Medellín pasó de tener 6.500 asesinatos en 1991 a 1.043 en 2008

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Ahora no hay sicarios motorizados recorriendo las calles, poniendo bombas y matando gente como ocurría en los ochenta y noventa cuando 'el patrón' era Pablo Escobar. Tampoco hay balaceras en los barrios del occidente y oriente donde en 2002, por cuenta de las disputas entre las bandas al servicio de las milicias y de los paramilitares Diego Murillo 'don Berna', hoy preso en Estados Unidos, y Carlos García 'Doblecero', muerto, los asesinatos ascendieron a 4.000.

Medellín ya no aparece entre las 10 ciudades más peligrosas de Latinoamérica y parece enterrar, poco a poco, dos décadas de dolor en las que según las estadísticas de la Alcaldía murieron 40.000 jóvenes en las confrontaciones armadas. En ese entonces pasar de una calle a otra significaba correr el riesgo de morir o quedar herido en medio de un enfrentamiento. La situación llegó a tal punto que se construyeron muros imaginarios entre los barrios y se impedía el ingreso o el paso de personas.

Esos muros los están derribando las autoridades y la misma ciudadanía con mucho esfuerzo. Lo han hecho con pactos de convivencia en barrios que estuvieron por años en disputa. Con el aumento del pie de fuerza de la Policía y la construcción de bases militares en zonas críticas. Con inversión social en sectores en los que la única opción que tenían los jóvenes para subsistir era unirse al grupo armado que mejor les pagara. A esto se suma el desarme de 4.200 jóvenes que estuvieron al servicio de 'don Berna' en los bloques Nutibara y Héroes de Granada de las autodefensas y que hoy como reinsertados  se abren camino en la legalidad.

Pero no ha sido suficiente. Nuevas mafias, algunos desmovilizados, paramilitares que nunca se desmovilizaron y grupos de delincuencia insisten en su disputa por el negocio del narcotráfico y continúan las muertes, amenazas  y el miedo. Todos pelean el control total de los negocios  de 'don Berna' quien aparte del narcotráfico montó oficinas de cobro de deudas y grupos de delincuencia organizada  que le dejaban jugosas ganancias. Logró hacerse a una estructura criminal con 200 bandas a su servicio.

¿Por qué se recicla la violencia en Medellín? Hay varias razones para que esto ocurra. "La primera tiene que ver con una cultura de la ilegalidad que sigue siendo fuerte en el imaginario paisa -dice Jorge Giraldo Ramírez, investigador del Departamento de Humanidades de la Universidad Eafit-. La segunda es la subsistencia de una economía ilegal muy grande que hace enormes esfuerzos por mantener canales abiertos de 'blanqueo' de dinero; una más es el gran número de personas adiestradas en el crimen y armadas en bandas, que bordea las 4.000".

El sucesor de 'Berna'

Algunos habitantes de los barrios que padecieron el conflicto urbano en Medellín los últimos 20 años piensan que las cosas están mejor porque se puede recorrer las calles con tranquilidad. Pero, comentan, siempre hay alguien observando. "No es necesario que tengan un fusil al hombro y si quieren sacarlo a uno del barrio lo sacan. ¿Y qué toca? Pues comer callado..."

Según las autoridades, un mínimo porcentaje de desmovilizados que desertaron del programa que les ofreció el Gobierno protagonizan una cadena de venganzas y silenciamiento entre personas que tienen información fundamental sobre la criminalidad. "Los espacios dejados en el mundo criminal los intentan ocupar con otras organizaciones -explica Jesús Ramírez, secretario de Gobierno de Medellín-. Hay relevos dentro de los grupos delincuenciales y por eso hay un aumento en las muertes violentas (1.043 en 2008, 35 por ciento más que en 2007), pero no en las proporciones de los años anteriores".

A esto se suma la llegada de grupos armados de otras regiones que después de la extradición de 'don Berna' realizan controles territoriales", extorsiones a transportadores y negocios de juegos y controlan las plazas de vicio. "En Medellín se está reflejando una disputa entre paramilitares de la casa de los Castaño (denominados 'los amalfiteños', 'urabaenses', 'don Mario' y 'autodefensas gaitanistas') y la Oficina de Envigado ('don Berna') -advierte Fernando Quijano, director de la ONG Corpades-. Esto no significa que quienes están cayendo sean los 'malos' sino que buena parte la lleva la población inerme que está entre dos fuegos".

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