País de 'metelones'

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Según el informe del Observatorio de Drogas de Colombia (2005) de la Dirección Nacional de Estupefacientes, los jóvenes consumen drogas como reacción a las dificultades relacionadas con la violencia, la falta de oportunidades, el abandono y el abuso sexual en la mayoría de los casos, pero también está asociado con la permisividad social y la búsqueda de nuevas experiencias. "Las principales causas son la curiosidad, los amigos, la poca atención de los padres, la tecnología y el deseo de escapar de su realidad -asegura Carlos Jiménez, psicólogo juvenil experto en drogadicción-. El problema es que cuando descubren que la droga no soluciona sus problemas sino que los empeora, ya son adictos". Otra de las grandes preocupaciones es que los jóvenes están entrando muy pronto en contacto con las drogas porque los 'jíbaros' los utilizan como correos. "Hay casos aterradores de niños de solo 10 años con problemas de adicción debido a que les regalan muestras de drogas muy adictivas como la heroína -señala el viceministro Cuervo-. Apenas la prueban, la mayoría de ellos no tiene salida".  Otra tendencia que muestran las investigaciones es la disminución de la brecha entre géneros. Si hace 15 años el consumo era predominantemente masculino, hoy de cada cinco adictos a drogas legales como el tabaco y el alcohol, una es mujer; y en el caso de las ilegales, una de cada 10. "El cambio del papel de la mujer en la sociedad se manifiesta también en el uso de drogas -explica el sociólogo Juan Rincón-. Las mujeres han logrado gran independencia, mayores ingresos y mayor autonomía y eso les ha permitido acortar la brecha con los hombres".

Para rematar, el problema no se presenta sólo en las grandes ciudades -Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla- sino también en ciudades intermedias como Armenia, Bucaramanga, Pereira y Manizales. "Pensar que la drogadicción es un problema de las grandes ciudades es un error -sostiene el toxicólogo Uribe-. Hoy consumen desde el 'raspachín' que cultiva coca, hasta el alto ejecutivo de la capital". También lo hacen en lugares antes impensables: colegios y universidades. "El hecho de que una universidad como la de Manizales esté destinando lugares para consumo, demuestra que los hábitos han cambiado", asegura el asesor Aldemar Parra. 

El panorama es crítico desde donde se lo vea: desde los daños que causa al adicto y a su familia, hasta los costos para el sistema de salud. Los expertos calculan que de cada 100 pesos del sistema, 5 van a programas de tratamiento y rehabilitación de drogadictos. "Es duro decirlo, pero millonarios recursos que deberían ir a los más necesitados terminan en atención de problemas de drogas que hubieran podido evitarse con  prevención", sostiene el viceministro Cuervo. 

Cuervo pone el dedo en la llaga: prevención. Una estrategia que fue abandonada porque al tema le han dado un enfoque basado en la represión -de ahí la insistencia del Gobierno en penalizar de nuevo la dosis personal-. Mirar el consumo desde la represión y no desde la prevención, sumado a la ausencia de una política pública contra este y de una institución que la oriente, han contribuido al crecimiento del problema en los últimos 15 años. "El país se dedicó sólo a controlar el tráfico y olvidó el consumo -dice Cuervo-. Ahora lo que buscamos es promover el control de la demanda y por eso desde 2007 tenemos una política para su reducción".

Un poco tardía pero más vale tarde que nunca, pues es preocupante que el consumo de sustancias ilícitas siga en aumento y que no se haya visto afectado por la extinción de los grandes carteles de la droga. 

PROYECTO SOBRE LA DOSIS PERSONAL

El Gobierno radicó el 20 de julio su anunciado proyecto de acto legislativo 016 que reformaría, de ser aprobado por el Congreso, el artículo 49 de la Constitución Política. La iniciativa busca penalizar de nuevo la dosis personal y plantea sanciones no privativas de la libertad a quienes porten o consuman sustancias estupefacientes o psicotrópicas para uso particular. Habla de fines resocializadores y rehabilitadores y señala que el Estado dedicará especial atención al adicto y a su familia. Afianza el concepto de que usar, portar y almacenar drogas está prohibido y plantea fuertes sanciones para quienes consuman drogas frente a menores. También propende por el fortalecimiento de valores y principios en beneficio de la salud e impulsa campañas de prevención contra el consumo de drogas y en favor de la recuperación de los adictos. Es la cuarta vez que el Gobierno presenta al Congreso una iniciativa para sancionar la dosis personal.

HAY QUE PROHIBIR
Rodrigo Rivera

Ex candidato  presidencial

La frontera entre libertad y libertinaje se traza exactamente donde comienzan los derechos del otro. Cada quien tiene derecho a hacer con lo suyo cuanto quiera... mientras no afecte a los demás. Esa fue la filosofía con la que presenté y defendí ante el Senado la que se convirtió en la Ley 745 de 2002, "Por la cual se tipifica como contravención el consumo y porte de dosis personal de estupefacientes o sustancias que produzcan dependencia". La idea era proteger a terceros inocentes, especialmente niños, y actuar con energía y rapidez para evitar que Colombia, además de productor, se convirtiera en un paraíso (¿o infierno?) del consumo de drogas. 

Si está prohibido consumir licor o fumar en ciertos sitios, ¿por qué tanto escozor cuando se pretende extender esa prohibición a las drogas "en presencia de menores de edad" (Art. 1) o "en su domicilio y con riesgo grave para la unidad y el sosiego de la familia" (parágrafo Art. 1) o  "en establecimientos educativos o en lugares aledaños a los mismos o en el domicilio de menores" (Art. 2). Sorprende que una idea así tenga resistencia. Pero la tuvo en el Congreso, en la Presidencia de entonces y en la Corte Constitucional, que declaró inexequible el artículo 5 que establecía la competencia y el procedimiento para castigar las nuevas contravenciones. Y luego ha tenido una sorprendente "operación tortuga" del Ejecutivo que por seis años no ha logrado hacer cumplir la ley. Así que el asunto es simple pero lo que se requiere es  voluntad política: que el Gobierno entienda que no hace falta cambiar la Constitución ni la ley sino aplicar ya, sin más excusas, una norma  vigente pero "desaparecida" desde el año 2002.

PENALIZAR ES UN ERROR
Armando Benedetti

Senador

Una de las enfermedades del nuevo milenio es la drogadicción. El Instituto de Drogas de los Estados Unidos la define como una afección crónica del cerebro, atribuyéndose en un 50% a factores genéticos que se activan durante la vida. Así que la lucha contra la adicción debe darse desde el campo preventivo, precisamente para inhibir estos factores de riesgo.

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