Hace meses los medios colombianos no hacen sino inundar el éter con un comercial donde se les advierte a los extranjeros que visitan a Colombia sobre el único riesgo que se corre por estas latitudes: "el de quedarse". Lástima que para los que de verdad quisieran quedarse en este país, las leyes migratorias representen más un obstáculo que un estímulo.
Llegué a Colombia hace nueve años con una beca de Icetex y me quedé dos años estudiando Fotografía en una universidad de Bogotá. Regresé a mi país y al cabo de unos meses recibí otra beca para una especialización en Periodismo Digital. Terminé mis estudios en Bogotá y decidí quedarme, primero como docente y luego como fotógrafa independiente. Durante el papeleo para solicitar la visa de fotógrafa me di cuenta que a menudo el trámite es una lotería donde hay que tener la suerte de no encontrar funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores que no conocen bien la ley o que la interpretan de forma arbitraria.
En ocasión de la solicitud de la segunda Visa como reportera gráfica, una funcionaria me dijo que no podía solicitarla sin ser registrada en la Cámara de Comercio como fotógrafa con un capital de 100 salarios mínimos del cual no disponía. Frente a mi objeción fundamentada en el hecho que el año anterior el mismo Ministerio me había expedido esa Visa sin solicitar la onerosa inscripción a la Cámara de Comercio, la flamante funcionaria me dijo que el año anterior yo había estado "de buenas". No tuve más remedio que regresar a mi país y solicitar la misma Visa en el Consulado de Colombia en Roma donde los funcionarios la expidieron sin ningún problema y sin ninguna inscripción a la Cámara de Comercio.
Las normas en esta materia deberían ser las mismas tanto en Colombia como en los varios consulados colombianos en el exterior, ¿o no? Por no hablar de los gastos de la mayoría de las Visas o de la cédula de extranjería que, a pesar de no cambiar en su número de identificación y en los datos del extranjero, se vence cada año y hay que renovarla con un costo de $137.000 pesos, una mañana en las oficinas del DAS y dos días de demora.
Actualmente estoy con un permiso de turista mientras intento acabar un proyecto fotográfico que no cuenta con patrocinio alguno y por el cual - pensando que me iba a demorar unos pocos meses en el país - no solicité Visa. Se me vencieron los 90 días que tenía desde mi ingreso al país; solicité un salvoconducto por el cual pagué más de $67.000 pesos y con el cual me autorizaron a quedarme 60 días más. Tuve que solicitar otro salvoconducto y pagar otra vez los más de $67.000 pesos para poderme quedar los días necesarios que me permitan abordar mi vuelo sin incurrir en sanciones por parte del DAS por haberme quedado sin autorización en el país. Sobra decir que si quisiera volver a Colombia antes que se acabe el 2009 debería hacerlo con una Visa porque con permiso de turista sólo se puede permanecer en el país 180 días al año.
Quizás lo más triste del asunto fue que en el mes de Febrero de este año recibí un ofrecimiento laboral por parte de la agencia española EFE que necesitaba cubrir con una cierta urgencia un cargo en su oficina de Bogotá. Se me ofreció el puesto pero, cuando EFE se dio cuenta que para poder contratarme tenía que solicitar el certificado de proporcionalidad que se demora por lo menos tres semanas y que yo hubiera tenido que solicitar la Visa de trabajo en un consulado fuera de Colombia (Venezuela o Ecuador), prefirió contratar alguien que a nivel migratorio no representara tanta demora burocrática antes de la firma del contrato laboral. Y eso porque si un extranjero entra a Colombia como turista y luego recibe un ofrecimiento laboral en el país, no puede solicitar Visa de trabajo en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bogotá, sino en cualquier consulado fuera de Colombia.
¿Otra perla del sistema que debería espantar cualquier extranjero deseoso de "correr el riesgo de quedarse"? Cada año el Ministerio de Cultura de Colombia tiene unas convocatorias de arte visual, pero un extranjero que quisiera participar debe demostrar por lo menos cinco años de residencia en el país. Además de no compartir la medida que exime de participar artistas que - a pesar de no ser colombianos y de no haber vivido tanto tiempo en Colombia - podrían presentar proyectos que ayuden en hacer más inteligible la compleja realidad del país, me parece abusivo que también para eso los extranjeros sean obligados a pagar un impuesto. De hecho, para demostrar la residencia hay que recorrer otra vez al DAS que en tres días hábiles expide una certificación de residencia por la módica cifra de casi $45.000 pesos.
¿La impresión del sistema migratorio colombiano? Un gran circo donde se hace de todo para que las personas gasten días y dineros en trámites burocráticos que a menudo no son claros y parecen más una manera de ponerles impuestos a los extranjeros que llegan al país no exactamente para meter coca y financiar el mercado de la prostitución - como a menudo se piensa de todo extranjero que pise suelo colombiano -, sino para contribuir desde su profesionalismo al crecimiento de la nación. A menudo parece haber un sentimiento de venganza hacia los que no tienen pasaporte colombiano, como si se quisiera "hacerles pagar" los abusos que muchos colombianos reciben por parte de muchas oficinas migratorias del mundo. Quizás la mejor manera de solucionar eso sería con acuerdos bilaterales que tengan que ver no sólo con tratados de libre comercio sino con la política migratoria que no puede ser reducida a un chantaje mutuo que no recae en los que hacen las leyes y gozan de pasaporte diplomático sino sobre los comunes mortales- tanto colombianos como extranjeros - que no cuentan con la rosca que hace que las colas y los trámites desaparezcan de forma mágica.