Mentiras han llevado a la cárcel a civiles y militares inocentes

Mario Uribe, primo del Presidente de la República, estuvo detenido por cuenta del testimonio de 'Pitirri'.

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Existen. Son más numerosos de lo que pueda imaginarse. Los falsos testigos han logrado a veces que sus mentiras, presentadas como revelaciones en la prensa nacional, tengan gran resonancia. Tres intereses de distinto orden los mueven. El primero es la venganza. El segundo son los beneficios que depara una falsa delación. Resultan desmesurados y providenciales para un delincuente que pague una larga pena en La Picota o en la cárcel de Cómbita. Le basta presentarse como real o supuesto paramilitar que dice conocer las relaciones entre un político y las Autodefensas para quedar convertido, de la noche a la mañana, en testigo protegido y obtener una considerable rebaja de penas. De esta manera, en sus manos y en los de una justicia parcializada, la seráfica Ley de Justicia y Paz puede convertirse en un arma diabólica.

La tercera razón proviene de la guerra jurídica, la mejor arma de la subversión. La conducen con soberbia destreza colectivos de abogados, curitas de la Teología de la Liberación y otros parientes ideológicos de las Farc.

Sus falsos testigos, premiados a veces con giras en Europa, logran cambiarle a un buen militar todas las medallas recibidas por un humillante cuarto de detenido en una guarnición.

El desquite de los malos

Por esta puerta podemos entrar en la feria de los falsos testigos. Veamos un caso, por fortuna aclarado: el de Mario Uribe. El 16 de mayo de 2007 Salvatore Mancuso lo acusó ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía de haberse beneficiado electoralmente de una alianza con los 'paras'. También acusó en esa ocasión al vicepresidente Francisco Santos de haber participado en la creación de un grupo de autodefensas en Bogotá y al ministro de Defensa Juan Manuel Santos de haber conspirado con los 'paras' para tumbar a Ernesto Samper.

Estas fábulas respondían -según él mismo llegaría a confesarlo- a un propósito de venganza por su traslado, y el de los demás jefes de las Autodefensas de Realito a la cárcel de La Ceja. En Realito todos ellos se movían con libertad, en un paraje propio, con mujeres, contertulios y licores al alcance de la mano. En La Ceja, en cambio, se encontraron en una cárcel de verdad. No era lo que esperaban al aceptar su desmovilización. Entonces Mancuso resolvió producir con sus falsas declaraciones lo que llamó un tsunami político. Los fiscales pasaron por alto los cargos contra los Santos. Eran demasiado gruesos. Pero no el de Mario Uribe, tal vez por ser primo del Presidente. Solo más tarde comprobarían que carecían, como los otros, de todo fundamento.

El otro falso testigo que apareció luego contra Mario Uribe fue Jairo Castillo Peralta, alias 'Piquirri'. Oscuro y sangriento personaje, autor de más de cien homicidios, ha logrado la proeza de pagar por todo ello solo cinco días de detención y obtener asilo en Canadá con 53 parientes suyos por cuenta de sus "revelaciones". De Mario Uribe hizo primero una alusión venenosa en una entrevista concedida por él a la revista Semana. "Pregúntele por el 'Piquirri', él sabe quién soy yo". Molesto e intrigado por esa mención, Uribe decidió investigar al personaje.

 Descubrió que, desconocido como militante suyo por las Autodefensas, se trataba de un delincuente común, jefe de una banda llamada "los cuatro matones" que asaltaba fincas y camiones en las regiones de La Mojana, Sucre y Córdoba. El relato que hizo en la radio de sus crímenes y extorsiones indignó a 'Piquirri'. Ya refugiado en Canadá decidió vengarse inculpando al senador de haberse reunido en dos ocasiones con él, con ricos ganaderos y con 'paras' de la Mojana para comprar en esa región tierras a bajo precio. Tras una larga investigación, la Fiscalía descubrió que en la zona no había rastro de compra alguna de propiedades por parte del Senador ni de quince de las personas más allegadas a él. Pero el escándalo había alcanzado una dimensión internacional. El senador Uribe, primo del Presidente, detenido por su alianza con los paramilitares: tal fue la noticia.

El rey de las mentiras

Más atroz fue la venganza de Rafael García contra el ex director del DAS, Jorge Noguera, por haberlo llevado a la cárcel. Nadie habría podido adivinar tal desenlace cuando años atrás ambos trabajaban en Santa Marta. Inteligente y locuaz, García se sumó a la campaña de Uribe dirigida tiempo después por Noguera en el Magdalena. Obtenido el triunfo, se apresuró a decirle a su amigo y compañero en esta empresa política: "Si te ofrece algún cargo, llévame contigo". Y así ocurrió. Designado director del DAS, Noguera lo puso al frente de la estructura informática de los servicios de inteligencia. Lo tenía por un profesional muy competente.

Lo era. García no tardó en mostrarse a la altura de sus nuevas responsabilidades al modernizar y agilizar este departamento a su cargo. Noguera le tenía plena confianza hasta el día en que recibió de un funcionario un informe muy alarmante: dos hombres cercanos a García entraban al sistema sin auditoría alguna, cosa por demás sospechosa. Noguera no le dijo nada. Con  ayuda del Fiscal delegado en el DAS, se apresuró a ponerle una revisión secreta, hizo que su correo y teléfono fueran interceptados y que se siguiera de cerca el movimiento de sus fondos personales. Fue enorme su sorpresa cuando descubrió que gracias a lo obtenido por varias órdenes de captura canceladas y a prontuarios desaparecidos, García había comprado un penthouse en Santa Marta, un restaurante en Barranquilla, otro en Santa Marta, además de depositar fuertes sumas de dinero en la cuenta de su esposa. Detenido, Noguera citó a todo el personal del DAS en un patio. Contó lo ocurrido. "Yo lo traje y yo lo hice poner preso", dijo.

Hizo, pues, lo que cualquier hombre honesto habría hecho. Pero la prensa convirtió aquello en un escándalo y culpó a Noguera de llevar delincuentes al DAS. Y, por su parte, Rafael García, una vez juzgado y condenado a más de 25 años de cárcel, no tardó en descubrir que si lanzaba falsas y escandalosas "revelaciones", recogidas con estrépito por la prensa y tomadas muy en cuenta por la Fiscalía, lograba vengarse de Noguera, obtener rebajas de penas y hasta su libertad, como en efecto ocurrió. Empezó por confesarse miembro de las Autodefensas cuando nunca lo había sido ('Jorge 40' y demás jefes paramilitares lo desconocían por completo), para afirmar que en esa condición había sido llevado al DAS. La presión mediática desatada por semejantes declaraciones y una Fiscalía incapaz de valorarlas con frialdad determinaron la detención de Noguera.

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