Trujillo: una tragedia que no cesa

El 23 de marzo de 1990, paramilitares asesinaron en Trujillo a tres miembros de la familia Cano Valencia y a un trabajador de su finca . Foto: Juan B. Díaz

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A los Cano Valencia les habían llegado rumores de que en las veredas de Cristales, Salónica y Playa Alta, en Trujillo, Valle, paramilitares al servicio de los narcotraficantes Henry Loaiza, 'el Alacrán',  y de Diego Montoya, 'Don Diego', descuartizaban gente con motosierras y machetes, o la usaban como blanco de tiro, con ayuda de miembros del Ejército y la Policía.

El 23 de marzo de 1990, los rumores se convirtieron en realidad. Cerca de las 8:00 p.m., en medio de un fuerte aguacero, un grupo de paramilitares y efectivos del Ejército llegó a La Argelia, la finca de los Cano en La Sonadora, una vereda entre Trujillo y Riofrío. Ángela Valencia de Cano, de 70 años, debió soportar, parada en el corredor de su casa, los gritos de dolor de su hijo José Dorniel Cano mientras era torturado en la alcoba principal, y ver cómo 10 hombres ataban de pies y manos a sus otros dos hijos, Rubielider y José Alvem, y a Ricardo Burbano, un trabajador de la finca.

Sus gritos de misericordia solo obtuvieron como respuesta golpes en la cara. El hombre que la encañonaba con una pistola le dio varias veces con la cacha. A José Dorniel lo molieron a golpes, le amputaron los dedos y le arrancaron los testículos con un arpón. Cuando estaba al borde de la inconsciencia  porque no habían logrado sacarle información, los victimarios dejaron la habitación y amenazaron con asesinarlos a todos. Ángela oyó tres disparos. Tendida en el corredor, supo que sus hijos estaban muertos. José Dorniel se desangró. Dejó una viuda y siete huérfanos.

El resto de la familia, que dormía en otra casa en la parte alta de la finca, se despertó con las detonaciones. El padre, Ramón Cano, bajó y, horrorizado con la escena, no volvió a comer. Murió de inanición dos meses y medio después. El resto de los sobrevivientes -hermanos, viudas e hijos- huyeron hacia Cartago, Tuluá y Sevilla. Ángela fue obligada días después a vender la finca por menos de la mitad de su precio y se desplazó luego a Sevilla. Nunca más la familia volvió a estar junta. 

Ángela denunció la matanza pero las autoridades no solo no le prestaron atención, sino que le recomendaron guardar silencio. "Para que su vida no corra peligro", le dijeron.

La masacre de La Sonadora fue solo una de las 26 cometidas por paramilitares en Trujillo, Bolívar y Riofrío entre 1988 y 1994. Murieron 342 personas, la mayoría de ellas torturadas y degolladas con motosierras, y 86 fueron desaparecidas.

La masacre fue denunciada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, que en 1995 condenó al Estado colombiano por 64 muertes, entre ellas las de los Cano  y el trabajador Burbano, pero el Gobierno solo reconoció 34. No estaban entre ellas las cuatro de la familia Cano.

La misma

Ángela murió en junio de 2005, viviendo como desplazada. Dejó este mundo sin que la Justicia terrenal hubiera condenado a uno solo de los responsables. Sin embargo, poco antes de morir le relató los hechos a su familia. Este relato es el que ahora, 18 años después de la masacre, conoció CAMBIO por boca de sus descendientes.

La familia se reunió el 28 de agosto en la casa que el Gobierno le dio a María García, la viuda de José Dornier, dentro del programa de reparación colectiva de las víctimas de Trujillo. Ella cuenta que desde ese 23 de marzo de 1990, no ha tenido paz. Las amenazas no han cesado y han tenido que vivir como gitanos de pueblo en pueblo por el Valle y el Eje Cafetero, huyendo de los victimarios. Victimarios que unas veces se llaman narcotraficantes y otras tantas autodefensas del bloque Calima, y más recientemente 'Los Rastrojos' y 'Los Machos'.

Aldenivier y Dorneyber -hijos de María y José Dornier- recuerdan que en mayo de 2000 varios hombres de Éver Veloza, 'H.H', entonces jefe del bloque Calima, llegaron a Las Golondrinas, una finca en Sevilla donde el Gobierno los había ubicado. Los obligaron a salir corriendo con otras siete familias hacia Calarcá. "¿Por qué? -se pregunta Aldenivier-. La finca de la abuela ya nos la habían quitado. ¿Entonces sería para vivir cerca de las fincas de los 'narcos' donde descuartizaban gente?".

Cansada de vivir errante, la familia regresó a Trujillo. Pero volvieron las amenazas. Dorneyber muestra un papel con la última que recibieron hace dos semanas. Es de 'Los Rastrojos', la banda emergente que hace presencia en Trujillo junto con  'Los Machos' .

"Esta vez no vamos a correr, aunque nuestro padre nos diría que la vida está por encima de todo -dice el joven-. Nos persiguen pero tenemos que ponerle punto final a esto".

María cree tener una explicación: los victimarios quieren impedir que denuncien la matanza porque entre los verdugos está 'el Alacrán', preso desde 1995 por narcotráfico, y ahora investigado por la masacre en Trujillo.

Este año, en dos audiencias públicas en Buga negó haber participado en las muertes de Trujillo (ver recuadro). Las víctimas lo desmienten: " 'el Alacrán' y 'Don Diego' son los culpables", dicen. Y María agrega: "A las víctimas no nos dejaron entrar, pero en cambio la familia de 'el Alacrán' estaba allá sentadita en primera fila".

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