El cabo William Pérez fue secuestrado el 3 de marzo de 1998, durante la toma de las Farc a la base Tres Esquinas, en el sector de El Billar, Caquetá. Tenía ocho sobrinos y dos de sus siete hermanos solteros, pero el pasado 2 de julio, cuando fue liberado en la Operación Jaque, se encontró con 21 sobrinos y nuevos cuñados, porque hasta sus hermanas se casaron.
Su vida ha cambiado. Conoció los teléfonos celulares y la visa Schengen, pues en pocos meses se irá a estudiar Medicina en París, luego de un curso de enfermería de más de 10 años en la selva.
El cabo Pérez era el enfermero providencial que asistía a varios de los rehenes enfermos, e incluso a los guerrilleros que los custodiaban. "Cuando estaba en la selva, secuestrado, no veía en los demás a amigos o enemigos: solo a seres humanos, tal como nos han enseñado en el Ejército", dice. El cabo fue incluso quien le salvó la vida a la mismísima Íngrid Betancourt, su compañera de amarguras en la selva, y quien así lo reveló el día en que fue liberada. Pero es que aquella fue una labor propia de su naturaleza. "Ser soldado de Colombia es una vocación -dice-. Es entregar la vida completamente a proteger a los colombianos sin excepción".
Ese sacrificio fue reconocido hace apenas una semana con el Premio Nacional de Paz, que el cabo Pérez recibió en compañía del periodista Herbin Hoyos. Y fue distinguido porque fue el hombre que nunca intentó fugarse por quedarse al lado de sus compañeros de jaula que lo necesitaban en medio de la enfermedad. Porque fue el que calmó las fiebres del capitán Julián Ernesto Guevara, y quien lo asistió hasta sus últimos días. Y porque fue el que hizo comer a Íngrid Betancourt para animarla cuando casi la consume la hepatitis.
Al recibir el galardón, el enfermero de los cautivos, el que no se doblega ante las adversidades, mostró por qué se hizo merecedor de ella: "Yo les pido a los colombianos y a los franceses que se movilizaron tanto por nosotros, así como a la comunidad internacional, no olvidarse de los que aún siguen secuestrados. El olvido es peor que morirse en la selva", le dijo a la agencia AFP, en una declaración que le dio la vuelta al mundo. Esa es la imagen de un hombre valiente de 36 años que cuidó el cuerpo de los cautivos y les alivió el alma.