TONY MANEROTras su fulgurante recorrido por festivales internacionales, Tony Manero fue considerada como "una parábola sobre el pinochetismo y sus devastadores efectos sobre la sociedad chilena". Nadie puede dudar de su carácter alegórico, pero reducir el filme a su sustrato político es convertirlo en un documento histórico, y presumir que sus premisas ya no nos competen, o que solo lo hacen en la medida en que el autoritarismo está a la orden del día.
Pero si se escuchan mejor los diálogos, si se presta atención a los lugares y ambientes de filmación en los barrios bajos de Santiago, si se observan los cuerpos, se revela una dimensión de la película poco tenida en cuenta.
Así, la historia de Raúl Peralta (encarnado con convicción por Alfredo Castro, quien además es el coguionista), un hombre de 50 años obsesionado con ser Tony Manero, el protagonista de Fiebre de sábado en la noche, tiene suficientes claves para ver otro fondo del problema: la vergüenza del mestizaje que Latinoamérica está lejos de superar. "Con tanto mapuche que hay", "es morenito", son expresiones de los personajes que denuncian ese deseo de ser otros y la obsesión por "esconder el indio". Y de paso, demuestran también el racismo que subyace en toda dictadura, con su obsesiva preocupación por lo homogéneo.
Que Pablo Larraín, un descendiente de lo más granado de la derecha de su país haya podido hacer esta demoledora y asfixiante película, en un gobierno de concertación socialista, no esconde el hecho de que buena parte de la sociedad chilena despreció agriamente el filme. Me temo que para el público colombiano Tony Manero será también una experiencia difícil. Pero el trayecto del personaje, quien se entrega a una espiral de violencia para cumplir su sueño de ser Tony Manero, podría ayudarnos a discernir hasta dónde se puede degradar una sociedad donde se impone la idea de que el fin justifica los medios.
Por Pedro Adrián Zuluaga
CINCO DÍAS SIN NORA
Dir. Mariana Chenillo
Nora, una respetable judía de México DF, se quita la vida. Lo que parece un suicidio más, se va progresivamente revelando como un minucioso plan de Nora para obligar a los suyos a encontrarse en torno a su memoria, en plenas fiesta de Pésaj. La película, cercana al cine del también judío Daniel Burman (El abrazo partido) por su ironía y humor, nos acerca a unos personajes desconcertados y a situaciones en las que se enfrentan la ortodoxia religiosa, el sentido práctico y los intereses mundanos, con un final reconciliador.
DESAFÍO
Dir. Edward Zwick
Durante la Segunda Guerra, en Bielorrusia, donde los judíos son perseguidos, tres hermanos Bielski logran escapar y organizan un grupo de resistencia en los bosques de Europa oriental. La película de Zwick no arriesga ninguna variación frente a los clichés del cine de reconstrucción histórica (como sí lo intenta Tarantino en Bastardos sin gloria, a pesar de su discutible resultado). Sin embargo, los dilemas éticos que plantea son tan universales, que resultaría difícil que no despierte el interés del espectador.