"Las ráfagas de la ametralladora no me dejaban mover, el radioperador me jaló de en medio del fuego y me recostó contra las rocas. Ahí yo ya sabía que no tenía las piernas". Este crudo relato es el del mayor Daniel Humberto Carrera y sucedió cuando el oficial del Ejército, en una operación antiguerrilla, pisó una mina antipersona que le destrozó las extremidades de las rodillas hacia abajo.
Fue una agonía de cinco horas hasta que en una camilla improvisada con camisas, sus soldados lo pudieron llevar hasta donde aterrizó un helicóptero. Despertó cinco días más tarde en el Hospital Militar de Bogotá. Hoy, 11 años después, este pastuso de 36 años anda sobre unas prótesis con un impresionante desparpajo. Por algo es el subdirector de la Escuela de Operaciones Psicológicas del Ejército y su seguridad en sí mismo hasta le permite bromear: "A los médicos les digo que menos mal me quitaron dos piernas y no otras dos cosas".
Y la prueba de que aún tiene esas otras dos cosas, y bien puestas, no solo son sus dos hijos sino la terquedad que tuvo para que lo dejaran continuar en el Ejército. En realidad, la junta médica que analizó su caso le diagnosticó una incapacidad del 95,7 por ciento, pero en los Estados Unidos le reconstruyeron los huesos con titanio y hasta le implantaron un chip que reconoce los movimientos de la rodilla. Por eso fue aceptado nuevamente en la Escuela Militar, en donde comenzó a fructificar un proyecto que hoy es su obsesión: diseñar una prótesis impermeable, pero que además sea fija. "El Ejército me mandó a estudiar Ingeniería Mecatrónica y pude perfeccionar mi proyecto", dice. Y su tesis tiene el título que describe por fin su triunfo: 'Prótesis tibiales para medio acuático'.
Las prótesis del futuro en el país estarán, sin duda, basadas en su experiencia. Ya el Hospital Militar quiere hacer pruebas con el invento que ayudará a muchos a ganarle una batalla al destino. Ojalá así sea