'Avatar', la taquillera cinta de James Cameron, enfrenta acusaciones de plagio, racismo y hasta de atentar contra China y la religión.
Después de llevarse dos Globos de Oro y a punto de superar el registro que impuso con Titanic -la película más taquillera de la historia-, a James Cameron han comenzado a lloverle tomates por su galardonada Avatar.
La nueva cinta del cineasta estadounidense cuenta la historia de Jake Sully y Grace Augustine, quienes son enviados a un universo llamado Pandora como parte de un programa para la explotación de un mineral vital para resolver la crisis energética de la Tierra. La misión desencadena una guerra que se salda a favor de los habitantes de Pandora, los Na'vi, gracias a los buenos oficios de los protagonistas de la historia y otros compañeros.
No habían pasado tres semanas desde el estreno cuando, a mediados de este mes, un nutrido grupo de cineastas y críticos rusos acusaron a Avatar de plagiar una serie de relatos de ciencia ficción de los hermanos y escritores rusos Arkady y Boris Strugatsky traducidos al inglés bajo el título Noon: 22nd Century. Para aquellos, las similitudes con la película son excesivamente sospechosas: ambas ocurren en el siglo XXII en el planeta Pandora, y mientras las especies alienígenas de Cameron se llaman Na'vi, las de los hermanos Strugatsky se llaman Nave.
Y, paradójicamente, aunque algunos sectores señalan que la película tiene un fuerte tufo comunista, los censores oficiales de China estudian sacarla de cartelera para darle espacio a un filme más 'edificante' sobre la vida de Confucio. El Gobierno, en efecto, no luce muy complacido porque el éxito arrollador de la película de Cameron ha restado ingresos a las producciones locales, pero especialmente porque teme que los espectadores se identifiquen con los Na'vi, cuyo riesgo de ser desalojados se asemeja al de un número considerable de chinos que serán reasentados para dar lugar a proyectos inmobiliarios o megaproyectos eléctricos.
Los temores no solo afloran en Oriente. En su crítica, L'Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, calificó la cinta como una "fácil parábola antimperialista y antimilitarista", mientras que Radio Vaticano consideró que la película "es un gesto de complicidad con las seudodoctrinas que han hecho de la ecología la religión del milenio".
Otra acusación que resulta paradójica es la de racismo, pues mientras Cameron insistió en que su película era una lección de aceptación de las diferencias, no pocos 'blogueros' interpretan que la cinta retrata el colonialismo y refuerza la fábula del "mesías blanco". Esta lectura surge del hecho de que Jake Sully, de origen anglosajón, es quien salva a los alienígenas.
Según el crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga, todas estas denuncias demuestran lo politizada que está la crítica en el mundo y la importancia que se le da a la "guerra de civilizaciones", pero advierte que con Avatar no es necesario ir tan lejos: "La importancia de esta película radica en los elementos tecnológicos. Su mensaje es tan infantil que yo me quedaría ahí y no le buscaría hondura".
Vea también:
'Fuimos parte de algo que tendrá un enorme impacto', Sigourney Weaver.