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Pereira está viviendo una mala hora. Según un reciente sondeo del periódico La Tarde, el 58 por ciento de los encuestados dice que hay mucha inseguridad en las calles. "Existe la percepción de que Pereira es una ciudad violenta, aunque el número diario de delitos ha disminuido con respecto al año pasado -asegura Fernando López, consultor en temas de violencia-. Es una percepción que viene desde finales de los años noventa y que se refuerza cada vez que ocurre un homicidio".
Eso fue, precisamente, lo que sucedió a finales de la semana pasada, cuando sicarios irrumpieron en un restaurante de una zona popular de la ciudad y asesinaron a tres hombres: Arnobio Blanco, Diego Bahos y Bernardo Henao. Según las autoridades se trató de un ajuste de cuentas relacionado, al parecer, con el decomiso de 27 millones de dólares ocultos en contenedores que llegaron al puerto de Buenaventura a mediados de septiembre, procedentes de México. "Mucho de ese dinero venía para acá -asegura el coronel Hoover Penilla, comandante de la Policía de Risaralda-. Estamos seguros de que habrá más muertes y retaliaciones porque grupos de narcotraficantes resultaron afectados".
La privilegiada localización de Pereira, en el triángulo Bogotá-Medellín-Cali, y con 42 municipios a menos de una hora de la ciudad, no solo ha sido clave para el desarrollo de empresas de bienes y servicios, su principal actividad económica, sino que ha sido aprovechada por redes del narcotráfico y bandas de sicarios que dejaron algunos grandes capos, y que se mueven entre Pereira, Dosquebradas y Cartago. Numerosas organizaciones ilegales se disputan el control territorial de algunos sectores de la ciudad y, según las autoridades, son responsables del 30 por ciento de los crímenes, la mayoría por ajustes de cuentas. "Pereira no tiene grandes mafiosos porque el negocio del narcotráfico se ha diseminado en pequeños grupos -dice el analista Jorge Sierra-. El problema está atomizado y eso dificulta su control".
Por cuenta de este fenómeno, la capital de Risaralda se ha convertido en una de las ciudades más violentas del país, y aunque los delitos llamados de "alto impacto" -homicidios, robos, lesiones personales por arma blanca o de fuego- han disminuido con respecto al año pasado, los índices siguen siendo alarmantes: 51 asesinatos por cada 100.000 habitantes en una ciudad de 451.000, según el Dane. A esto se suma que cada día se reportan siete riñas con armas y los expendedores de drogas se multiplican. Según cifras oficiales, hay 150 'ollas' pero algunos calculan que podrían llegar a 300, pues por cada 'olla' que desmantelan surgen dos más. Asimismo, muchos delitos no son denunciados porque la gente no confía en la acción de las autoridades.
Para completar el cuadro clínico, hay déficit de policías. Mientras los estándares internacionales son de un policía por cada 250 habitantes, en Pereira hay uno por cada 350. "Nos faltan policías pero los que estamos multiplicamos los esfuerzos para sacar adelante a esta región", afirma el coronel Penilla.
La situación es de alarma porque, a juicio de analistas consultados por CAMBIO, el narcotráfico, la corrupción y la impunidad han contribuido a afianzar una cultura de la ilegalidad y un clima de tolerancia y laxitud. "No podemos desconocer este fenómeno y por eso estamos trabajando para recuperar y promover la cultura de lo legal", asegura el alcalde de Pereira Israel Londoño.
Desempleo
Pereira registra la más alta tasa de desempleo en el país, 21,5 por ciento según la más reciente medición del DANE -casi el doble de la nacional y la más alta en los últimos siete años-, con lo cual ajusta dos períodos consecutivos en este primer deshonroso lugar. También según el DANE, entre marzo y mayo de este año se destruyeron 4.000 empleos formales frente al mismo período de 2008, la mayoría del sector servicios -comercio, restaurantes y hoteles- y cerca de 5.000 en el sector público, principalmente contratistas.
Los analistas atribuyen el fenómeno a varios factores. En primer lugar, a la disminución de las remesas -el 19 por ciento del PIB risaraldense-, que según la Cámara de Comercio de Pereira bajaron 9,5 por ciento en el primer semestre de este año con respecto al mismo período del año pasado: pasaron de 287 millones de dólares a 260 millones. Esto significa que 40.000 personas más salieron a buscar trabajo -según el DANE- y entre ellas figuran las que han regresado voluntariamente dentro del 'Plan retorno' promovido por España, destino de buena parte de los que empezaron a migrar a finales de los años noventa debido a la crisis cafetera y a la recesión. Según estimativos oficiales, en Estados Unidos y España hay más de 250.000 risaraldenses. "Me vine porque la situación en España era terrible pero estoy que me devuelvo porque aquí está peor -dice María Lozano, quien regresó hace tres meses-. Lo que más duele es que no tengo nada porque lo que ganaba se gastaba aquí". Los expertos calculan que dos de cada 10 risaraldenses que vivían de las remesas al no encontrar empleo optaron por el trabajo informal, y por eso en Pereira por cada empleo formal hoy hay cinco informales.
El segundo factor tiene que ver con el decrecimiento de su economía: -0,4 por ciento en el primer semestre, fenómeno que no se presentaba desde 1999. Según la Cámara de Comercio de Pereira, la construcción cayó 9,2 por ciento y la industria manufacturera 4 por ciento. Por otra parte, también se ha visto afectada por la caída de la producción cafetera -19 por ciento en comparación con 2007-, lo que ha llevado a muchos campesinos a migrar a la ciudad en busca de trabajo y a aumentar las cordones de miseria.