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Camilo Torres Tenorio era un prestante abogado payanés que por entonces tenía 43 años de edad. A sus cualidades de hombre ilustrado agregaba el dominio del inglés, el francés, el italiano y el alemán. Además de asesor del Cabildo de Santafé, lo fue también de la Casa de Moneda.
'Memorial de agravios'
Ante el nuevo escenario, para Camilo Torres la situación política entre el reino español y su colonia debía ser planteada en términos excluyentes, rey o pueblo, absolutismo o democracia.
Fue precisamente el 20 de noviembre de 1809 cuando Camilo Torres Tenorio, en ejercicio del cargo de asesor del Cabildo de Santafé, presentó el texto que se le había encomendado: Representación del Cabildo de Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, a la Suprema Junta Central de España, en el año de 1809. Sin embargo, el nombre con que se popularizó fue el de Memorial de agravios.
Dirigido a la Suprema Junta Central de España, a donde nunca llegó, el Memorial sí logró constituirse en un detonante más de la cadena de motivos que en el desarrollo de los hechos llevaron al llamado Grito de Independencia. El Virrey no le prestó atención al documento, buscó ignorarlo y, por el contrario, nombró a seis españoles como miembros del Cabildo. El delegado Antonio de Narváez tampoco nunca viajó a cumplir la representación de estas tierras.
El Memorial, en síntesis, planteaba sustituir la autoridad monárquica por un régimen representativo. Afirmaba además que las colonias eran parte de un reino en que debían tener iguales derechos y por lo tanto ninguna de las partes podía imponer leyes sobre otra. Igualmente, el documento denunciaba la discriminación contra los criollos y pedía el derecho a ocupar posiciones de alto rango en la administración.
Camilo Torres fue muy hábil al aprovechar la coyuntura de la redacción de un documento de protesta por la representatividad y con vigor dialéctico escribió uno de los documentos más importantes en el campo de la teoría del Estado y de las relaciones jurídicas entre el reino y su colonia.
Antonio Nariño, al margen del 'Memorial'
Retomando el recuerdo de los acontecimientos más significativos al finalizar el año de 1809, como consecuencia del fallido golpe al Virrey se ordenó hacer prisioneros al canónigo Rosillo, don Baltasar Miñano y don Antonio Nariño, quien fue sorprendido con esta medida por cuanto él se encontraba en la finca La Milagrosa reponiéndose de los quebrantos de salud que padecía como consecuencia de su anterior presidio.
El 23 de noviembre era nuevamente detenido Nariño y junto con Baltazar Miñano fueron llevados a Cartagena. La Virreina había dado órdenes expresas para que allí se les negara alimentación y cualquier cuidado y se les dejara morir en sus celdas. Este confinamiento de Nariño le impidió estar en Santafé en el año siguiente y particularmente ausente al momento de los hechos del Florero el 20 de julio.
Al canónigo Andrés Rosillo, que se había ocultado, se le capturó posteriormente y se le recluyó en el claustro de La Capuchina, donde pasaría detenido hasta el 21 de julio de 1810, cuando fue liberado y acogido por la ciudad con expresiones de júbilo.
Por David Rubio Rodríguez,
Academia de Historia de Cundinamarca.