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A José Celestino Mutis (1732-1808) le importaban más las plantas que la política, pero sin pretenderlo terminó sembrando la semilla cuyo fruto sería la Independencia. La Expedición Botánica que él dirigió tuvo repercusiones en la formación intelectual de la clase dirigente criolla. Como lo anotó el escritor colombiano Diego Mendoza Pérez, todos los discípulos de Mutis se cuentan entre los creadores de la nueva nacionalidad colombiana. En tal sentido puede afirmarse que la Expedición fue un semillero de la libertad.
Margarita Garrido, ex directora de Colciencias, señala que "Del reconocimiento de los recursos naturales pasaron a la crítica de la sociedad y para algunos fue claro que el conocimiento debía transformarse en poder para la toma de decisiones más adecuadas (en los campos social, político y económico)". De modo que el despertar de una conciencia nacional está ligado a esa primera visualización del país desde la ciencia.
En este sentido, otra institución que incidió en la nueva orientación de la élite criolla fue la Sociedad Patriótica de Amigos del País. Propuesta por Jorge Tadeo Lozano, inició actividades el 10 de diciembre de 1801 bajo la dirección de Mutis, y agrupó a muchos de los que luego dirigirían la gesta libertadora. Según los estatutos, la entidad buscaba fomentar la agricultura, la cría de ganados, la industria, el comercio, las ciencias útiles y las artes liberales.
La Sociedad Patriótica y la Expedición Botánica fueron instituciones ajustadas al espíritu de la Ilustración, movimiento intelectual predominante en la segunda mitad del siglo XVIII que pretendía, como lo señala el académico Jaime González Parra, "dominar con la razón un conjunto de problemas del hombre en el mundo, en especial su lucha por la libertad, la igualdad y el progreso, así como el cambio hacia el pensamiento racionalista, naturalista y experimental".
En la formación de la primera generación de naturalistas neogranadinos influyeron especialmente tres personajes: José Celestino Mutis, Francisco Antonio Moreno y Escandón y Alexander von Humboldt, aunque también es justo mencionar a doña Manuela Sanz de Santamaría y Prieto, y a don Antonio Nariño, quienes organizaron en sus casas salones literarios donde a finales del siglo XVIII se debatían las últimas noticias e ideas llegadas de Europa y Norteamérica.
Cuesta arriba
Los españoles no dimensionaron lo que se vendría encima con la adopción de las nuevas ideas. Frank Safford anota: "Los administradores borbones españoles alentaron la instrucción científica y técnica, a la vez que los científicos europeos, llegados para investigar los fenómenos naturales del territorio, despertaron el interés científico de algunos pobladores locales. En los últimos dos decenios del período colonial un puñado de criollos, con apoyo de la corona, se dedicaron activamente a la investigación científica -especialmente al acopio de datos sobre el medio ambiente- y a la difusión del conocimiento científico moderno en la sociedad".
Según Luis Carlos Arboleda, doctor en Historia de las Matemáticas y profesor de la Universidad del Valle, "El programa de exploración de la naturaleza americana fue asumido por muchos de ellos con intención claramente nacionalista y dio lugar a considerables logros científicos y tecnológicos".
Uno de esos logros fue la construcción en 1803 del Observatorio Astronómico de Santafé de Bogotá, iniciativa impulsada por el sabio Mutis. Se trató del primer edificio en nuestro medio destinado a una función científica y del primer observatorio (con telescopio) erigido en el continente americano. Antes solo se habían hecho dos de carácter provisional: el de Filadelfia y el de Montevideo (1789), pero el de Santafé fue el primero construido con carácter definitivo.
José Celestino Mutis nombró director a Caldas, quien tomó posesión del cargo y empezó a realizar allí observaciones astronómicas y meteorológicas a partir de 1805. Pero de forma paralela a sus estudios científicos, Caldas permitió que jóvenes criollos interesados en la causa de la Independencia emplearan como lugar de reunión los salones del Observatorio. Fue allí donde se planeó el movimiento del 20 de julio, que marcó el inicio del proceso emancipador.