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Para Ricardo Cobo el Festival Internacional de Música Clásica de Cartagena es simplemente un milagro. Reconocido por ser uno de los más destacados instrumentistas de la escena mundial y por transcribir para guitarra las obras orquestales del compositor argentino Astor Piazolla, en su presentación del pasado domingo interpretó en el Teatro Adolfo Mejía -antiguo Teatro Heredia- el Quinteto para cuerdas y guitarra del compositor italiano y nacionalizado en España Luigi Boccherini, acompañado por el Cuarteto Shangai, de China. Además, deslumbró a los cartageneros con una impecable versión del célebre Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta del compositor español Joaquín Rodrigo. CAMBIO habló con él sobre su evolución artística, sus influencias, el futuro de la música colombiana y sobre la crisis por la que, según su parecer, está atravesando la música clásica.
¿Por qué escogió la guitarra?
Cuando empecé a tener mis primeros contactos con la música tocaba piano, pero de un momento a otro descubrí la guitarra y me enamoré de ella, y en especial de su sonido. Finalmente me quedé con la guitarra porque me pareció muy difícil pasar toda una vida en frente de un piano.
¿Y no es más difícil pasar la vida entera frente a una guitarra?
Es más difícil. Pero cuando decidí quedarme con ella no lo sabía. Esas son las lecciones de la niñez que uno no sabe.
¿Qué fue lo que lo sedujo de la guitarra y que pudo más que el piano?
Me sedujeron sus colores, su ritmo y la conexión étnica que tiene con el flamenco, con Latinoamérica, con las raíces negras, con África y con la música popular, una cantidad de elementos que hacen de la guitarra un instrumento fascinante. Sin embargo, siempre tuve claro que no quería ser músico popular: quería ser un músico serio.
¿Acaso los músicos populares no son serios?
Sí son serios. Lo de serio es para referirme a la música clásica. De hecho hoy en día buena parte de los músicos populares han estudiado música seria y después se han dedicado a lo popular para buscar sus raíces.
¿Qué tan cerca está usted de la música popular?
Mucho. Lo que está pasando conmigo es que volví a mis raíces después de estudiar música clásica por mucho tiempo. Ahora quiero romper los esquemas, me interesa pelear con todo el mundo, con el Establecimiento y en medio de esas peleas uno va descubriendo la verdadera sustancia de su ser. Esta pelea la vengo librando hace 30 años.
¿Cuáles son esas raíces de las que habla?
Una combinación de música del Brasil, de Argentina, Colombia, Venezuela, México y de géneros como el tango, la milonga, el candombe e incluso los sonidos moros, pues mis ancestros son del Líbano.
Cuéntenos sobre los arreglos que ha realizado.
He arreglado mucho a Piazzolla, primero porque siempre me interesó compenetrarme con su música, y segundo porque es un compositor al que realmente admiro. Pero también he hecho arreglos de música colombiana, venezolana, brasileña, folclor argentino y tangos de la vieja guardia como los que hacía Horacio Salgán.
¿Qué tan cierto es lo que dijo Héctor Berlioz: "la guitarra es una pequeña orquesta"?
Es absolutamente cierto y un ejemplo de ello es la forma en la que las grandes orquestaciones de Piazzolla pueden reducirse a una guitarra sin perder su riqueza compositiva.
¿Qué proyectos tiene paro el futuro cercano?
Estoy muy comprometido con la interpretación de la música de varios compositores cubanos como Eduardo Martín y José Lezcano, dos creadores que están vivos y que le vienen dando nuevos alcances al lenguaje guitarrístico. Aparte de eso, estoy grabando varios discos de autores latinoamericanos, como Máximo Diego Pujol (Argentina), Astor Piazzolla (Argentina), Ernesto Cordero (Puerto Rico) y Celso Machado (Brasil).
¿Y qué pasó con el compositor cubano Leo Brouwer, con quien trabajó en varias oportunidades?
Ahora estoy trabajando mucho menos con él, entre otras cosas porque ya grabé la mayor parte de sus composiciones. Además, la relación con Leo se politizó porque siempre ha representado un sector de izquierda que genera amores y odios. Entonces preferí alejarme de él porque la música no es política y tampoco una expresión para dividir.
¿Le interesa el jazz?
Siempre me ha interesado. De hecho ahora estoy oyendo mucho a pianistas como David Brubeck, Marcus Roberts, Oscar Peterson, Thelonious Monk, Keith Jarrett... Sin embargo, no soy jazzista y no estudié jazz pero lo aprecio mucho.
¿Y sigue estudiando guitarra clásica?
No hay opción. Sigo tocando todos los días entre cuatro y cinco horas, solo me detengo cuando viajo. Incluso, durante la semana, enseño a mis 16 alumnos más de 20 horas en la Universidad de Nevada.
¿Qué tanto prometen los nuevos guitarristas colombianos para convertirse en figuras mundiales?
No sé cuáles son los nombres en Colombia, lo que sí sé es que los guitarristas jóvenes tienen que empezar a preocuparse por ir más allá de interpretar lo que escribieron los diferentes compositores. En otras palabras, tienen que darle un valor agregado a la obra, hacerla propia e imprimirle un sonido único.
¿Cree que la música 'clásica' está atravesando por una crisis debido a la explosión de géneros populares y comerciales?
En términos comerciales la música 'clásica' está en crisis porque quienes la interpretamos ya no tenemos la vigencia que teníamos hace algunos años. Y todo por cuenta de géneros como el rock, el pop y en general lo que llaman el world music, que son los que se están quedando con el 99 por ciento de los réditos de las ventas totales de los discos que se comercializan en el mundo. No obstante, este es un fenómeno netamente comercial, porque en materia de calidad compositiva y creativa hay una proliferación de indiscutibles talentos. La creatividad siempre estará vigente.