Donde hay cenizas

Un trapiche viejo en Villa del Rosario conduce a los hornos crematorios de las Auc.

¿Qué hacer con los hornos crematorios de las Auc?, es la pregunta que surge luego de conocer la existencia de estos escenarios que son otra evidencia de la degradación de la guerra, y que evocan, en sus debidas proporciones, episodios históricos como el Holocausto.

Tal vez la primera cosa por hacer es un llamado de emergencia a la sociedad y a las instituciones en función de la memoria y en función de la justicia.

Uno podría estar tentado a pensar en crear en esos sitios monumentos o escuelas, es decir en erigirlos en símbolos de una contramemoria a esa barbarie, que pretendió borrar su propio rastro. Pero a mí me asusta mucho esa idea de estandarizar una respuesta a ese tipo de escenarios.

Es probable que haya víctimas que no quieran saber nada de los hornos o no quieran conservar un registro de esa ignominia o de esa afrenta. Otras posiblemente querrán convertir esos aparatos de destrucción en un referente de memoria para la sociedad de lo que pasó allí; querrán que se vuelva un lugar de duelo, o de reconocimiento público de los horrores de esta guerra. Por eso, antes de emprender cualquier acción lo primero es hacer una consulta entre los familiares de las víctimas que sea posible establecer, o en general, entre quienes crean que allí pudo estar su ser querido.

Ocultar la verdad

Hay que hacerse unas preguntas de más fondo sobre qué evidencian escenarios de terror como estos.  ¿Quiénes son los victimarios? ¿Quiénes fueron las víctimas? ¿Qué objetivos y qué estrategias sociales y políticas hubo detrás del uso de estos artefactos? ¿Cómo se va a hacer justicia, o mejor, cómo va la institucionalidad judicial a afrontar o esclarecer estos crímenes?  

Hay de parte de los victimarios una estrategia de ocultamiento de los hechos, del delito, de la verdad. Los hornos son una tecnificación de los mecanismos del terror empleados para borrar el rastro de las víctimas y son así mismo una tecnificación de la impunidad. Aquí se habla de la huella de los restos porque ni siquiera habrá restos. No hay cenizas, solo el sitio donde las provocaron. Aquí se desapareció incluso la fosa como huella. Las v;ictimas no tienen cómo llorar. Hablamos del duelo imposible porque al no poder identificarse el cadáver hay una tortura mayor. El descubrimiento de estos hornos crematorios debe convertirse en la formulación de estrategias inmediatas para impedir la destrucción de estas huellas; para acelerar las investigaciones de las miles de denuncias de los familiares de las víctimas.

Ahora el reto está en cómo devolverle el nombre a estos cuerpos, la identidad que pretendieron borrar con eficacia los victimarios. Cómo devolverle el rostro al desaparecido. La Justicia probablemente se encuentra frente a límites insuperables. En ese momento la memoria tendrá que hacer el relevo y develar la brutalidad de esos mecanismos, de las estructuras que los hacen posibles y de los sentidos y sinsentidos que tratan de ser escondidos tras las cenizas de la verdad.

Por Gonzalo Sánchez, 
Memoria Histórica CNRR.

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