La Primera República

Ilustración: Catherine Restrepo

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Los levantamientos de Chuquisaca y Quito en 1809 marcaron el inicio de la separación de España y sus colonias americanas. Con este artículo sobre la situación de Europa, Latinoamérica y la Nueva Granada a comienzos del siglo XIX, CAMBIO inaugura una serie sobre el Bicentenario de la Independencia de Colombia, que se extenderá hasta el próximo año.

Una ola de profundos cambios políticos y sociales comenzó a recorrer Occidente desde el siglo XVII. Limitar el poder del rey y reconocer que la nación y su territorio no son patrimonio del monarca; proponer que la soberanía, por lo tanto, descansa en el pueblo y que este está formado de hombres libres, esto es, ciudadanos, con derechos como la libertad de comercio, la elección de sus gobernantes, la propiedad y la libre expresión de su pensamiento, entre muchos otros, dieron lugar a principios que hoy definimos como liberales. La monarquía absoluta (el antiguo régimen) estaba minada desde sus bases y la independencia de Estados Unidos (1776), la posterior Revolución Francesa (1789) y tempranas secuelas de las anteriores, como la Revolución Haitiana (1804) o las rebeliones republicanas en Delémont (1792) o Basilea (1798), en la actual Suiza, se convirtieron en algo más que ejemplos: en un ideal y un plan de acción para muchos europeos y americanos.

La expansión del imperio napoleónico coincidió con una grave crisis en el absolutismo español. Carlos IV y Fernando VII, padre e hijo, fueron puestos presos en Bayona, situación que permitió el ingreso de las tropas francesas en España y la entronización de José I como rey de España y todos sus territorios. La respuesta de los españoles fue inmediata: la rebelión y la organización de juntas de gobierno. Este hecho creó la coyuntura para que los americanos comenzaran a preguntarse por el derecho que tenían algunos españoles de representarlos. Esto, en realidad, no es el inicio de nuestro proceso independentista pero fue la condición para que comenzara a sucederse rápidamente lo que algunos americanos venían proponiendo desde finales del siglo XVIII: la independencia y la organización de un régimen republicano. Lo uno sin lo otro era impensable pues cuando decían 'libertad' eso era lo que querían significar.

¿Quién debía gobernar? La respuesta generalizada fue organizar juntas de gobierno. El problema surgió de esta misma solución: ¿por qué varias juntas y no una sola? ¿Quién tenía la legitimidad suficiente para imponerse sobre los demás? En España la situación derivó de la Junta Suprema inicial, desgastada por la guerra, a una Junta de Regencia que los americanos se negaron a aceptar. Por ello, tan temprano como el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca (hoy Sucre, Bolivia), o el 10 de agosto del mismo año en Quito, los americanos reunidos en los cabildos de las ciudades principales comenzaron a formar juntas autónomas de gobierno. Aunque la reacción inicial contra esas organizaciones fue violenta por parte de las autoridades españolas en América, lo cierto es que la fuerza de los hechos terminó por imponerse. 1810 fue el año en que por toda América, desde México hasta Buenos Aires, la autonomía frente a España tomó forma y se hizo irreversible.

En esta tierra

La Nueva Granada no fue una excepción. Pero sí ocurrió algo muy particular: no bastó una sola junta para solucionar el vacío de poder que la prisión de los reyes había ocasionado. En lo que hoy conocemos como Colombia, durante los meses de julio, agosto y septiembre de 1810, se formó más de una decena de juntas de gobierno: en orden cronológico, Cali, Pamplona, Socorro, Santafé (Bogotá), Tunja, Mariquita, Neiva, Mompós, Santa Marta, Popayán, Cartagena, Quibdó, Medellín, Ibagué, Tame, Nóvita e Ipiales, entre otras poblaciones. Aunque la Junta de Santafé se autoproclamó 'suprema', argumentando para ello que era la ciudad donde la sede del virrey tenía asiento, muchas de las otras poblaciones se negaron a aceptar dicha primacía. Los hechos que se sucedieron en nuestra historia durante los años siguientes son clara manifestación de lo que ocurrió en esos tres meses y de la incapacidad de Santafé para controlar un territorio que suponía estaba bajo su dominio. Así nació nuestra Primera República.

La resistencia a la junta suprema de Santafé derivó rápidamente en la organización de dos regímenes republicanos diferentes. La historia del segundo semestre de 1810 no es otra que la de la agrupación de las provincias en dos bandos distanciados por sus propios intereses, primero, y una naciente ideología política, después: las provincias y ciudades que aceptaban el control de Santafé y las que de ninguna manera estaban dispuestas a hacerlo. Es irónico pero lo cierto es que al tiempo que la división daba forma a Cundinamarca y a las Provincias Unidas, todos sostenían los mismos principios y comenzaban a dar forma concreta a las ideas que habían leído en Locke, Montesquieu y Rousseau y a discutir sobre las constituciones norteamericanas y francesa. Al tiempo que la división se radicalizaba y una guerra civil se hacía inevitable, comenzaron a ser escritas y aprobadas constituciones en todas partes. Más de una veintena de ellas se dieron durante los años 1810 a 1815, siendo la primera la del Socorro en 1810, todavía monarquista, es cierto, pero no por ello menos novedosa. De la autonomía en 1810 a las constituciones -comenzando en ese mismo año pero generalizándose en los dos siguientes- y de allí a las proclamas de independencia absoluta de España -iniciada por Mompós en 1810-, el sentido de lo que los granadinos estaban realizando no podía ser otro que el de ser 'libres', esto es, liberales independientes de cualquier sistema absolutista.

Debemos advertir que no todos los habitantes del territorio siguieron esta línea de acción. En varias provincias, americanos y españoles, así como indígenas y negros esclavos o libres se opusieron a las pretensiones de los que se autodenominaban patriotas. Santa Marta, Popayán, Pasto, entre otras ciudades, opusieron férrea resistencia al cambio. De esta manera, entre los años 1811 y 1815, los de la Primera República, una triple guerra cobró forma: la guerra civil de Cundinamarca -centralista- contra las Provincias Unidas  -federalista-, y la guerra de estas dos contra las provincias y ciudades realistas.

La primera fue resuelta a favor del federalismo cuando Simón Bolívar entró victorioso a Bogotá al mando de las tropas federales y así se unificó por fin en un solo régimen la República, lo que duró de enero de 1815 hasta el 26 de mayo de 1816, día en el que igualmente entró victorioso en Bogotá Pablo Morillo, solo que esta vez fueron las tropas españolas las que tomaron el control de la población. La otra guerra nunca se definió pues con la entrada de Morillo esas provincias y ciudades de hecho colaboraron en su rápido triunfo. Los tres años siguientes nos cuentan otra historia: la de la defensa de un territorio libre ocupado por un ejército invasor. Las ideas y fórmulas democráticas ya habían nacido y, por ello, contra el retorno del absolutismo es que se alzó la población.

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