La Asamblea del BID se convierte en la mejor vitrina para exhibir la transformación de la ciudad.
Desde una historia de dolor y con muchas heridas por sanar, Medellín tomó un camino de recomposición que hoy la dignifica frente a su pasado violento.
El antiguo basurero de Moravia, en el norte de la ciudad, ya no existe. En su lugar se levanta un gran centro de desarrollo cultural diseñado por Rogelio Salmona. A los barrios La Francia y Andalucía, separados durante años por el conflicto, los une ahora un gran puente naranja producto de la firma de uno de los 22 pactos de convivencia en zonas violentas. Explora, un gran parque interactivo de ciencia, es el más imponente en un sector en el que poco se veía el desarrollo. Una red de cinco modernas bibliotecas y dos sistemas de teleféricos -metrocable-, conectan a los habitantes de las montañas directamente con las rutas del metro.
Esta es la nueva Medellín, donde su transformación ha sido un empeño colectivo de los sectores público, privado y los ciudadanos. Y aunque la pobreza, la desigualdad y la violencia siguen muy presentes en los barrios de las llamadas 'comunas', las condiciones para sus habitantes son radicalmente diferentes. Medellín celebra esta semana la 50 Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo, con asistencia de jefes de Estado, ministros de economía y empresarios de los cinco continentes, justo cuando se debate el alcance de la crisis económica y la mejor manera de afrontarla. Esta será quizá una oportunidad para promocionar el nuevo rostro de una ciudad que, con esfuerzo y a sabiendas de que sus dolores no han acabado, insiste en transformarse.