Carlos Cobos Lozada, educador

Entre las curiosidades que pueden encontrarse si alguien busca en los salones de la Universidad del Cauca, está un aparatejo cibernético que sirve para hacer electroacupuntura a domicilio. Pero para Carlos Cobos, ese artilugio no es una locura de la automatización, sino una prueba de la habilidad del grupo de investigación que él lidera.

Desde que llegó a esa universidad, este profesor, que a la vez es director del programa de Ingeniería de Sistemas, ha revolucionado la manera de poner sus conocimientos al servicio de los alumnos. En sus clases, por ejemplo, no permite tomar apuntes: él mismo graba la clase en un DVD que les entrega al final. "Así no tienen excusa para distraerse", explica.

Pero su obsesión es la creatividad. Su grupo ha ganado varias Copas de la Imaginación, el evento que patrocina Microsoft para descubrir talentos criollos. También ha participado en los certámenes que organiza Colciencias, de donde han salido ideas y proyectos que envidiaría cualquier soñador, como el aparatejo de la acupuntura o el software para una Palm, mediante el cual se pueden presentar exámenes, realizar tareas y desarrollar procesos de aprendizaje.

Y hace unos meses, este inquieto profesor obtuvo una de las distinciones más importantes del mundo: el Centro Bibliográfico Internacional de Cambridge, con sede en Inglaterra, lo incluyó en la lista de los Principales Educadores del Mundo en el 2008, lo mismo que en el índice del libro 2.000 intelectuales del siglo XXI, que está a punto de ser publicado.

Ese reconocimiento ya le abrió las puertas al exclusivo club de los genios. Profesores de la Carnegie Mellon University lo invitaron a participar en un proyecto secreto, al cual sin embargo no pudo asistir por el problema que tienen todos los sabios: el bolsillo. El mismo inconveniente que por poco lo aleja de la universidad, el día en que terminó el bachillerato y quiso conseguir un trabajo para ayudar en el sostenimiento de su casa. Para fortuna de la ciencia, su padre lo obligó a matricularse en la Universidad Industrial de Santander para que estudiara Ingeniería de Petróleos, carrera que abandonó en el momento en que descubrió el valioso pozo de los sistemas de computación.

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