Agosto 20 de 2009

Los 'arrancaminas'

CAMBIO acompañó a un pelotón del Ejército que desactivó las minas que las Farc sembraron en la escuela de Boquerón, en el oriente de Antioquia. Vea cómo lo hacen.

Vea un video en el que el Ejército arranca las minas que sembró la guerrilla en las escuelas haciendo clic aquí, y los testimonios de tres víctimas haciendo clic aquí.

Los niños de más de 100 escuelas en todo el país sienten terror de ir a clases.  Los caminos, las canchas de juego y las zonas verdes están sembrados de minas. Solo en San Francisco, en el oriente antioqueño, 107 personas han sido víctimas de esas trampas mortales que pusieron las Farc y el Eln. Unos perdieron las piernas, otros los ojos, uno más las manos...

John Ferney, de 17 años, no olvida ese día de mayo de 2004 cuando las Farc obligaron a los habitantes de Boquerón, una vereda a cuatro horas a pie de San Francisco, a abandonar la zona pero no les advirtieron que el camino estaba minado. En esa zona, 12 adultos y tres niños cayeron en esas trampas. Él fue una de las víctimas. "Mi familia y yo caminamos tres horas y media y cuando iba subiendo la loma pisé algo y caí al suelo -relata el joven-. Me paré para seguir caminando pero la pierna izquierda no me respondió, tenía el pie destrozado".

Hoy tiene una prótesis y asiste a terapia en el hospital San Vicente de Paul de Medellín. Según los médicos, su recuperación tardará toda la vida y cada año necesitará una prótesis nueva. Diana Molina, jefe del Departamento de Rehabilitación, dice que no puede acostumbrarse a la pregunta que le hacen siempre los que llegan con algún miembro amputado: ¿Cuándo me vuelve a crecer? "Darle la noticia al niño de que no crecerá  es una de las cosas más difíciles", dice. Y agrega: "Su recuperación nunca será completa porque las minas les arrancaron una parte del cuerpo que querían".

Este año, 28 niños han sido víctimas de minas en el país, seis de ellos murieron. "Muchos tuvieron esa tragedia cuando salían o cuando iban para el colegio -dice Andrés Dávila, director del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonales-. Desminar el campo y las escuelas tardará años".

San Francisco no es el único que tiene escuelas minadas. También hay municipios en Meta, Nariño, Cauca, Caquetá, Putumayo, Vichada y Vaupés con el mismo problema. "En Ituango, Antioquia, hay tres escuelas minadas y en otras regiones del país la tragedia es doble porque las Farc les cobran a los campesinos que hace explotar alguna por equivocación -afirma el sacerdote Óscar Londoño, director de formación del SENA-. Los niños saben que caminan por zonas minadas pero en muchos casos no entienden el riesgo que corren".

Muchos niños se las ingenian para llegar a clases sin caer en las trampas explosivas, pero no siempre lo logran y muchos han muerto o han quedado  heridos. Otros abandonaron la escuela. Temen perder sus piernas o morir.

Seis pelotones del Ejército, cada uno de 40 hombres, trabajan en el desminado de escuelas y caminos veredales. Ya lo hicieron en El Dorado (Meta) y en El Chocó, una vereda de San Carlos (Antioquia). Esta semana la misión fue 'limpiar' la escuela de Boquerón, donde estudiaban John Ferney y 44 niños más, y que está abandonada desde hace cuatro años.

Pupitres oxidados, cuadernos, juguetes y libros que se pudren en el piso, y una cruz en memoria de los tres niños que murieron cuando intentaban ir a clase son testigos mudos del horror que sembraron las Farc y las Auc que dejaron su huella en los tableros, puertas y paredes de la edificación. "Llevamos 18 meses desminando toda la zona -dice el teniente Juan Carlos Betancourt, a cargo del grupo adscrito al batallón Juan del Corral-. Hemos destruido ya 135 minas antipersonales y 45 tipo Vietnam". Cuenta que en la escuela hay tres minas que deben de-sactivar. Hacerlo puede tomarles a sus hombres desde horas hasta semanas, depende de muchos factores. Un guerrillero solo necesita 10 minutos para sembrar uno de esos artefactos letales.

Javier Dávila, uno de los soldados a cargo de detonar las minas, sostiene que cada movimiento está calculado, que debe guardar, como mínimo, una distancia de 100 metros. "Es una tensión muy grande, es un momento que puede cambiar para siempre el destino -dice-. Basta un segundo de desconcentración para que uno o cualquiera de los compañeros deje de existir".

En como un acto ritual. Arrodillado al lado de una mina, otro soldado empieza el desminado. "Me siento como si fuera un sacerdote que está limpiando el mal de la tierra -asegura-. El que las arranca está salvando niños". Un minuto después, uno de sus superiores hace el conteo regresivo, él se aleja lentamente del artefacto explosivo. Minutos después, la explosión... Misión cumplida.

Descubrieron las minas mediante un detector de metales, pero en el camino hacia la escuela las cosas no han sido fáciles porque las Farc las hicieron con materiales plásticos para que el Ejército no las pudiera detectar. "La guerrilla no utiliza minas convencionales -explica el teniente Betancourt-.

Son artefactos artesanales, pueden ser latas, botellas, estuches u otras cosas usadas como explosivos".  Algunas las siembras a 10 o 20 centímetros de profundidad, otras a 40 o 50 e incluso han encontrado algunas enterradas a un metro o más. 

"Antes de llegar a esta escuela desminamos los sectores de Guayabero, Refugio, San Isidro y Aguacate -cuenta el teniente-. Pero aquí en Boquerón, aunque trabajamos de sol a sol, ha sido muy difícil encontrarlas, las tenemos casi que oler, un mal paso es la pierna e incluso la vida". Desminar es una tarea compleja, lenta y costosa. "Quitar una cuesta entre 300 y 1.000 dólares mientras que sembrarla entre uno y tres  dólares -dice el vicepresidente Francisco Santos-.  Lo peor es que gran cantidad de minas fueron sembradas alrededor y dentro de las mismas escuelas". 

Hoy la escuela de Boquerón y el camino que conduce a ella están limpios de minas. La meta el próximo año es que los niños puedan volver a la escuela y las familias desplazadas recuperen sus casas. "Estamos muy agradecidos con el desminado humanitario -dice Luz Marina Mayo, líder desplazada-. Pero tememos que vuelvan los grupos armados  a sembrarlas". 

No le falta razón. El año pasado el jefe de las Farc 'Alfonso Cano' ordenó  a sus hombres seguir sembrando minas y lo mismo están haciendo bandas como 'Los rastrojos'. "Seguiremos teniendo minas aunque termine la guerra y habrá más víctimas", sostiene el general Hansel Rodríguez, director de la Escuela Militar de Ingenieros. Pero los 'arrancaminas' no desfallecen, saben que su misión es dura y larga pero los anima la convicción de que cada mina que desactivan significa la salvación de muchas vidas.

Sobre el terreno

Una pista de simulación de un campo minado funciona desde finales del año pasado en la  sede del SENA de La Salada, una vereda de Caldas (Antioquia). Allí reciben capacitación 2.400 jóvenes de los 17 departamentos con mayor número de minas antipersonales sembradas por los grupos ilegales.  El SENA invierte 1, 8 millones de pesos en cada estudiante y el objetivo es replicar el programa en cada uno de los 705  municipios donde se han registrado eventos por minas.

Gracias a un convenio de la Vicepresidencia y el SENA,  allí aprenden sobre el terreno a detectar señales que podrían indicar la presencia de una mina. También reciben instrucciones para darle atención inicial a los heridos. "La idea es que terminado el curso regresen a sus comunidades a enseñarles a sus vecinos  cómo prevenir, en la medida de lo posible, cualquier tipo de accidente -explica la psicóloga Natasha Ramírez-. Es una experiencia traumática porque han visto a conocidos caer en esas trampas".

Yeimi Cañón, de Puerto Lleras, (Meta)  recibe entrenamiento: "Es muy duro porque he vivido eso en carne propia con familiares y amigos, pero es bueno saber por dónde pisar, detectar una alteración de la naturaleza y, lo más importante, enseñarle a otros a defenderse".

Minas antipersona: el enemigo perfecto

En la actualidad, seis pelotones adscritos a la Escuela de Ingenieros Militares se dedican a la destrucción y limpieza de campos minados  por los grupos ilegales, como parte  complementaria de los compromisos adquiridos por Colombia en la Convención de Ottawa.  Adelantan su misión en Amazonas, Antioquia, Chocó, Cundinamarca, Meta, Nariño Huila y Tolima. El próximo año serán 14 pelotones. Sostener cada equipo le cuesta al Ejército 1.500 millones de pesos al año. "La mina es el soldado perfecto, pues una cosa  es luchar con un enemigo de carne y hueso, que dispara y le teme a las balas, y otra muy distinta contra un artefacto escondido debajo de una piedra, a la sombra de un árbol o a la orilla del agua -dice el comandante de las Fuerzas Militares, general Fredy Padilla-. El Ejército se está replanteando un nuevo modelo para vencer a ese enemigo". Un enemigo que entre 1990 y 2009  dejó 6.118 civiles heridos, entre ellos 744 niños. En 2008, 102 militares muertos y 402 heridos, cuya recuperación ha costado 279.362 millones de pesos. Y este año 248 militares han sido víctimas de minas. 

 

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