio las tensiones y el terrorismo se convirtieron en pan de cada día. Además, la aparición de nuevos centros de poder, como China, alertaron sobre el peligro de una carrera armamentista. Rusia aún no acepta su nueva situación, está resentida por la pérdida de su imperio y algunos sueñan con devolverle su antiguo poder.
La amenaza nuclear no ha desaparecido pero ha disminuido frente a la nueva amenaza que constituye el terrorismo, un fenómeno viejo como la historia de la humanidad que ha revivido por el fanatismo religioso, nacionalista e ideológico, propiciado por radicales de izquierda y de derecha. Los atentados a las torres gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington, son demostración de ello, lo mismo que los permanentes atentados en Afganistán, Irán, Israel, Indonesia, Iraq, India, Paquistán... Y en cuanto a la amenaza nuclear, países como Corea del Norte e Irán se empeñan en la arriesgada aventura de desarrollar y producir sofisticadas armas de destrucción masiva. En resumen, la Guerra Fría preservó cierto orden mundial, fue factor estabilizador y por eso su terminación no puso fin a los conflictos y a las guerras. Más bien los transformó.
Desplome de la URSS
Si Rostropovich hubiera tenido que ambientar la caída de la "cortina de hierro" tal vez habría interpretado alguna fuga del mismo Bach: sus rápidas cadencias habrían simbolizado la disolución de la Unión Soviética, que si bien fue acelerada por la caída del Muro, había comenzado, aunque en forma desapercibida, con la llegada de Mijail Gorbachov al poder en marzo de 1985.
El nuevo líder del Kremlin se enfrentó a una crisis económica profunda. La URSS estaba al borde de la bancarrota y era imposible mantener por más tiempo la ficción de 'paridad' con los Estados Unidos y hacer frente al desafío de Reagan y su Iniciativa de Defensa Estratégica. Como dice el historiador Eric Hobsbawm en La historia del siglo XX, con una economía en decadencia, Moscú no podía sostenerse como potencia militar, necesitaba reducir el gasto militar -entre el 16 y el 28 por ciento del presupuesto- y orientar la inversión a paliar los graves problemas económicos.