Julio 2 de 2009

Colombia es uno de los países que pone más trabas para residir a los extranjeros

A pesar de venderse como un sitio ideal en el exterior, las normas son tan estrictas que muchos desisten de quedarse en el país. Lea testimonios.

El ingeniero mexicano Ricardo López llegó a Colombia en calidad de turista y cuando le ofrecieron empleo, la nueva condición implicaba un cambio de visa. Le tocó ir a un consulado en el exterior para cumplir el requisito y luego de otras tres solicitudes para validar su título, tiró la toalla y decidió regresar a su país. "Me cansé de tanto trámite, un día era una cosa y otro día otra -dice-. Nunca me imaginé que fuera tan difícil".

La periodista española Camila Basteiro se quedó con las ganas de trabajar en Colombia luego de que la empresa que iba a contratarla le informó que no podía aceptar las condiciones que exigía el Gobierno. "Los requerimientos son absurdos, tanto papeleo es prejuicioso -afirma-. Un trabajo deja de valer la pena con tantas exigencias".

Los casos de Ricardo y Camila son solo una muestra de lo que les pasa a los extranjeros en Colombia: son bienvenidos para ingresar pero discriminados a la hora de buscar la residencia.

Si bien es cierto en todos los países existen normas, requisitos y controles para registrar la entrada y permanencia de foráneos, en Colombia estos son incluso más severos que en naciones que se consideran más hostiles con los extranjeros. "Es muy contradictorio pues mientras los habitantes lo hacen sentir a uno especial, las leyes son implacables y no se ajustan a esa condición", dice Carlos, un argentino que vive desde hace un año en el país.

En general, los extranjeros consultados coinciden en que si bien Colombia es un buen vividero por la amabilidad de su gente y las posibilidades económicas que ofrece, es uno de los países latinoamericanos que más exigencias hace para establecerse. "Las políticas migratorias son mezquinas, las condiciones legales son exageradas", dice un extranjero que tramita su residencia y que pidió reserva de su nombre. Coincide con él Fernando, un periodista chileno casado con colombiana. "Los trámites son absurdos -señala-. Es como si al extranjero le quisieran hacer pagar por todos los abusos que los colombianos reciben en el exterior por parte de muchas oficinas migratorias".

Las campañas promocionales venden a Colombia como un destino ideal para los extranjeros, como un lugar especial para invertir, vivir y trabajar. Y de hecho lo es, como asegura el comunicador inglés Matthew Bristow, quien ha vivido en Venezuela y Brasil pero le gusta más Colombia porque su gente "es mucho más amable". Pero el problema es que, según él, en términos de permanencia, "la cosa es muy difícil".

La Oficina de Visas del Ministerio de Relaciones Exteriores señala que Colombia ofrece todas las opciones para visitarla o residir en ella pero establece controles fuertes para quienes no cumplan los requisitos, y justifica las medidas en la necesidad de evitar "una inmigración desbordada que en vez de aportarle al país lo perjudique". La política migratoria, según esta oficina, es aplicar con el extranjero el principio de coherencia que consiste en darle todos los beneficios que el colombiano desearía tener en el exterior.

Pese a las buenas intenciones, son argumentos que no convencen a los foráneos que quieren quedarse a vivir en el país con todas las de la ley, y que se quejan porque las normas son muy duras y lograr la residencia se convierte en una carrera de obstáculos. "Colombia tiene unas leyes rígidas con el extranjero, cuando muchos lo que queremos es contribuir a que este país sea mejor", dice el periodista chileno.

El economista José Leibovich, director de Crece, un centro de estudios regionales y empresariales, sostiene que Colombia, con pocas excepciones, siempre ha mostrado una política cerrada a los flujos migratorios. "Parece como si los extranjeros fueran a hacerle daño al país cuando es todo lo contrario", afirma. Opinión que refuerza Mauricio Botero, cuando en su columna de este 28 de junio, en El Espectador, dice que "a los extranjeros los sometemos a todo tipo de vejámenes burocráticos y los enloquecemos con una tramitología que haría sonrojar a Kafka".

Normas estrictas

Los registros de inmigración indican que, en los últimos años, el ingreso legal de extranjeros ha aumentado: de 540.000 hace 10 años, a casi 1,3 millones hoy. El 98 por ciento corresponde a turistas, el resto a inversionistas, estudiantes y religiosos. Y de los 105.000 que ingresan en promedio cada mes, solo un poco más de 500 termina pidiendo un cambio en su permiso de estadía. Según el DAS, hoy hay 39.650 extranjeros residentes. "Colombia no es un destino para extranjeros -asegura el analista político Gonzalo Restrepo-. Aquí la gente puede ser muy amable pero las graves condiciones violentas y económicas no son las más adecuadas para permanecer". Colombia tiene 28 tipos de visas para regular el ingreso de extranjeros, según la actividad que van a desarrollar. De 192 países, 92 no requieren visa y 100 sí, y en el caso de ciudadanos de Irak, Cuba y China, deben tener una autorización previa del Gobierno.

Para residir en el país, las normas migratorias son muy estrictas. Para empezar, si una persona quiere, por ejemplo, cambiar su condición de turista a la de trabajador, debe presentarse en un consulado en el exterior para hacer el trámite porque no puede hacerlo en Colombia. "A los extranjeros les toca ir a un país vecino para cumplir esta condición -dice Jorge Granados, experto en temas migratorios-. No creo que eso tenga sentido".

Otra diferencia es que mientras en la mayoría de los países casarse con un natural es una garantía para adquirir todos los derechos de los nacionales, en Colombia solo da derecho a permanecer en el país y no ofrece otras prerrogativas de forma automática. "Eso es discriminatorio -dice Fernando, el periodista chileno-. Aquí uno se casa y esa condición no le permite trabajar inmediatamente. ¿De qué piensan, entonces, que uno vive?".

Para trabajar hay que sacar visa y aunque es lógico que así sea y así sucede en todos los países, en Colombia es más difícil pues aparte de los requisitos específicos, los extranjeros deben presentar un contrato vigente, certificado de Cámara de Comercio para constatar la legalidad de la empresa contratante y una carta del empleador en la que se compromete a constatar el regreso del empleado al país de origen cuando termine el vínculo laboral.

En teoría, estos requerimientos podrían parecer sencillos pero en la práctica son un verdadero vía crucis. Por ejemplo, es prácticamente imposible lograr que  una empresa se comprometa a hacerse responsable del empleado extranjero y a garantizar su regreso al país de origen.  Y como "hecha la ley, hecha la trampa", no son pocas las compañías que después de llenar este requisito, firman un acuerdo con el empleado en el que se eximen de esa responsabilidad. "Es una práctica común pues las empresas saben que si pasa algo con el empleado extranjero ellas son las directas responsables y tienen que asumir los gastos que se deriven de esa relación", dice Francisco Matallana, abogado experto en trámites de inmigración.

Otro obstáculo tiene que ver con el hecho de que un extranjero con visa de trabajo solo puede laborar en la empresa con la cual tiene el contrato vigente presentado en la solicitud. Es decir, la visa es cerrada y no permite trabajar en otras empresas como sucede en otros países. "Si un extranjero quiere cambiar de trabajo no puede hacerlo ahí mismo -sostiene Matallana-. Le toca realizar otro trámite riguroso para regularizar el cambio y ese es otro desatino".

Una traba adicional es el llamado certificado de proporcionalidad: una solicitud ante el Ministerio de Protección que hacen las empresas que quieren contratar un extranjero. La certificación, con vigencia de solo tres meses, tiene en cuenta la proporción que debe haber entre trabajadores nacionales y extranjeros, y obliga a las empresas con más de 10 trabajadores a ocupar colombianos en proporción no inferior al 90 por ciento de empleos ordinarios y no menos del 80 por ciento de especialistas, lo que le reduce el margen de maniobra al extranjero.

Según expertos, el mercado no se puede regir por proteccionismos sino por la calidad  del empleado.  "Esta norma no puede ser aceptada en un país que dice estar en la globalización -dice Jairo Torres, consultor económico-. El talento no debe tener nacionalidad".  

Julie, 37 años, profesora británica de idiomas

"En 1996 llegué a Colombia por primera vez. Estuve un año y volví en 2001. Soy profesora de idiomas en varias universidades, mis contratos son semestrales y por eso cada seis meses tengo que renovar mi visa de trabajo, que cuesta 205 dólares. Por cada contrato, una vuelta con fila y espera. Este año obtuve mi visa de residente, pagué un montón de plata por ella y tenía la esperanza de que el padecimiento terminaría. Falso, debo renovarla cada semestre y eso implica pedir contratos de trabajo y certificados de proporcionalidad laboral aquí y allá, y presentarlos en el Ministerio de Relaciones. Es desalentador. A juzgar por lo que me ha tocado padecer con mi visa de trabajo, me atrevería a decir que las instituciones nacionales no se esmeran mucho por hacernos sentir bienvenidos".

Matthew Bristow, 36 años, comunicador inglés

"Viví en Colombia entre  2004 y 2009, trabajaba como periodista y siempre me trataron muy bien. He vivido también en Venezuela y Brasil pero para mí los colombianos son mucho más amables. Sin embargo, en términos de permanencia, la cosa es muy difícil.  En Colombia lo más complicado es la ley de proporcionalidad, que significa que si una empresa quiere dar empleo a un extranjero también tiene que dárselo a cierta cantidad de colombianos. Eso no hace nada para disminuir el desempleo en Colombia pero sí hace la vida muy difícil para escuelas de inglés y agencias de noticias que necesitan muchos empleados extranjeros. Además, para todos los trámites hay que hacer unas filas muy largas".

Fernando, 38 años, periodista chileno

"Los trámites para vivir en Colombia son absurdos. Es como si al extranjero le quisieran hacer pagar por todos los abusos que los colombianos reciben en el exterior por parte de muchas oficinas migratorias. Es inconcebible, por ejemplo, que para regularizar una situación, haya que salir a un consulado en el exterior, cuando ese trámite podría realizarse aquí. Y está el tal certificado de proporcionalidad y la norma que obliga a las empresas contratantes a responder por los extranjeros que empleen. Realmente las leyes son muy duras con el foráneo, cuando muchos lo que queremos es contribuir a que este país sea cada vez mejor".

Viviana Peretti, 36 años, fotógrafa italiana

"Llegué a Colombia hace nueve años y estudié Fotografía en una universidad de Bogotá. Regresé a mi país y al cabo de unos meses recibí otra beca para una especialización en Periodismo Digital. Terminé mis estudios y decidí quedarme primero como docente y luego como fotógrafa independiente. Durante el papeleo para solicitar la visa me di cuenta de que a menudo el trámite es una lotería: hay que tener la suerte de no dar con funcionarios que desconocen la ley o que la interpretan en forma arbitraria. A los extranjeros que visitan Colombia nos dicen que el único riesgo que se corre es quedarse, pero para los que de verdad quieren quedarse las leyes migratorias representan un obstáculo".  Lea el testimonio completo haciendo clic aquí.

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