Eso advierte el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Andrés Felipe Arias, a pesar de las críticas.
Dicen que cuando Andrés Felipe Arias tiene alguna picadura de insecto en la piel, producto de sus continuas giras por el campo, la exhibe con una literal frase de combate: "Esta, una esquirla de mi última batalla", dice. Ya hasta los zancudos parecen saber que la razón de este curioso apunte es el espíritu de soldado que a veces se posesiona del cuerpo del ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, nacido del año de servicio en la milicia que el funcionario prestó mucho antes de que lo picara el mosquito de la política.
"Creo que en otra vida fui militar y hasta peleé guerras", ha dicho el funcionario en muchas entrevistas, y eso fue precisamente lo que parecía hacer en el foro de la revista CAMBIO. Por esos días había sido criticado, en el campo político, por su decisión de sacar a licitación privada unas tierras originalmente destinadas a desplazados de la violencia, y también porque su sector fue uno de los que menos creció el año pasado. Por eso su intervención fue una de las más esperadas: el Ministro no solo quería entregar su visión sobre el futuro agropecuario del país, sino dar la pelea por su trabajo y, de paso, por el campo.
Su conferencia comenzó con una advertencia tajante: "Primero analicemos de dónde venimos". Y no se refería propiamente al origen del hombre, sino al comienzo, según él, de la crisis agropecuaria actual. "En los años noventa hubo una masacre agrícola -afirmó-: el sector se estranguló y se registró una caída de un millón de hectáreas de agricultura lícita". La responsabilidad histórica de este trastorno agrícola, de acuerdo con el primer dardo que lanzó el funcionario, tiene nombre propio. "Hubo una desatención del Gobierno de 1996, que en ese año propició una orgía del gasto público", señaló.
Este despilfarro, de acuerdo con Arias, elevó el índice de pobreza rural del 65% al 78,1%. Y obligó a muchos campesinos a dedicarse al cultivo de coca. De las 37.000 hectáreas que había a comienzos de los noventa, se llegó a 163.000 hectáreas en el año 2000. "Por cada hectárea de coca se dejaban de sembrar 10.000 de maíz", aseguró.
Un millón de hectáreas
Ese fue el país rural que recibió este Gobierno. Pero en la actualidad, al decir del funcionario, dos acciones han hecho que esa situación haya cambiado. "La primera es la seguridad democrática para todos -explicó- y la segunda es que hemos fortalecido el presupuesto del sector". El Ministro advirtió que de los 661.470 millones de pesos que se destinaban en el 2003, este año se incrementarán a 1.548.251 millones de pesos.
El crédito agrícola, además, se ha aumentado. "Se han desembolsado cerca de 3,1 billones de pesos -dijo- y el 70% de esos créditos es de inversión".
Otra cifra positiva es el área sembrada del país. "Este año precisamente -declaró el funcionario- se recupera el millón de hectáreas que se habían perdido en los noventa".
La pelea del Ministro no termina aquí. Arias afirmó, además, que la productividad se ha incrementado en un 8% este año. "Eso significa que en el mismo pedazo de tierra se siembran más alimentos -explicó- y por eso se ha incrementado la producción en una cifra récord de 26,5 millones de toneladas de productos del campo".
Eso, según advirtió Arias, es muy importante en estos momentos en que se vive un trastorno agrícola en el mundo. "Colombia está blindada contra la escasez -dijo-. Es más: hoy estaríamos en verdaderos problemas si no hubiéramos revertido la situación". Y es que, según explicó, de nada les sirve a los países vecinos tener recursos si hay déficit de alimentos. "Nosotros llevamos sobre los hombros el peso de Venezuela -anota- y Colombia no solo tiene garantizado el abastecimiento interno, sino también el de los venezolanos". Y puso de ejemplo el millón de huevos diarios que se exportan a esa nación, lo mismo que las 2.500 toneladas de carne semanales que se van para el vecino país.
Pero hay aún más buenas noticias, según el funcionario. La tasa de desempleo rural ha caído más rápido que la urbana, incluso a valores por debajo del 7%.
Tiempo de maduración
Y, sin embargo, el PIB agropecuario no crece. El Ministro planteó durante el foro de la revista CAMBIO varias tesis que no solo explicarían dicha situación, sino que hasta la controvertirían.
En primer lugar, mientras que el crecimiento promedio de este indicador era de 0,1% en el período 1995-1998, en el 2007 esta cifra fue del 3,18%. "Es decir, 31 veces más", advirtió Arias. Y eso que, para el ministerio, aquel guarismo debe ser de 3,96%, por cuanto el anterior fue calculado considerando los cultivos de coca. "Y eso sin contar que hay sectores que tuvieron un crecimiento puntual mayor, como el de la papa, que creció en un 32,56% o el del banano, que lo hizo a un 13,34%", añadió.
Para el funcionario, además, hay una razón que también explicaría el bajo crecimiento del PIB agropecuario. "Hay un crecimiento latente -dijo-, que no se ha expresado, pero que en el 2010 se mostrará. Toma tiempo en madurar, pero se nota en el crédito de inversión agrícola, en la importación de maquinaria y equipos agropecuarios y en la siembra de productos de tardío rendimiento".
El Ministro también dijo que, adicionalmente, existen problemas en la estimación del PIB agropecuario, que se mide todavía con precios de 1994 y consultando fuentes que no son las apropiadas.
Riesgos y oportunidades
Entonces, ¿cómo pinta el futuro? Para Arias hay varios riesgos que se deben tener en cuenta. El primero es el incremento en la tasa de interés, que en el caso del crédito del campo es del DTF más 4%. Valor que es muy perjudicial para un agricultor común y corriente.
El segundo riesgo tiene que ver con la tasa de cambio, que se ha apreciado en un 39% entre el 200 y el 2008. A ello se le añade que el salario mínimo se ha elevado de 115 a 254 dólares, es decir, un incremento del 106%. Finalmente, los precios de los fertilizantes, motivo petróleo, se han incrementado.
Pero frente a todos estos riesgos, el Ministro solo ve oportunidades para aprovechar. La primera es el auge de los biocombustibles, que en ciertos países ha causado una baja en la siembra de alimentos, y allí Colombia tendría clientes potenciales.
Otra oportunidad es la creciente demanda de países como India y China. "Son verdaderas aspiradoras de comida", señaló el funcionario. A eso se le suman los factores climáticos, que han destruido cosechas que se tenían programadas, y el aumento de los precios del petróleo, que a esas mismas naciones hace que se les incremente el valor de los productos en proporciones desmesuradas.
"Y Colombia es de los pocos países que tienen todavía mucho territorio para sembrar -señala Arias-: hace dos años había 21 millones de hectáreas para siembra y 28 millones para ganadería".
El futuro, pues, según el Ministro, no hay sino que sembrarlo.