Cuando Nicole Jordan observa la Luna en cuarto menguante, es posible que le den ganas de reír. O también es probable que recuerde, con una mueca triste, la primera noche en que vio aquel 'satélite de queso' partido en dos y pensó que alguien lo había roto. Porque también había quebrado por la mitad su sueño más precioso: viajar a la Luna.
Tenía cuatro años y la fortuna de vivir en una casa campestre en La Calera, al oriente de Bogotá. Pero su buena suerte también era haber encontrado el camino hacia su ilusión: estudiar ingeniería aeroespacial. Se especializó en Ciencias Aeronáuticas y hoy, 23 años después, ha hecho una carrera literalmente cósmica: trabajó en el Centro de Investigación Nasa Ames, en California (Estados Unidos), donde participó en el diseño de los motores y la cabina de un jet para transporte, y fue la ingeniera responsable de la implementación de un simulador para aeronaves.
Su trabajo tiene algo de magia: hace flotar astronautas como oficial entrenadora en gravedad cero en la Fundación X Prize, que estimula el desarrollo de la industria privada del espacio. Pero además, desde enero de 2006, se desempeña como gerente de Operaciones de Cohetes del Lunar Lander Challenger, una entidad que diseña prototipos capaces de pisar el suelo lunar.
Y ya está muy cerca de su sueño. Gracias a su experiencia, conocimiento, edad y su salud, está anotada en la lista de espera para ser especialista de misión de los vuelos tripulados de la Nasa. Cuando la revista Aló la destacó hace un par de meses como una 'mujer BIT' (berracas, inteligentes y toderas), ella confirmó aquella ilusión: "Quiero seguir -dijo- como operadora de cohetes, porque es lo que más me gusta. Aspiro a seguir en el camino para llegar a ser astronauta, tanto por el lado de la Nasa como por el privado".
Lo bueno es que Jordan refleja en su trabajo por qué es una líder, incluso más allá de la atmósfera: "Quiero ser una especie de embajadora del espacio de mi país". Una labor que enseña que no hay límites en la vida y mucho menos en el espacio.