Amor sin escalas es una mirada a una de las variantes de la actual crisis económica

Si el cine de Estados Unidos ha sabido conservar su ventaja sobre los demás cines del mundo, es en parte por su capacidad para fabular, con habilidad u oportunismo, sobre los hechos inmediatos. En esa tónica, Amor sin escalas, derrotada en los Globos de Oro por el simplismo aleccionador de Avatar, es una mirada a una de las variantes de la actual crisis económica: las reducciones de personal y las estrategias empresariales para aminorar su impacto.

Es una lástima que este tema en la película de Jason Reitman (Gracias por fumar y Juno) termine desplazado en la narrativa por la crisis emocional del protagonista (George Clooney), el ejecutivo de una compañía que se ocupa de atenuar el daño emocional de los despidos laborales, no por un interés humano hacia los empleados sino como previsión de posibles complicaciones legales.

El retrato del pragmatismo personal de Clooney y la precisa y convincente puesta en escena de su situación existencial, son lo mejor de la película. Un rápido y efectivo montaje da cuenta de un modo de vida marcado por un desarraigo elevado a la categoría de filosofía: la asepsia de aeropuertos, hoteles y bares ilustra la no pertenencia, los no lugares característicos de la globalización. Pero en vez de profundizar en esa veta, se desbarranca hacia un discurso mucho más tranquilizador: el personaje empieza a integrar los valores de la familia y el compromiso afectivo. Su cambio es una faceta más del individualismo y la autosuperación, emblemas del cine norteamericano. Es imposible no sentir que esta cinta pudo ser lo que en su momento fue Hora 25, la brillante película de Spike Lee que reflejó el estado moral de su tiempo. Por el contrario, resulta siendo una entretenida y agridulce fábula del montón.

Por Pedro Adrián Zuluaga 

Amor sin escalas (Up in the Air).
Con: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick.
Estados Unidos, 2009, 109 min.

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