Johana Garzón, ambientalista

Cuando los estrictos encuestadores del Departamento Nacional de Estadística, Dane, le formularon en el más reciente censo la pregunta 33, que trata sobre el origen étnico, Johana Garzón respondió una palabra que debe haber producido un corto en las estadísticas: "muisca". Ese, asegura, es su linaje.

A pesar de haber nacido en Bogotá y vivir en un barrio popular, ella siempre sintió que su conexión con la tierra era de antes del Descubrimiento. Pero su propia revelación apenas apareció en 1997, cuando conoció el río que le cambiaría la vida: el Tunjuelito, en el sur de Bogotá. Frente a este afluente prometió que el objetivo de su existencia sería luchar por conservar el medio ambiente y lo poco que quedó de la Conquista.

Se metió a varios comités ecológicos y creó grupos preocupados por las aguas de los ancestros, como La Luciérnaga, que terminó adoptando un humedal del sector. Y precisamente caminando por el río descubrió su última obsesión: el barrio Mochuelo.

Allí creó la primera fundación para niños, a la que llamó Tunjueliñ@s, una escuela de pensamiento diseñada para fomentar el amor de los pequeños por esa corriente sagrada de agua. Y luego fundó Mochuelógic@s, un club ecológico que, aunque suena desconocido en Colombia, ha recibido distinciones hasta de la Comunidad Europea y del Fondo de Acción Ambiental de Estados Unidos.

Desde allí se promueven numerosas actividades y obras a favor del medio ambiente. Está, por ejemplo, el sendero ambiental, reconocido por seguir cuidadosamente el orden de la naturaleza. Y está la Maloka Cosmui (vocablo muisca), en donde se celebran desde encuentros con campesinos hasta eventos de agradecimiento al Sol. Todos en el barrio le dicen a este punto el 'mirador del sur'.

Está también la Biblioteca El Tunjo, especializada en letras para niños. Y está finalmente la Tienda Solidaria, que proclama tener una vida digna a bajo costo. Es una tienda en la que se vende ropa, calzado y otros artículos de segunda mano, en buen estado, que funciona mediante donaciones que hace la Corporación Ambiental SIE, personas particulares y organizaciones amigas del proceso. Aquí un pantalón o una camisa pueden valer desde 500 a 3.000 pesos, dependiendo de su estado. Este dinero es utilizado para cubrir las necesidades de la casa donde funcionan el club y la tienda, para actividades de los niños y para mostrarles, a los habitantes de Mochuelo Bajo, una opción de vida digna a bajo costo.

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