Para el presidente de Fenavi, Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, el año no pinta bien por el aumento del precio del maíz y de las tasas de interés.
La popular pregunta '¿quién pidió pollo?', para referirse a una factura costosa, es cosa del pasado. Ahora, la carne de esa ave es más barata que la de res o de cerdo, y ello ha elevado, casi con alas, su consumo. En el 2007, por primera vez los colombianos comieron más pollo. Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, presidente ejecutivo de Fenavi, habla de este cambio.
¿Fue el 2007, entonces, un año positivo?
El balance fue positivo dentro de todas las complicaciones del sector y del incremento del precio del maíz amarillo. Tampoco nos afectó la crisis con Venezuela, pues el presidente Hugo Chávez se cuidó de no suspender la importación de pollo a su país. Pero, además, con la buena noticia de que en el 2007, por primera vez, los colombianos consumieron más pollo que carne: mientras que el consumo de carne de res fue de 20 kilogramos por habitante, el de pollo llegó a 21 kilogramos por habitante.
¿Cómo se logró este cambio de costumbres?
Esto se debe al esfuerzo competitivo de los y a las campañas de consumo de pollo, que han creado conciencia sobre los beneficios de esta carne. Y también porque el tiempo en que nuestros padres nos llevaban a un restaurante y la cuenta salía cara, preguntaban: '¿y quién pidió pollo?' han cambiado. Ya esta ave es mucho más accesible que la carne de res o de cerdo.
¿Esa tendencia seguirá este año?
Para el 2008, la cosa no pinta tan bien. La escalada de precios del maíz amarillo, que pasaron de 135 dólares la tonelada hace dos años a 314 dólares hoy, ha hecho que los gastos de producción se incrementen. En los tres primeros meses del año, los costos de alimentación del pollo subieron 22% mientras que el huevo escasamente subió su precio en un 6%. A esto se le suman los efectos del incremento de las tasas de interés del Banco de la República, que encarecen los préstamos. Y todos esos aumentos no se han podido trasladar al consumidor.
¿Y entonces?
La situación no deja de ser paradójica, pues mientras estimulamos el consumo con campañas, cada vez se disminuye el margen de utilidad. Pero los avicultores no nos hemos quedado quietos. Se ha dado impulso a nuevas y más tecnificadas granjas y también hemos hecho grandes esfuerzos para combatir enfermedades como la del virus de New Casttle. Igualmente, se ha mirado cuáles son las oportunidades de exportar a otros países, y en ese sentido se están finiquitando contactos y trámites con los gobiernos de China, Japón y Rusia para poder hacerlo. Se ha fortalecido, por último, la inversión tecnológica para hacer más competitivas y sanas las fincas, con el fin de estar preparados para cuando se apruebe el Tratado de Libre Comercio, TLC.
¿A los avicultores no los favorece el congelamiento del TLC?
Cualquier día que pase de dilatación de la firma del TLC por parte de Estados Unidos, los avicultores aprovechan para mejorar. Ese tiempo lo usaremos para generar competitividad y así defendernos de las desventajas que pudiera tener ese tratado. No es que nos parezca sano que se haya metido al congelador el TLC, pero para mí es claro que tratado sí va a haber. Pero mientras tanto, mejoramos para estar listos y dar la pelea.