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Pero García no se detuvo ahí. Tiempo después acusó a Noguera de haber forjado, en combinación con la CIA y el FBI, el asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson y de haber planeado un atentado contra el propio Chávez. Un absurdo que terminó derrumbándose. Pero ahí no terminó su satánico empeño. Luego afirmó con igual estrépito mediático que Noguera le había arrebatado al holandés Hendrik Vanviderbeek, su compañero de prisión en La Picota, un contrato de explotación petrolera para dárselo a la Drummond. Se trataba de otra venganza: Noguera era quien había hecho detener al holandés por lavado de dólares.
La ronda de mentiras y falsos testigos no acaba aún. Carlos Cataño, ex funcionario del DAS, detenido por la desaparición de su suegra, declaró que Noguera, delante suyo, le había entregado a 'Jorge 40' el 40 por ciento de los 12 millones recibidos por el DAS del Plan Colombia. Pequeño olvido: de ese Plan el DAS nunca recibió un peso.
De héroe a villano
Un caso quizás aún más escandaloso que el de Noguera es el del coronel Hernán Mejía Gutiérrez. Considerado el mejor oficial que tiene el Ejército, primer puesto de su promoción desde cuando entró en la Escuela Militar, condecorado en 1999 como el mejor combatiente de América en dos años seguidos, Mejía logró, como comandante del Batallón de Valledupar, acabar con la corrupción existente en esa unidad militar y emprender una lucha sin cuartel contra la guerrilla y los 'paras', con un resultado tan espectacular que Álvaro Uribe, al verla como un anticipo de su política de Seguridad Democrática, decidió desplazarse a Valledupar para iniciar su gestión como gobernante el 8 de agosto de 2002.
Hoy Mejía permanece detenido en el batallón número 13 de la Policía Militar. ¿Quién lo acusa? Un antiguo sargento llamado Segundo Guzmán que él hizo detener en noviembre de 2002 al descubrir que sustraía cartuchos de fusil para venderlos a los paramilitares. Condenado a 11 meses de cárcel, aquel sargento, luego de pagar su condena, se vinculó por entero a las AUC. Tres años después fue descubierto en Villavicencio con 39 mil cartuchos de fusil. De nuevo en prisión, encontró en la Ley de Justicia y Paz un recurso ideal para vengarse de su antiguo superior al afirmar que tenía vínculos con 'Jorge 40'. A tal punto la prensa creyó sus mentiras que la revista Semana desplegó en su portada la foto del coronel Mejía con el título de : "De héroe a villano". Y como supuesto villano, sigue detenido mientras el sargento, borradas sus culpas, se encuentra fuera del país, al parecer en Estados Unidos. Nunca aportó pruebas. Pese a sus sucios antecedentes, su palabra tuvo más peso que la del mejor militar de Colombia.
¿Extraño? De ningún modo. Es lo usual. Cuando no obra en ellos un propósito de venganza, los delincuentes pueden dar un falso testimonio en busca de beneficios. Sus víctimas son numerosas. El ex senador Gómez Gallo fue una de ellas. La acusación que precipitó su detención provino de una extraña confabulación. Antiguos miembros de las Autodefensas del Tolima, que no eran reinsertados sino capturados y condenados a largas penas en distintas cárceles, fueron reunidos en el patio 2 de la cárcel de Picaleña por el Director de Fiscalías Regionales. La manera de acogerse a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz, idea que sin duda les fue sugerida, era la de repartir cargos contra los congresistas de aquel departamento.
A Gómez Gallo le correspondió un tal 'Moisés', cuyo real nombre es José Wilton Bedoya. Condenado a 27 años, dijo haber sido testigo de un encuentro del Senador con un comandante de las Autodefensas de nombre Elías para que este, gracias a un pago de 300 millones de pesos, eliminara al representante Pompilio Avendaño. No era un crimen político. Se trataba, según 'Moisés', de un problema de faldas. "Se los pagué a Elías, que está muerto, para que matara a Pompilio, que está vivo", dice hoy Gómez Gallo con humor, luego de que 'Moisés' fuera incapaz de reconocerlo en La Picota y de que un honesto fiscal ordenara la preclusión de su caso.
Si un testigo falla, surge otro
Menos afortunado ha sido el ex senador Álvaro Araújo. Todos recordamos cómo fue detenido. Su coterráneo y aliado político Elías Ochoa aspiraba que, al cumplirse los cuatro años de su cargo como cónsul de Colombia en Barquisimeto, su esposa fuera nombrada en su remplazo. Furioso porque María Consuelo Araújo, hermana del senador, se negó a firmar en su condición de Canciller dicho decreto, lanzó contra los Araújo, padre e hijo, una acusación como responsables del secuestro de su hermano años atrás, acusación de la que luego, al ser tomada en serio por la Corte, se retractó. Semejante cargo, sin más base que un arrebato ocasional, iba a derrumbarse en el juicio del ex Senador, cuando en el recinto donde tenía lugar la audiencia apareció una misteriosa testigo protegida para dar un nuevo testimonio en su contra. Llamada Dioselina Ramírez, estaba a punto de ser condenada por el homicidio de una campesina, años atrás, cuando gracias al magistrado Iván Velásquez pudo obtener este privilegiado estatus con asilo en Canadá a cambio de un testimonio insignificante: había visto a Araújo reunido en un desayuno de campaña con el hermano de un paramilitar (contra quien nunca hubo cargos).
Testimonios igualmente deleznables, que en un país de justicia más rigurosa habrían ido a parar al cesto de basuras, mantienen detenido desde hace más de un año al coronel Alfonso Plazas Vega. Los he recordado en alguna columna de prensa. Proceden de dos individuos que jamás fueron subalternos suyos y que nunca participaron en el rescate del Palacio de Justicia. El primero, un individuo con antecedentes penales llamado Ricardo Gámez Mazuera, fue llevado por el padre Javier Giraldo -experto en la guerra jurídica contra los militares- a una notaría para registrar allí su declaración antes de abandonar el país. El segundo testigo, de apellido incierto (a veces se presenta como Villarreal, otras como Villamizar) apareció 22 años después de los sucesos del Palacio de Justicia y nunca pudo explicar cómo, en su condición de cabo del Ejército radicado en Villavicencio, podía dar un testimonio de alguna validez contra Plazas.