Agosto 27 de 2008

País de 'metelones'

Alarma por drogas: uno de cada 100 colombianos abusa de ellas y 19 de cada 100 universitarios consideran normal su consumo.

"Al principio me gustaba la marihuana, a los 14 años descubrí la cocaína y hoy, a los 19, se ha convertido en parte de mi vida -dice Carlos-. La he querido dejar y juro que lo he intentado varias veces pero no he podido. Hoy las cosas son cada vez más difíciles para mí, sé que me va a acabar y no la puedo detener". Casos como este son el pan de cada día en los centros de rehabilitación de drogadictos.

Colombia, que ha hecho carrera como país productor de droga, se ha convertido también en país consumidor. Así lo revelan estudios epidemiológicos realizados en los últimos 15 años, entre ellos los de la Dirección Nacional de Estupefacientes (1992 y 1996); el del programa presidencial Rumbos (2001); el Estudio Nacional de Salud Mental de la OMS (2003); la Encuesta Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en escolares (2004) y la Encuesta Nacional de Salud (2007), que acaba de ser revelada.

Los informes no son comparables porque se han hecho con diferentes metodologías y con poblaciones distintas, pero indican que el problema ha aumentado en los últimos 15 años. "No solo es cuestión de percepción -asegura Carlos Cuervo, viceministro de Salud y Bienestar del Ministerio de Protección Social-. El consumo de drogas es una realidad que creció tanto que se nos salió de las manos y ahora necesitamos ponerle un remedio urgente porque lo que está en juego es el futuro de Colombia".

En cuanto a sustancias psicoactivas, al igual que en muchos otros países del mundo, los diferentes estudios indican que las de más alto consumo son el alcohol y el cigarrillo, seguidos por la marihuana, que aparece como la sustancia ilícita más consumida por ambos géneros y en todos los estratos socioeconómicos. Conocedores del tema  sostienen que el cigarrillo y el alcohol son la puerta de entrada al consumo de sustancias psicoactivas ilegales como la marihuana, la cocaína, el basuco, la heroína y drogas sintéticas como el éxtasis (presenta un consumo creciente especialmente entre jóvenes), y el 'popper'. "Hemos comprobado que el ciclo adictivo arranca con un simple cigarrillo, pasa al alcohol y termina con una droga más fuerte", señala Cuervo.

Así lo corrobora Jorge, un estudiante de Arquitectura de 23 años: "La primera vez que fumé estaba en quinto de primaria, al terminar el bachillerato ya había probado la marihuana y al llegar a la universidad conocí la cocaína. Y desde ahí he probado casi todo". Lo triste, dice Cuervo, es  que muchas veces todo empieza en las casas. "Los padres no ven nada malo en que su hijo se tome un trago o fume en una reunión familiar, cuando ese puede ser el comienzo de algo muy grave".

El alcohol es la sustancia que más consumen los colombianos -70 por ciento- y su ingesta viene creciendo: uno de cada 15 abusa del alcohol y uno de cada 200 depende de él. El uso es creciente entre las mujeres y en jóvenes en general. Con respecto al tabaco, poco han servido las campañas de prevención: siete de cada 10 adultos fuman y mezclan el cigarrillo con el alcohol. Entre los jóvenes, seis de cada 10 estudiantes de bachillerato lo han probado y de ellos el 50 por ciento confiesa que fuma actualmente.

En cuanto al consumo de sustancias ilícitas, las investigaciones indican que la marihuana ocupa el primer lugar y que este va en ascenso. Si entre 1992 y 1996 la cifra estaba en 5 por ciento y en 2003 era de 11 por ciento, según la Encuesta de Salud Mental, hoy, a juicio de los expertos, podría rondar el 20 por ciento.  "Las muestras de los estudios son distintas pero todos indican que la marihuana es la sustancia ilegal de mayor consumo, seguida por la cocaína, que también refleja una tendencia ascendente", afirma Cuervo. 

Según cifras globales, 10 de cada 100 colombianos reconocen que han probado algún tipo de droga ilegal; uno de cada 100 abusa de alguna de ellas; siete de cada 100 estudiantes menores de edad han tenido contacto con ellas alguna vez y 19 de cada 100 universitarios consideran normal su consumo. "La situación es alarmante y lo peor es que no existe un doliente que permita diseñar una política para atacar el fenómeno", sostiene el médico toxicólogo Camilo Uribe, vicepresidente mundial de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife) y que, como miembro de la Academia Nacional de Medicina, está al frente de la organización del primer foro sobre Consumo de sustancias psicoactivas ilícitas y su perspectiva en la Salud Pública (agosto 29 y 30).

De todo un poco

La realidad del consumo es innegable, y si bien la marihuana y la cocaína son las drogas que 'pican en punta' entre los consumidores, los expertos sostienen que el abuso de basuco y heroína, con índices que no superan el 2 por ciento, son hoy el principal motivo de ingreso a tratamientos de rehabilitación. "El basuco subió de estrato y ahora no solo lo compran personas de muy bajos niveles sociales sino ejecutivos y profesionales de estratos altos", asegura Uribe. Esto lo confirma un estudio del Ministerio de Protección, pero según Aldemar Parra, asesor de la Política Nacional para la Reducción del Consumo, "Son muy pocos los que de verdad aceptan que son adictos pese a que su uso viene creciendo". Para Parra esto demuestra que hay subregistros en la materia y que el problema podría ser más grave .

"La realidad es otra -asegura-. El basuco y la heroína son drogas muy adictivas".

Según la Corporación Nuevos Rumbos, el consumo se ha diversificado y los compradores tienden a usar un mayor número de sustancias -marihuana, cocaína, solventes e inhalables, tranquilizantes-. "Los que deciden aventurarse en el mundo de las drogas quieren probarlo todo y casi todos tienen menos de 20 años", dice Augusto Pérez, director de la Corporación.

En general, los jóvenes no se "casan" con una sola droga y prefieren experimentar con varias de diversas características. Margarita, actualmente en rehabilitación, cuenta que nunca dejó una droga por otra: "Las usaba todas al tiempo, fumaba dos cigarrillos de marihuana diarios y metía 'perico' día de por medio, lo mismo que 'sacol' -dice-. El 'popper' era para las rumbas; el opio solo cuando podía pagarlo y también comía pepas, pero las bajaba con trago para que se estallaran en el estómago e hicieran efecto".

Según el psiquiatra Rodrigo Córdoba, vicepresidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, difícilmente hoy se encuentran jóvenes adictos a una sola sustancia. Sostiene que muestreos hechos en distintos países indican que en el 75 por ciento de los consumidores existe abuso de más de una sustancia. "A diferencia de los años ochenta cuando el consumo era básicamente de marihuana, hoy predomina el policonsumo: mezclan y abusan de varias sustancias tóxicas -explica Carlos Martínez,  psiquiatra experto en adicciones-. Lo preocupante es que son los jóvenes los que están en esta onda y los que experimentan con toda clase de sustancias sintéticas cuya calidad, concentración y composición se desconoce, lo que pone en grave riesgo su salud".

Conocedores del tema destacan con preocupación que el mercado de las drogas está invadido por sustancias que generan más dependencia a largo plazo. Hoy el verbo experimentar se conjuga con fármacos de uso psiquiátrico, antidepresivos, esteroides anabólicos, tratamientos hormonales y hasta medicamentos de uso veterinario, como el anestésico ketamina. "La gente está metiendo de todo y hemos encontrado casos de niños de nueve años consumiendo productos de limpieza -relata el toxicólogo Uribe-. La situación es alarmante pues lo que buscan es sentir reacciones distintas en su cuerpo y no hay controles legales que impidan estos nuevos consumos".

Según la Encuesta Nacional de Salud (2003), el 2,3 por ciento de los encuestados aceptó que usaba este tipo de drogas y, un año después, la Encuesta Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas, hecha con escolares, indicaba que la cifra se había cuadruplicado: 9,9 por ciento. Hoy el porcentaje puede estar en 20 por ciento. En buena parte, el crecimiento se debe a las facilidades de acceso. 

CAMBIO averiguó con jóvenes de entre 14 y 19 años sobre el consumo de este nuevo tipo de drogas y comprobó que conseguirlas es muy sencillo. No solo sus ingredientes pueden adquirirse en droguerías, supermercados o en ciberfarmacias en Internet, sino que los traficantes las comercializan en presentaciones sencillas que van desde pastillas hasta parches, y al principio las regalan para estimular la compra. "Uno escribe a una de esas páginas de Internet y le llegan a domicilio sin que nadie pregunte ni diga nada -cuenta Mónica, de 18 años-. Por eso consumirlas no es sorpresa, la sorpresa es no hacerlo con tantas facilidades". 

Muy pronto

Aparte del fácil acceso y de la amplitud de la oferta, uno de los aspectos más graves es que el consumo está empezando a edades muy tempranas. Si en 1993 el de alcohol, cigarrillo y sustancias ilícitas como la marihuana y la cocaína empezaba en la adolescencia, hoy la edad de inicio es en la preadolescencia, entre 10 y 11 años de edad.

Según el informe del Observatorio de Drogas de Colombia (2005) de la Dirección Nacional de Estupefacientes, los jóvenes consumen drogas como reacción a las dificultades relacionadas con la violencia, la falta de oportunidades, el abandono y el abuso sexual en la mayoría de los casos, pero también está asociado con la permisividad social y la búsqueda de nuevas experiencias. "Las principales causas son la curiosidad, los amigos, la poca atención de los padres, la tecnología y el deseo de escapar de su realidad -asegura Carlos Jiménez, psicólogo juvenil experto en drogadicción-. El problema es que cuando descubren que la droga no soluciona sus problemas sino que los empeora, ya son adictos". Otra de las grandes preocupaciones es que los jóvenes están entrando muy pronto en contacto con las drogas porque los 'jíbaros' los utilizan como correos. "Hay casos aterradores de niños de solo 10 años con problemas de adicción debido a que les regalan muestras de drogas muy adictivas como la heroína -señala el viceministro Cuervo-. Apenas la prueban, la mayoría de ellos no tiene salida".  Otra tendencia que muestran las investigaciones es la disminución de la brecha entre géneros. Si hace 15 años el consumo era predominantemente masculino, hoy de cada cinco adictos a drogas legales como el tabaco y el alcohol, una es mujer; y en el caso de las ilegales, una de cada 10. "El cambio del papel de la mujer en la sociedad se manifiesta también en el uso de drogas -explica el sociólogo Juan Rincón-. Las mujeres han logrado gran independencia, mayores ingresos y mayor autonomía y eso les ha permitido acortar la brecha con los hombres".

Para rematar, el problema no se presenta sólo en las grandes ciudades -Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla- sino también en ciudades intermedias como Armenia, Bucaramanga, Pereira y Manizales. "Pensar que la drogadicción es un problema de las grandes ciudades es un error -sostiene el toxicólogo Uribe-. Hoy consumen desde el 'raspachín' que cultiva coca, hasta el alto ejecutivo de la capital". También lo hacen en lugares antes impensables: colegios y universidades. "El hecho de que una universidad como la de Manizales esté destinando lugares para consumo, demuestra que los hábitos han cambiado", asegura el asesor Aldemar Parra. 

El panorama es crítico desde donde se lo vea: desde los daños que causa al adicto y a su familia, hasta los costos para el sistema de salud. Los expertos calculan que de cada 100 pesos del sistema, 5 van a programas de tratamiento y rehabilitación de drogadictos. "Es duro decirlo, pero millonarios recursos que deberían ir a los más necesitados terminan en atención de problemas de drogas que hubieran podido evitarse con  prevención", sostiene el viceministro Cuervo. 

Cuervo pone el dedo en la llaga: prevención. Una estrategia que fue abandonada porque al tema le han dado un enfoque basado en la represión -de ahí la insistencia del Gobierno en penalizar de nuevo la dosis personal-. Mirar el consumo desde la represión y no desde la prevención, sumado a la ausencia de una política pública contra este y de una institución que la oriente, han contribuido al crecimiento del problema en los últimos 15 años. "El país se dedicó sólo a controlar el tráfico y olvidó el consumo -dice Cuervo-. Ahora lo que buscamos es promover el control de la demanda y por eso desde 2007 tenemos una política para su reducción".

Un poco tardía pero más vale tarde que nunca, pues es preocupante que el consumo de sustancias ilícitas siga en aumento y que no se haya visto afectado por la extinción de los grandes carteles de la droga. 

PROYECTO SOBRE LA DOSIS PERSONAL

El Gobierno radicó el 20 de julio su anunciado proyecto de acto legislativo 016 que reformaría, de ser aprobado por el Congreso, el artículo 49 de la Constitución Política. La iniciativa busca penalizar de nuevo la dosis personal y plantea sanciones no privativas de la libertad a quienes porten o consuman sustancias estupefacientes o psicotrópicas para uso particular. Habla de fines resocializadores y rehabilitadores y señala que el Estado dedicará especial atención al adicto y a su familia. Afianza el concepto de que usar, portar y almacenar drogas está prohibido y plantea fuertes sanciones para quienes consuman drogas frente a menores. También propende por el fortalecimiento de valores y principios en beneficio de la salud e impulsa campañas de prevención contra el consumo de drogas y en favor de la recuperación de los adictos. Es la cuarta vez que el Gobierno presenta al Congreso una iniciativa para sancionar la dosis personal.

HAY QUE PROHIBIR
Rodrigo Rivera

Ex candidato  presidencial

La frontera entre libertad y libertinaje se traza exactamente donde comienzan los derechos del otro. Cada quien tiene derecho a hacer con lo suyo cuanto quiera... mientras no afecte a los demás. Esa fue la filosofía con la que presenté y defendí ante el Senado la que se convirtió en la Ley 745 de 2002, "Por la cual se tipifica como contravención el consumo y porte de dosis personal de estupefacientes o sustancias que produzcan dependencia". La idea era proteger a terceros inocentes, especialmente niños, y actuar con energía y rapidez para evitar que Colombia, además de productor, se convirtiera en un paraíso (¿o infierno?) del consumo de drogas. 

Si está prohibido consumir licor o fumar en ciertos sitios, ¿por qué tanto escozor cuando se pretende extender esa prohibición a las drogas "en presencia de menores de edad" (Art. 1) o "en su domicilio y con riesgo grave para la unidad y el sosiego de la familia" (parágrafo Art. 1) o  "en establecimientos educativos o en lugares aledaños a los mismos o en el domicilio de menores" (Art. 2). Sorprende que una idea así tenga resistencia. Pero la tuvo en el Congreso, en la Presidencia de entonces y en la Corte Constitucional, que declaró inexequible el artículo 5 que establecía la competencia y el procedimiento para castigar las nuevas contravenciones. Y luego ha tenido una sorprendente "operación tortuga" del Ejecutivo que por seis años no ha logrado hacer cumplir la ley. Así que el asunto es simple pero lo que se requiere es  voluntad política: que el Gobierno entienda que no hace falta cambiar la Constitución ni la ley sino aplicar ya, sin más excusas, una norma  vigente pero "desaparecida" desde el año 2002.

PENALIZAR ES UN ERROR
Armando Benedetti

Senador

Una de las enfermedades del nuevo milenio es la drogadicción. El Instituto de Drogas de los Estados Unidos la define como una afección crónica del cerebro, atribuyéndose en un 50% a factores genéticos que se activan durante la vida. Así que la lucha contra la adicción debe darse desde el campo preventivo, precisamente para inhibir estos factores de riesgo.

Según la Encuesta Nacional para el Consumo de SPA (2001) la edad de inicio en las drogas en Colombia es de 14,8 años para la marihuana y la cocaína, y de 14,4 años para la heroína. Con situaciones extremas como Arauca y San Andrés que registran edades promedio de 11 y 10 años, respectivamente.  Así las cosas, nuestros niños y adolescentes son quienes más sufren el flagelo de la droga, exigiéndose una labor irrenunciable del Estado en este sentido, desde la prevención escolar.

El hombre a las enfermedades responde según sus posibilidades científicas: los leprosos, en los albores de la medicina, debían llevar una campana para avisar su llegada, y en la Edad Media  los reyes decían poseer poderes curativos y con  "el rey te toca y Dios te cura", el enfermo podría sanar.

Hoy los países avanzados en políticas para el consumo de las drogas esperan que el genoma humano dé respuestas más efectivas para conducir sus programas de prevención y tratamiento.  Colombia, por el contrario, planea penalizar el consumo de dosis mínima de drogas, remembrando a la Edad Media en la que "el juez te condena y la ley te cura", ello en penosa contravía de los actuales dictámenes de la ciencia y la técnica. No podemos devolvernos a la época en que trataban como delincuentes a los enfermos, menos si pueden ser niños.

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