¿Todo por un disparate?

El aumento de transferencias ha permitido que Barranquilla tenga hoy un mayor impacto social.

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Hay  quienes atribuyen  los buenos augurios  que  parecen haber regresado a Barranquilla a una errata: la entonces inminente firma del TLC con Estados Unidos nos habría devuelto la prosperidad extraviada durante décadas.

Ese error se habría sumado a otros dos aún más providenciales: los inversionistas no esperaron la  concreción del Tratado e hicieron inversiones anticipadas que, sin embargo, generaron un clima económico capaz de reproducirse pese a que el Tratado no fue suscrito.

El cuento es macondiano y poco verosímil a pesar de que este cronista lo escuchó de quienes se supone sabían de qué hablaban. Otros empresarios mencionaron que esa prosperidad tenía explicaciones tautológicas: la prosperidad era atribuible a la prosperidad. No fue posible que nos explicaran las razones que provocaron crecimientos de la inversión privada.

Otros dijeron, replicando el lenguaje de las arrogancias lanudas, que la buena fortuna debemos atribuirla a la "confianza inversionista", no obstante que la estabilidad jurídica, la eufemística etiqueta que rotula una tronera fiscal de incausados y enormes privilegios tributarios ya concedidos a cerca de 400 empresas, no tuvo como beneficiarios a muchas compañías de aquí.

La circunstancia de que los gobiernos de Álex Char en la Alcaldía y de Eduardo Verano en la Gobernación luzcan probos, diligentes, comprometidos y fiscalmente serios, ha dado lugar a que otros piensen que es a ella  a quien debemos responsabilizar del buen suceso de la ciudad. Aunque en el futuro inmediato esas gestiones tendrán un impacto con alcances mayores en los resultados de hacienda, inversión y moralidad pública propiamente  dichos, es claro que no ha transcurrido un tiempo suficiente  para establecer relaciones de causalidad entre una y otra cosa. 

Hay, finalmente, quienes imaginan que las inversiones decididas hace tres o más años, cuando no había razones para conjeturar los buenos tiempos, reflejan corrientes subterráneas de la economía. Resaltan, entonces, el auge de los grupos armados en la geografía caribe y sus vinculaciones con el narcotráfico. No hay, sin embargo, prueba alguna de esos comportamientos.

No obstante lo anterior, hay causas comprobadas y comprobables del cambio que, aunque no sirven para explicar por razones como que la gestión del  alcalde Char no había iniciado cuando comenzaron a verse algunas novedades, contribuyen a fortalecer esas saludables tendencias y, lo más importante, producen hechos económicos en el presente de la ciudad y abren avenida hacia un futuro prometedor.

Los ingresos  de  industria y comercio,  por ejemplo, crecerán 24 por ciento este año y 40 por ciento los de la estampilla pro-hospital (por venta de inmuebles). Las transferencias nacionales  pasaron de 660.000 millones en 2007 a  845.000 en 2008, un aumento de 28 por ciento. Y crecerán más este año.

Cualquiera podría pensar que las transferencias no son un resultado atribuible a la Administración, pero sí lo son porque la ampliación de la cobertura en educación y salud, además de su impacto social, produjeron incrementos del 41 por ciento en los ingresos para salud y del 23 por ciento en educación entre 2007 y 2008. Los recursos propios, por su parte, crecieron 18 por ciento en el mismo periodo y crecerán 31 por ciento este año.

No hay duda de que los resultados de la administración Char superan todas las expectativas y de que la gestión de Elsa Noguera, en la Secretaría de Hacienda, convirtió una crisis fiscal crónica en un modelo de eficacia sin precedentes. Desde el Minhacienda, Ana Lucía Villa, terrible y austera vigilante de las haciendas públicas malogradas, no escatima elogios a esa transformación de  Barranquilla y a su Administración.

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