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Si hay algo que define a una sociedad es su capacidad para burlarse de sí misma, para mostrar con la irreverencia del dibujo los más dramáticos, absurdos, incomprensibles y reiterativos aspectos de su historia. Y así producir una suerte de catarsis. Esta reveladora exposición de más de 1.300 caricaturas, fruto de una investigación de más de 25 años de la artista e historiadora Beatriz González, coincide con las conmemoraciones del Bicentenario y saca los trapitos al sol de un país que tiende a repetirse. Gracias al Banco de la República, CAMBIO reproduce una pequeña muestra cronológica de dos siglos de historia política y social del país a través de la mirada de algunos de sus muchos y talentosos caricaturistas.
Anónimo
Nuevas aleluyas
1829. Xilografía. 25 x 20 x 6 cm. Biblioteca Nacional de Colombia.Durante los años veinte del siglo XIX, las publicaciones usaron el género religioso de 'las aleluyas' para presentar críticas a uno de los bandos de la Convención de Ocaña, objeciones que durarían hasta 1829. El asunto de esta caricatura es la lucha entre partidarios de Bolívar y de Santander quienes a partir de dicha convención, ocurrida entre abril y junio de 1828, se convirtieron en enemigos irreconciliables. El atentado contra la vida del Libertador que tendría lugar el 25 de septiembre de 1828 condujo al Gobierno a tomar represalias contra los comprometidos en esa acción: los 'serviles', aquellos que según la oposición habían obedecido en todo a Bolívar durante la Convención. Aunque la caricatura va contra los amigos de Bolívar, el liberal santanderista lleva formalmente las de perder, no solo por el tormento al que está sometido por la lavativa que se le está aplicando, sino por lo grotesco de su presentación. Esta es la caricatura más antigua encontrada hasta ahora en Colombia.
M. Núñez, Dibujo y Carlos Casar de Molina, Litografía
El lechero - o - Trabuco aprovechándose del tiempo
Octubre de 1834. Litografía coloreada a mano sobre papel. 32,5 x 40 cm. Colección particular.
El general Francisco de Paula Santander fue blanco de muchas críticas de la caricatura política del país decimonónico. En esta, se hace mención directa del personaje al aludir a uno de sus apodos, 'Trabuco', y al mostrarlo cual lechero, pues se decía que era un avaro, que no desaprovechaba oportunidades para lucrarse con cuanto negocio hubiera. La mención "aprovechándose del tiempo" sugiere que Santander se valía de su posición oficial como presidente de la Nueva Granada para beneficiarse ilegalmente. "Quesos de Hato Grande", aluden a la finca de recreo de los presidentes. Del bolsillo de su casaca penden tres cintas similares a las del lomo de la vaca, en las cuales se lee: "300 secuestros (embargo de bienes en virtud de mandato judicial), 30 millones". Todas esas cintas, tanto las del lomo como las del bolsillo, quieren simbolizar los casos de peculado que sus enemigos atribuían a Santander. Por primera vez es mostrada la nación como una vaca (la res pública), que simboliza a la Nueva Granada y que demuestra la 'granada entreabierta' que pende del testuz del animal. En su lomo lleva seis cintas donde se lee: "empréstito; deuda flotante; deuda doméstica; deuda consolidada; interior; 50 millones a la..."; se supone que el resto de la inscripción de esta última cinta figura en el otro lado de la vaca y no se ve.
De las críticas de Bolívar y Santander, solo sobreviven las del segundo.
José Manuel Groot (1800-1878)
Unos yerbateros. Francisco Javier Matiz y el doctor Céspedes
c1840. Acuarela sobre papel. 33 x 23 cm. Colección Rivas Sacconi.
La caricatura también se nutrió de los retratos costumbristas que quedaron como legado de la Expedición Botánica y que dibujó gentes, paisajes y costumbres, muchas veces con gran humor. Aquí, siguiendo esa línea, José Manuel Groot retrata a dos de los más respetados botánicos de la Nueva Granada, Francisco Javier Matiz y Juan María Céspedes. Pero lo hace mostrándolos en decadencia, llamándolos yerbateros, que no era otra cosa que curanderos. Muestra la nostalgia del país por la Expedición, que muchas empresas pretendieron continuar como la Comisión Corográfica y la Sociedad Naturalista, pero que fue truncada por la reconquista española. Pese a que los botánicos se mostraban como personajes de primera importancia, esta caricatura da cuenta de su triste final, pues Matiz, tan importante como fue, terminó sus días prácticamente mendigando.
José María Espinosa (1796-1883)
Caída del gobierno de Melo
c.1854. Tinta china, lápiz y aguada sobre papel blanco. 28,5 x 23,6 cm. Biblioteca Nacional de Colombia.
José María Espinosa pintó dos tipos de retrato del general José María Melo, uno de ellos homenajeando al valiente combatiente que luchó de 1819 a 1829. Y dos más, una litografía y una acuarela que lo representa a caballo, siendo ya dictador, en donde lo condena por ello. Cuando Melo tomó el poder en 1854 se unieron los bandos antagonistas: los gólgotas y los conservadores y se lanzaron a la guerra en todo el país, en defensa de la legitimidad, contra la dictadura de Melo y obtuvieron la victoria el 4 de diciembre del mismo año. Tanto en la acuarela como en una litografía se hace escarnio del dictador: se lo dibuja pendiente de un globo que cae quemado en plena plaza de Bolívar. La gente ve el espectáculo y se ríe del gobernante derrotado. No le valió a Espinosa ser un viejo militar de la gesta emancipadora como Melo, o un artesano como sus partidarios; prevaleció su aversión por las guerras civiles y culpó a Melo por este nuevo drama de la patria.
Carlos Dornheim (activo en Bogotá 1869-1879)
El mesías de los Chancos
'El Alcanfor', No. 1, Bogotá, octubre 6 de 1877. Impreso 65 x 46 cm. Biblioteca Luis Ángel Arango.
El "mesías de los Chancos" es una de las caricaturas más importantes de la época. El nombre procede del carácter religioso de esa "guerra santa" -como la denominó Aquileo Parra-, que propició la aparición de personajes fanáticos. Uno de ellos se hizo llamar así: "Cuando la lucha se dio, los insurrectos atacaron trincheras al grito de 'Viva la religión'. Uno de los batallones llevaba el nombre de Pío IX y en la batalla de los Chancos multitudes fanatizadas se lanzaron al combate electrizadas por un mesías criollo que se decía encarnación de Jesucristo.
El mesías es Mariano Ospina Rodríguez, presidente del comité conservador de Medellín, a quien acusaron de que por su obcecación ideológica justificó la guerra. Sobre los pliegues de la capa reposa una gruesa cadena de la que cuelga una medalla con el rostro de Sergio Arboleda, uno de los más apasionados doctrinarios del Partido Conservador, quien tomó parte activa en esa guerra. Del brazo de Ospina pende un escapulario con la imagen de la Virgen María. En la mano sostiene una cruz metálica que termina en lanza que tiene un letrero que dice "Conquista de la gloria eterna".
Alfredo Greñas (1857-1949)
Nuestras libertades públicas
La Catástrofe, No. 2. Bogotá, noviembre 18 de 1890 Impreso 42 x 27,5. Biblioteca Luis Ángel Arango.
Cuando el periódico El Barbero estaba llegando al quinto número, en la semana de Pascua de 1892, sus caricaturas fueron censuradas y prohibidas con la siguiente carta:
"República de Colombia. Departamento de Cundinamarca. Secretaría de Gobierno. Sección de Gobierno. Número 1.318. Bogotá, 16 de abril de 1892.
Señor prefecto general de la policía. Presente / Sírvase usted hacer comparecer en su Despacho a los señores directores de las hojas periódicas denominadas El Mago y El Barbero, y prevenirles que el Gobierno Departamental, como medida de policía, ha determinado prohibir la publicación de caricaturas en los aludidos periódicos, bajo la pena de treinta días de arresto, que usted hará efectiva en caso de infracción, sin perjuicio de impedir la circulación de dichos periódicos. / Dios guarde a usted, J. V. Concha".