José Alberto Gutiérrez, bibliotecario

Parece increíble que exista alguien capaz de recoger tesoros en donde otros suelen botarlos. Pero esa es la fortuna de José Alberto Gutiérrez, conductor de un camión de la basura que recorre los encopetados barrios del norte de Bogotá. Y ese es un talento que ya es una leyenda en el gremio de los 'escobitas': cada vez que su furgón pasa por las calles de esas zonas de alto estrato, hasta sus mismos compañeros le colaboran con un grito de victoria: -¡José! -le chillan-: ¡libro! Libro. Sí, desde hace diez años, José Alberto Gutiérrez ha recolectado cerca de 8.000 de estos tesoros que alguien desechó y que estaban condenados a morir, como hojas secas, en algún relleno sanitario. Pero la verdadera gracia es el destino que este transportador de residuos le da a las publicaciones: la primera biblioteca pública del barrio La Nueva Gloria, en la localidad de San Cristóbal Sur. Él mismo la bautizó con un nombre que podría ser el de una novela épica: 'La Fuerza de las Palabras'.

Y la montó en la propia sala de su casa, adonde hoy acuden cientos de niños del barrio para comprobar el alcance de aquella fuerza. Allí tienen verdaderas joyas literarias que Gutiérrez ha ido consiguiendo en los barrios de alcurnia de la capital: desde una colección de ocho tomos sobre la primera y segunda guerras mundiales hasta un par de enciclopedias completas de Salvat y Cumbre, pasando por antologías exclusivas de obras de Borges y Cortázar. "Es increíble que la gente bote semejantes reliquias", dice.

Él las acoge en su camión de basura y las lleva, agonizantes y a veces heridas de muerte, hasta su refugio de letras. Su esposa, Esmeralda Gómez, es la restauradora de solapas y portadas, y la encargada de resucitar las hojas curtidas y las palabras moribundas.

Hoy José Alberto no recuerda muy bien cuál fue el primer ejemplar que recolectó en su trabajo, pero ya lleva 10 años armando la biblioteca. Solo afirma que es devoto de las obras de León Tolstoi, y que, una vez, un buen samaritano le regaló unos computadores usados y otra señora le obsequió unas estanterías de segunda mano dignas de un escritor. Con ellas nació 'La Fuerza de las Palabras', que es el centro de reunión de los habitantes del barrio. Por esta hazaña muchos en la zona le dicen líder, pero él, lejos de la modestia, prefiere que lo llamen 'ratón de biblioteca'.

Anuncios Google