Al contrario de las mexicanas y las venezolanas, que juegan roles de sumisas e inocentes .
"Estás desinformado", le dijo el libretista y dramaturgo Dago García a Jesús Martín Barbero, experto en medios de comunicación, cuando este aseveró que, a partir de la privatización de la televisión en Colombia y la venta de las producciones en el exterior, las telenovelas locales habían comenzado a parecerse a las mexicanas y resucitado los roles de mujeres sumisas e inocentes. Durante la discusión -que se produjo el pasado 19 de enero en el marco de la exposición Un país de telenovela en el Museo Nacional-, Dago García insistía en que, por el contrario, desde hace varios años la telenovela colombiana venía mostrando mujeres independientes y trabajadoras. Mujeres que, definitivamente, contrastan con sus pares mexicanas y venezolanas.
Por supuesto, con la miríada de telenovelas que se producen en Colombia es imposible ser radical con cualquiera de las dos posiciones. Aun así, no es errado afirmar que, en mayor o menor medida, los libretistas colombianos han sabido diferenciar a sus personajes del prototipo establecido por Verónica Castro en el clásico 'culebrón' mexicano Los ricos también lloran: empleada del servicio que se enamora de su patrón millonario.
Para Nelson García, experto en telenovelas, este cambio se observa más claramente a principios de la década de los noventa: "La mujer asume un nuevo rol. Nace una mujer provocativa y autónoma, capaz de decidir su propio destino. No solo va tras el amor de su vida; también es capaz de conquistar el campo del hombre". Ese fue el caso de telenovelas como Pero sigo siendo el rey, La potra zaina, Café con aroma de mujer, Betty, la fea y El último matrimonio feliz, que mostraron mujeres trabajadoras, con un rol activo y alejado del machismo clásico. Según Germán Yances, director de la especialización en Televisión de la Universidad Javeriana, con estos papeles hoy hay una ganancia clara: "Aceptamos las diferencias y encontramos más tipos de mujeres representadas".
Adiós a la virgen
En este sentido, Dago García señala que la televisión colombiana tiene varios logros a su haber, y uno de los principales es que hizo entrar en crisis el esquema de la mujer virgen y el mito de 'la Cenicienta', de la bella pobre que busca un príncipe azul. "En la telenovela colombiana la sexualidad se convierte en un valor de uso y se integra a la vida de la mujer -dice el libretista-. Ni siquiera Betty, la fea, era virgen. El crecimiento social no llega con el matrimonio, sino por medio de su trabajo".
Los expertos coinciden en que las crisis económicas de los años setenta y ochenta -cuando la mujer se vio obligada a trabajar y dejar su papel de ama de casa- influyeron en el hecho de que las producciones colombianas crearan papeles de mujeres trabajadoras. "La televisión refleja la realidad; no impone modelos a la sociedad ni se los vende", añade Germán Yances.
Según Luz Andrea Cote, curadora de Un país de telenovela -que se exhibirá hasta el próximo 4 de abril-, otro aspecto clave es la edad de las mujeres interpretadas. Un claro ejemplo es la telenovela Amor en custodia, donde madre e hija tienen igual protagonismo dentro de la producción.
Otro ejemplo fue Señora Isabel (1993), escrita por Bernardo Romero Pereiro, que mostró la vida de una mujer cuyo esposo se va con una joven 20 años menor que él. Pero, en este caso, la respuesta no fue la consabida victimización: Isabel, interpretada por Judy Enríquez, se enamora de un hombre mucho menor. "En Señora Isabel cupo el feminismo por primera vez en este país y se revaluó el papel de la mujer -mencionó Martín Barbero-. Ella, al igual que el hombre, también puede salir con personas menores".
La hora de las pícaras
Los prototipos siguieron cambiando, y así como a finales de los años noventa el turno fue para las heroínas astutas pero 'correctas', durante la primera década de este siglo, con el boom de la telenovela sobre el narcotráfico y de la llamada 'sicaresca colombiana', el modelo que se impone es el de las mujeres malvadas.
Para Ómar Rincón, crítico de televisión, la mujer del siglo XX tenía ética, era guerrera y dueña de su destino. Muestra de esto fueron personajes como Gaviota y Betty, que llevaron este tipo de mujer a su esplendor. "La del siglo XXI, por el contrario, es una mujer cuya única ética es el dinero -asegura el crítico-. Es luchadora, pero vende su cuerpo y su alma".
La imagen de la mujer ha cambiado porque el país también lo ha hecho. "La mujer de antes era calladita y muchas eran madres cabeza de hogar -menciona Rincón-. Hoy entramos en la ética 'narco' y la mujer usa su cuerpo como herramienta para salir adelante. Los hombres matan y las mujeres se acuestan con ellos".
Una visión parecida, y que revelaría una especie de retorno al pasado, tiene la actriz Constanza Duque, quien interpretaba a la mamá de Gaviota en la telenovela Café con aroma de mujer. "Hoy se muestra una clase de mujer, pero no todas somos 'traquetas' ni estamos metidas en ese mundo -añade-. Volvimos a la época en que la mujer vivía de su marido y ahora también de la plata fácil".
Por otro lado, Alexandra Quintero, coordinadora del área de investigación de la Corporación Sisma Mujer, reconoce que ha habido un cambio positivo en la imagen de la mujer en la telenovela colombiana, pero dice que los casos se pueden contar con la mano. Resalta además que en las telenovelas colombianas hay mujeres que ocupan lugares tradicionalmente masculinos, pero sostiene que "esto no es un impulso consciente de los medios, sino un tema mercantilista".
El éxito indica que las 'narcotelenovelas' seguirán como protagonistas del prime time. Basta ver la expectativa que genera la versión para televisión de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco. "Colombia vive feliz al ver la mujer que es objeto, que no tiene valores y que se luce como hembra, pero no por lo que tiene en su mente -dice Ómar Rincón-. La nueva modalidad es la de la 'mujer sexo' y la de 'mujer 'tetas'. Esa es la que vende".
Opinan las divas
Alejandra Borrero
El último matrimonio feliz
"Existen respiros maravillosos en la televisión colombiana como El último matrimonio feliz. Representar a Antonia fue un privilegio. Todas las que participamos propusimos muchas de las escenas".
Katherine Escobar
Las muñecas de la mafia
"Olivia es una mujer bonita que sabe lo que tiene y es muy ambiciosa. Los que piensan que se vende a través de su cuerpo tienen una mala interpretación del personaje".
Historia de la telenovela
1984
Pero sigo siendo el rey. Chavela (María Eugenia Dávila) no es una mujer consagrada al hogar. Cede al amor de un galán con un objetivo: burlarse de los hombres machistas en su cara
1988
Caballo viejo. Nora (Silvia de Dios) es una jovencita que se enamora de su tío, y es correspondida por este, un viejo cincuentón.
Quieta Margarita. Sarita Montiel (Natalia Ramírez) es una mujer suave y crédula. Se gana la vida por sí misma y despierta el verdadero amor del protagonista.
1991
Escalona. 'La Maye' (Florina Lemaitre) es la única mujer que siempre tuvo el corazón del parrandero y mujeriego Escalona.
1993
Señora Isabel. Isabel (Judy Enríquez) es una mujer de 50 años que se enamora de un hombre menor que ella. Fue considerada una telenovela feminista.
La potra zaina. Soledad Ahumada (Aura Cristina Geithner) no le hace caso a ningún hombre y suple el papel de primogénito que siempre quiso su padre.
1994
Café con aroma de mujer. Gaviota (Margarita Rosa de Francisco) es una caficultora que, al llegar a la ciudad, se convierte en ejecutiva en el mundo del café.
1996
Guajira. Úrsula (Carolina Sabino) es una mujer wayuú que lucha por su pueblo y en ese camino logra enamorar a un ingeniero de petróleos.
1997
Las Juanas. Juana Valentina (Angie Cepeda), una mujer luchadora va en busca de su padre a Corozal y en el camino descubre que tiene cuatro hermanas.
1999
Betty, la fea. Beatriz Pinzón (Ana María Orozco) es una mujer poco atractiva pero muy inteligente que logra salir adelante en el mundo de la moda.
2003Amor a la plancha. Rita (Martina García) es una empleada del servicio que quiere salir adelante y está dispuesta a pelear por el amor del hombre que ama.
2006
Hasta que la plata nos separe. Alejandra Maldonado (Marcela Carvajal) es una empresaria del mundo de los automóviles que se enamora de un modesto comerciante.
Sin tetas no hay paraíso. Catalina (María Adelaida Puerta), una mujer humilde, tiene la necesidad de tener los senos grandes para ganar más como prostituta.
2008
La hija del mariachi. Rosario (Carolina Ramírez) es una mariachi que conoce a un mexicano que huye hacia Bogotá perseguido por la Justicia de su país.
2009
El último matrimonio feliz. Antonia (Alejandra Borrero) vive junto a sus compañeras problemas de machismo, violencia de género y desigualdad social.
2010
Las muñecas de la mafia. Olivia (Katherine Escobar) es una mujer a la que le gusta el dinero y se casa con Braulio, un mafioso poderoso.