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The wall ya es un clásico, lleno de reflexiones sobre la muerte, la educación, la soledad y el delirio. Pero, ante todo, es un prodigio sonoro con temas como Mother, Hey you o la inmensa Comfortably numb, quizás una de las mejores canciones de la historia del rock.
Treinta años después, The wall continúa tronando en las conciencias sonoras del mundo y, sin proponérselo, se convertiría en una metáfora de la caída del Muro de Berlín. Así lo entendió Waters, y en 1990 organizaría un concierto monumental en la Postdamer Platz ante un público de 350.000 personas, apoyado en grandes estrellas de la música y el cine.
The wall es una leyenda de la política, del teatro, del cine, de la música, de la cultura del siglo XX. Así como álbumes de la talla de Let it bleed o Abbey Road marcaron el final de la década del sesenta, el álbum doble de Pink Floyd se ha convertido en un himno que, tanto detractores como fanáticos, identifican como el clásico de una época irrecuperable. Por Sandro Romero Rey,
experto en 'rock'.