El caso emblemático de Trujillo: Una Tragedia que no Cesa

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El grupo de trabajo de Memoria Histórica (MH) de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) entrega hoy a la sociedad colombiana su primer informe: Trujillo: Una Tragedia que no Cesa. Este informe se realizó dentro de los marcos normativos de la ley 975 de 2005 (Ley de Justicia y Paz), de la jurisprudencia de la Corte Constitucional y de los estándares jurídicos internacionales en torno a los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Este informe busca contribuir, también, al cumplimiento del deber de memoria del Estado.

Sobre Memoria Histórica

Memoria Histórica es un área de investigación de la CNRR que tiene como misión elaborar una narrativa integradora e incluyente, en sintonía con las voces de todas las víctimas, sobre el origen y la evolución del conflicto armado interno en Colombia.

La CNRR ha delegado el mandato legal al Grupo de Trabajo de Memoria Histórica, otorgándole para ello autonomía metodológica y operativa. Esta autonomía es condición para el ejercicio de reconstrucción de la verdad de lo sucedido en Colombia ajustado a criterios de independencia académica, rigor científico y veracidad.

El grupo busca con su trabajo contribuir al conocimiento de las distintas "verdades" y "memorias" de la violencia en el país, teniendo en cuenta las diferencias de género, etnia e identidades políticas y sociales. En segundo lugar busca fomentar una cultura de la legalidad y la convivencia, e incidir positivamente en la resolución política de la confrontación armada y la reconciliación. Mediante la formulación de propuestas de política pública, finalmente, MH busca propiciar el ejercicio efectivo de los derechos a la verdad, la justicia, la reparación y fortalecer las garantías de no repetición.
Dada la magnitud del universo de estudio y los retos que enfrenta, MH ha optado por acompañar la narrativa general del conflicto con una selección de casos emblemáticos. Estos casos son lugares de condensación de procesos múltiples que se distinguen no sólo por la naturaleza de los hechos, sino también por su fuerza explicativa.
No se trata en todo caso de una comisión de la verdad como las que se han conocido en otras latitudes, puesto que no tiene funciones ejecutivas, no adelanta tareas de reparación y no tiene competencias judiciales. La Ley no lo previó así, ni cuenta MH con los instrumentos para hacerlo. Pero las tareas del grupo pueden sentar las bases para una eventual Comisión de la Verdad.

De este informe hacen parte el audiovisual Trujillo: una gota de esperanza en un mar de impunidad, la narrativa fotográfica Experiencias de Violencia, Memorias de Vida y las recomendaciones de política.

El informe se aquí se presenta es un primer eslabón de una cadena de acciones que debe comprometer múltiples organismos estatales, así como a las más diversas organizaciones y expresiones de la sociedad colombiana. El informe es un lugar de encuentro entre los derechos de las víctimas, las responsabilidades y los deberes del Estado y la sociedad.

Colombia : Una Guerra de masacres

Colombia ha vivido las últimas décadas en luto permanente. Masacres y otras formas de violencia colectiva con diversas magnitudes, intencionalidades y secuelas han ensangrentado la geografía nacional. Entre 1982-2007 el Grupo de Memoria Histórica ha establecido un registro provisional de 2505 masacres con 14.660 víctimas. Colombia ha vivido no sólo una guerra de combates, sino también una guerra de masacres. Sin embargo, la respuesta de la sociedad no ha sido tanto el estupor o el rechazo sino la rutinización y el olvido.

El municipio de Trujillo, en el Norte del departamento del Valle, ha sido escenario de esa violencia múltiple y continuada, y también de nuestra amnesia. No sólo sus vecinos del orden regional desconocen o han olvidado lo sucedido, sino que más aún, respecto a esos eventos existe lo que pudiéramos llamar una desmemoria nacional, como en efecto lo han resentido las víctimas. Volver la mirada a Trujillo es entonces un primer ejercicio en la misión de convocar la solidaridad ciudadana y mostrarle al país que los hechos de Trujillo pertenecen al pasado nacional. Trujillo es en más de un sentido Colombia. Es preciso interpelar por tanto no sólo al Estado, sino también a toda la sociedad por los silencios y los olvidos que prosperaron en torno a la masacre; por haberse negado a aceptar lo que parecía inenarrable, inaceptable o imposible, pero que en verdad era muy real.

La masacre es una de las formas en las que se expresa la degradación de la guerra, y el desprecio de los 'guerreros' por la población civil. La violencia rompe los lazos sociales y doblega sicológicamente a las víctimas. En efecto, en Trujillo los homicidios, torturas y desapariciones forzadas produjeron el desplazamiento y desarraigo de pobladores de muchas veredas; la destrucción e incluso liquidación de núcleos familiares; la desarticulación de las organizaciones campesinas, y otras formas de acción colectiva; y hasta la muerte por diversas causas indirectas (incluso por causas emocionales, la 'pena moral') de numerosos sobrevivientes y sus familias. En el plano sociopolítico la masacre cumplió los múltiples objetivos de los perpetradores: bloqueo a la estrategia insurgente en la zona; neutralización de la potencial acción colectiva de los campesinos; e instauración de un verdadero contrapoder que continúa vivo aún hoy día.

Frente a todo esto 'No se puede continuar viviendo como si no hubiera pasado nada'. Explicar y procesar los hechos traumáticos es un ejercicio indispensable para los individuos y para las sociedades.

Una nueva narrativa de los hechos es necesaria no sólo para las víctimas y sus comunidades, sino para la sociedad colombiana en general. La reconstrucción de la memoria histórica en escenarios como este cumple una triple función: de esclarecimiento de los hechos, haciendo visibles las impunidades, las complicidades activas, y los silencios; de reparación en el plano simbólico al constituirse como espacio de duelo y denuncia para las víctimas; y de reconocimiento del sufrimiento social y de afirmación de los límites éticos y morales que las colectividades deben imponer a la violencia.

Un importante logro para los objetivos de este trabajo sería que al cabo de éste el público lector "pudiera recordar lo que no ha vivido...porque le ha sido trasmitido en el relato".

Son muchas las razones para volver a Trujillo. A casi 20 años de la masacre y 10 de la aceptada responsabilidad del Estado en los hechos, la violencia en Trujillo continúa y los compromisos del Estado con la comunidad local y de víctimas siguen inconclusos. Es preciso volver a Trujillo porque aun no se ha hecho justicia. Al día de hoy no existe ninguna condena a los perpetradores de la Masacre. Hay que volver a Trujillo porque siguen registrándose numerosas víctimas y la comunidad es constreñida por viejos y nuevos actores criminales, como las conocidas bandas del Norte del Valle, 'Los Machos' y 'Los Rastrojos' . Es también imperativo volver a Trujillo porque la memoria de las víctimas sigue siendo atropellada: cuatro atentados ha sufrido el Parque Monumento a las víctimas. El último de ellos en enero del presente año fue la profanación a la tumba del Padre Tiberio Fernández, considerado el gran pastor y líder comunitario de la zona. La masacre de Trujillo es una masacre continua.

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