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Fondoblanco
Alejandro Arciniegas Alzate
Icono, 118 páginas.
Primera novela del joven autor colombiano que se acerca, con un tono ágil y despojado de pretensiones moralizantes, al mundo de la droga y la delincuencia en Bogotá. Las andanzas de unos personajes que buscan desesperados las sustancia que calma su adicción y que viven, día a día, la pesadilla de la abstinencia por no conseguirla, son descritas aquí de manera directa, sin llegar a lo didáctico, y con algo de buen humor.
Madera Salvaje
Santiago Andrés Gómez
Ediciones B, 174 páginas.
Gómez, crítico de cine paisa, se lanza a la publicación de su primera novela en la que se desnuda abiertamente y cuenta sus primeras experiencias en el consumo de drogas y su decadente viaje a través suyo. Su vivencia está atada inevitablemente a la violencia vivida en Medellín a finales de los ochenta con la presencia aplastante de Pablo Escobar. Sin justificar en ello su consumo, sí usa ese escenario degradado para construir sus relaciones, anhelos y amores.
Orejas de pescado
Marta Orrantia
Planeta, 206 páginas
David llama a Isabel y le dice que se mató. Acaba de dispararse dentro de la tina de su casa y alcanza a hacer la llamada, tal vez con el deseo oculto de que lo logre salvar. Aunque rápidamente cambia de opinión. Más vale un tiro seguro. Qué tal quedar condenado a una máquina respiradora o siendo un peso de más para su mamá. Ya con el daño que le ha hecho es suficiente. Y aunque todo eso lo piensa rápido, nada en este libro es precipitado.
Ha logrado rumiar el dolor por años. Desde esa infancia desdichada, con una figura paterna hiriente, detestable. Se ha tomado todo lo que ha querido, ha metido todo lo que ha podido, ha puteado con cuanto cuerpo se le ha atravesado. En realidad, si la muerte no había llegado antes, la estaba buscando con paso seguro. Que los amigos ya no estén, que el pasado se haya quedado en el pasado, que sea imposible de volver, son excusas patéticas de alguien que decidió anclarse en un tiempo sin retorno. Que nunca vio una salida y fue hundiéndose certeramente a través de los años.
Así va desmadejándose una historia que gira alrededor de ocho personajes, todos irremediablemente atados a la figura de David. Isabel, Julieta, Ana, Mauricio, Pablo, Henry y Bruno, estos dos últimos, uña y mugre, Batman y Robin. Todos se acompañan en sus soledades y las ahogan con buenas dosis de bourbon, con uno que otro pase de coca, y con música, mucha música. Todas, tácticas de distracción que funcionan mientras estén bajo su efecto.
"... Y yo. Yo me aburrí de verlo solo, corté de lleno con el pasado, me fui a enfrentarme a otro presente, que era menos real y menos doloroso. Y David se quedó ahí. Anclado como un marinero jubilado, esperando el momento propicio para levar el ancla y volver a zarpar. Y nos llamó. Nos llamó a todos mil veces. Pero todos tuvimos orejas de pescado y nos hiciemos los locos y guardamos silencio y ahora, puta, ahora sí que se hizo oír...", escribe Marta Orrantia, quien en esta primera novela explora brillantemente la decadencia de ese grupo de amigos imbuidos en su incapacidad para encontrar la felicidad. Quien habla es Isabel, ese personaje fascinante que va descubriendo cómo su amor malsano hizo todo por que David nunca lograra salir de su hueco. Va entendiendo mientras pasan las horas en donde tendrá que leer su última voluntad, que fue perversamente calculadora. Que impidió que Julieta y él pudieran lograr estar juntos, que Pablo viviera con culpa, que Ana nunca lo pudiera olvidar. Ni ella.
Lo increíble del relato, destructivo, adictivo, profundo, es que no es posible despreciarlos lo suficiente. Es tan espantosamente humana semejante soledad que uno llega incluso a entenderlos, a congraciarse. Cada personaje es complejo, frágil, lleno de fiereza y miedos y se ve enfrentado a una toma de decisiones que a veces parece que los va a romper por dentro. Y lo hará. D.R.D.
Trainspotting
Adaptación del libro de Irving Welsh por Mario Duarte y Matias Maldonado
Teatro Libre
La eterna adolescencia, el miedo a crecer, la fuga de la realidad, la ausencia, la pérdida, la tentación, la presión, la necesidad de encajar, la pérdida de pudor, la ruptura de las relaciones, la impotencia sexual, pero también el derroche sexual, son algunas de las sensaciones que quedan al ver la obra. Percepciones que al parecer, según el informe sobre los adolescentes y las drogas aquí adjunto, no comparten los más jóvenes, pero que sin duda alguien que está arriba de sus treinta reconocerá plenamente.