Noviembre 18 de 2009

Rey o pueblo

El 'Memorial de agravios', publicado el 20 de noviembre de 1809, fue uno de los detonantes fundamentales del Grito de Independencia.

En 1809, a la cabeza del gobierno español se encontraba José Bonaparte, colocado en el trono por su hermano Napoleón, que un año atrás había invadido la península. En Sevilla, como gobierno general del reino se constituyó la Junta Suprema de España e Indias, mediante la cual se continuaba manteniendo el esquema de poder colonial y exigiendo a las colonias americanas obediencia al reino español. El monarca peninsular, Fernando VII, depuesto y apresado, era respaldado por sus súbditos, quienes deseaban que pronto regresara al trono.

Ante la incertidumbre generada por los hechos políticos desarrollados en Europa, el virrey del Nuevo Reino de Granada, don Antonio Amar y Borbón, trataba por todos los medios de impedir que su autoridad se resquebrajara.

Hace doscientos años, por estos días de noviembre, la tensión política aumentaba aceleradamente en Santafé. El Virrey trabajaba para desenmascarar a quienes habían tratado de derrocarle. El 10 de agosto los criollos de Quito se habían sublevado contra su presidente y desde allí los rebeldes hacían un llamado para que su ejemplo fuera seguido en los demás territorios coloniales de España. Las noticias, por supuesto, habían llegado a la capital del Nuevo Reino de Granada. En Santafé se encontraba por esos días don Baltazar Miñano, el decano de los oidores de Quito.

El Virrey había reunido una junta de notables de la ciudad para consultar su parecer ante los últimos desarrollos políticos y las noticias llegadas de España. Mucho también le servía al Virrey la reunión para tener una percepción directa de los invitados sobre su aprecio y lealtad  a Fernando VII.

El 15 de septiembre anterior, el Virrey había convocado una nueva junta. El día 28 de septiembre había expedido un bando mediante el cual condenaba la aparición de unos pasquines y hacía un enérgico llamado a que se diera información sobre sus autores. Advertía, así mismo, sobre la gravedad de portar cualquiera de esos panfletos subversivos y amenazaba con castigos drásticos a quienes teniendo conocimiento de ello no dieran noticia  a las autoridades.

En casa de don Luis Caicedo y Flórez, alcalde ordinario de la ciudad, se había reunido un grupo de criollos, y entre ellos el canónigo Andrés Rosillo y don Baltasar Miñano. El plan: deponer al Virrey. Todos actuarían al unísono del estallido de un cohete, por lo que así se denominó luego este intento de cambio del régimen colonial.

Un delator echó al traste todo lo planeado y la tentativa de rebelión se derrumbó el día 30 de septiembre. Los días siguientes de octubre y noviembre fueron de incertidumbre, angustia e intensa investigación por parte de las autoridades para buscar sofocar ejemplarmente esta acción.

Las tertulias

Para el mes de noviembre de 1809, la incertidumbre, la expectativa y la desconfianza impregnaban el ambiente en el Nuevo Reino de Granada. La vida de la capital y las principales ciudades se agitaba cada vez más. La actividad de las tertulias santafereñas, donde eran comentadas las últimas noticias de Europa, valga la pena anotar, siempre 'trasnochadas', era intensa.

La abortada 'revolución del cohete' era tema obligado de análisis y comentarios. No obstante el inconformismo acumulado, la mayoría de los criollos letrados se declaraban partidarios de Fernando VII, el rey depuesto de quien se esperaba retomara el trono. Ante el considerado vacío de poder, por cuanto el rey español se encontraba preso, la soberanía residía en el pueblo y el pueblo la ostentaría hasta tanto el rey regresara a su trono legítimo.

Es por ello que varias provincias españolas nombraron sus propias juntas y los criollos americanos más ilustrados y pertenecientes a la élite que había tenido acceso a la educación y podía enterarse de estos acontecimientos consideraron pertinente hacer lo mismo.

Entre tanto, la Junta Suprema de España e Indias instaba para que las colonias nombraran sus delegados ante ella, pero la cantidad de delegados permitida era considerada irrisoria. Para atender el llamado de la Junta de Sevilla, los Cabildos de Santafé y las principales provincias procedieron a elegir sus delegados. En la capital, luego de presentada la terna requerida, fue elegido por sorteo Antonio de Narváez. Camilo Torres, que había integrado la terna, fue nombrado asesor del Cabildo de Santafé, cabildo que los criollos habían convertido en su 'baluarte político'.

Camilo Torres Tenorio era un prestante abogado payanés que por entonces tenía 43 años de edad. A sus cualidades de hombre ilustrado agregaba el dominio del inglés, el francés, el italiano y el alemán. Además de asesor del Cabildo de Santafé, lo fue también de la Casa de Moneda.

'Memorial de agravios'

Ante el nuevo escenario, para Camilo Torres la situación política entre el reino español y su colonia debía ser planteada en términos excluyentes, rey o pueblo, absolutismo o democracia.

Fue precisamente el 20 de noviembre de 1809 cuando Camilo Torres Tenorio, en ejercicio del cargo de asesor del Cabildo de Santafé, presentó el texto que se le había encomendado: Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, en el año de 1809. Sin embargo, el nombre con que se popularizó fue el de Memorial de agravios.

Dirigido a la Suprema Junta Central de España, a donde nunca llegó, el Memorial sí logró constituirse en un detonante más de la cadena de motivos que en el desarrollo de los hechos llevaron al llamado Grito de Independencia. El Virrey no le prestó atención al documento, buscó ignorarlo y, por el contrario, nombró a seis españoles como miembros del Cabildo. El delegado Antonio de Narváez tampoco nunca viajó a cumplir la representación de estas tierras.

El Memorial, en síntesis, planteaba sustituir la autoridad monárquica por un régimen representativo. Afirmaba además que las colonias eran parte de un reino en que debían tener iguales derechos y por lo tanto ninguna de las partes podía imponer leyes sobre otra. Igualmente, el documento denunciaba la discriminación contra los criollos y pedía el derecho a ocupar posiciones de alto rango en la administración.

Camilo Torres fue muy hábil al aprovechar la coyuntura de la redacción de un documento de protesta por la representatividad y con vigor dialéctico escribió uno de los documentos más importantes en el campo de la teoría del Estado y de las relaciones jurídicas entre el reino y su colonia.

Antonio Nariño, al margen del 'Memorial' 

Retomando el recuerdo de los acontecimientos más significativos al finalizar el año de 1809, como consecuencia del fallido golpe al Virrey se ordenó hacer prisioneros al canónigo Rosillo, don Baltasar Miñano y don Antonio Nariño, quien fue sorprendido con esta medida por cuanto él se encontraba en la finca La Milagrosa reponiéndose de los quebrantos de salud que padecía como consecuencia de su anterior presidio.

El 23 de noviembre era nuevamente detenido Nariño y junto con Baltazar Miñano fueron llevados a Cartagena. La Virreina había dado órdenes expresas para que allí se les negara alimentación y cualquier cuidado y se les dejara morir en sus celdas. Este confinamiento de Nariño le impidió estar en Santafé en el año siguiente y particularmente ausente al momento de los hechos del Florero el 20 de julio.

Al canónigo Andrés Rosillo, que se había ocultado, se le capturó posteriormente y se le recluyó en el claustro de La Capuchina, donde pasaría detenido hasta el 21 de julio de 1810, cuando fue liberado y acogido por la ciudad con expresiones de júbilo.

Por David Rubio Rodríguez,
Academia de Historia de Cundinamarca.

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